Los comentarios xenófobos y humillantes  de un empresario en un restaurante de Valencia hacia un joven negro que fue a cambiar monedas no forman parte de un episodio aislado. El hombre que profiere los ataques no es un empleado más, sino que es el dueño de ese local y de otros en la ciudad de Valencia. Y sus exabruptos no solo estaban destinados para chicos negros que acudían por cualquier razón a su establecimiento. También los sufrieron sus propios empleados, que mayoritariamente han sido y son inmigrantes.

Varios extrabajadores del Casa Zaragoza han denunciado en conversación con eldiario.es que lo de aquel día fue “una más” de una serie de comportamientos, ataques e insultos contra negros o latinoamericanos por parte del dueño, Juan Peiró. Por ese restaurante, situado en la Playa de la Malvarrosa de Valencia, han pasado muchos camareros o ayudantes de cocina que acabaron yéndose por las vejaciones de su jefe y las malas condiciones laborales. Un cóctel del que forman parte las jornadas maratonianas o el pago de un sueldo que es menor del que aparece reflejado en las nóminas.

“En las nóminas aparecían 1.200 euros, que era lo que debíamos cobrar por convenio, pero él nos pagaba 800. Eso a algunos nos provocó algún problema con Hacienda”, señala Javier (nombre ficticio). Manuel, que fue trabajador de Peiró y también pide no aparecer identificado con su nombre real, corrobora las palabras de Javier: “Te obliga a firmar la nómina, tú reconoces haber recibido esa cantidad, y si no, amenaza con despedirte”. “Cobran todos lo mismo, desde el camarero que acaba de entrar, hasta los cocineros, que, por cierto, los que había allí valían muchísimo y era una vergüenza lo que cobraban”, dice, y añade que “era un Pesadilla en la Cocina, pero en versión real”.

Él trabajó varios meses en el Casa Zaragoza, y asegura que ha visto varias veces cómo su jefe humillaba a todo el que no fuese blanco. “El chico del vídeo es uno de los que cuidan coches en la playa, y muchos de ellos venían a cambiar monedas por billetes. Siempre que les veía, se metía con ellos”, cuenta este excamarero.

Los comentarios despectivos también los sufrían los trabajadores del restaurante. Estos variaban según el aspecto del afectado, pero también podían aludir a su sexualidad. “Al chico que aparece al lado en el vídeo le llamaba “sudaca”, a la chica que aparece le decía “negrita”, y a otro compañero que era homosexual le feminizaba el nombre”, revela Javier.

Un despedido cuando estaba de baja

Otra de las exempleadas asegura que Juan Peiró es dueño de varios locales en Valencia, como ha podido corroborar este medio: el empresario es dueño o socio en al menos cuatro bares o restaurantes de la ciudad. Ella trabajó en otro bar del centro de la ciudad, y lo visto en el vídeo no le sorprende. Pero lo que define a su exjefe según esta joven es la explotación laboral a la que somete a sus empleados. “A veces cobrábamos 30 euros al día por jornadas de 10 horas. No librábamos los fines de semana, y quizá solo un día entre semana. Tampoco conocíamos lo que eran las vacaciones”, señala.

Los exempleados consultados también cuestionan la parte del vídeo en el que Peiró asegura que paga todos sus impuestos a la vez que acusa al joven que fue a cambiar monedas de no hacerlo. “Teníamos contratos de media jornada cuando a veces llegábamos a las 60 horas semanales. Además, muchos de mis compañeros tenían pendientes de cobrar varios meses”, dice uno de ellos.

Manuel apunta que él desempeñó tareas de encargado sin que lo estipulase su contrato y que “más de un domingo tuvimos que hacer amago de huelga para que nos pagara algo, porque podía tirarse dos meses sin hacerlo”. También asegura que hubo compañeros despedidos estando de baja, como un joven que se seccionó el tendón de un dedo y necesitó cirugía. “Ahí le comunicaron su despido. Él fue a juicio, y a pesar de que le presionaron e intentaron acusarle de robar de la caja siguió adelante. Finalmente, llegaron a un acuerdo y le pagaron lo que pedía”, cuenta este excamarero.

“Fumaba puros como si nada”

La actitud displicente del dueño del Casa Zaragoza motivó que los clientes se quejaran en más de una ocasión. Por ejemplo, dice Javier, “entraba fumando puros como si nada, y eso provocó que pusieran varias hojas de reclamaciones”. Esta puede ser una de las razones que expliquen las malas críticas hacia el establecimiento, que se pueden consultar en TripAdvisor.

Los proveedores también tuvieron sus problemas con Peiró. “Más de una vez no dejaban mercancía ni género por las deudas que tenía con ellos”, apunta Manuel, que denuncia que “las condiciones de salubridad del local eran muy deficientes”. “Se fumigó una vez el local en el tiempo que yo estuve allí, de madrugada, y al día siguiente se abrió como si nada, con el aire irrespirable”, añade. “Tampoco había lavavajillas, algo que por ley es obligatorio”, insiste este exempleado.

Las quejas se traducían en que muchas veces en el restaurante no se hacía la caja suficiente, según el dueño. Esto provocaba que los empleados a veces no cobrasen todo su sueldo de golpe. “Siempre se atrasaba con los pagos. Además, la organización es malísima, y eso provocaba las quejas de los clientes”, dice otra exempleada.

Tanto la Fiscalía como el Ayuntamiento de València  han anunciado una investigación por lo ocurrido el Casa Zaragoza. El alcalde, Joan Ribó, ha señalado que lo visto en las imágenes es “una actitud lamentable e impresentable, que en ningún caso representa ni a la ciudad de Valencia, ni a sus habitantes, ni al sector de la restauración valenciana”.

Desde el colectivo Somos Migrantes, su portavoz, Víctor Pool, señala que estas situaciones son “comunes” y que el problema no es “la falta de denuncia, sino “la falta de protección real y efectiva contra el racismo”. “Hacemos un llamamiento a aquellas instituciones cuya finalidad es proteger a los trabajadores a investigar minuciosamente estas cuestiones. Probablemente se lleven más de una sorpresa”, finaliza Pool.


Con información de Jesús Travieso en El Diario

6 Comentarios

  1. Tiene gracia que la Fiscalía y el Ayuntamiento se pongan manos a la obra por esta grabación, cuando parece que las tropelías de este sinvergüenza tabernero, que se autoproclama empresario por montar cuatro tascas, vienen de atrás y además toca todos los palos (sanitario, laboral, ley antitabaco, de prevención de riesgos, etc.). Aunque sigo pensando lo mismo, por asuntos laborales e incluso de consumo son cuatro gatos los que denuncian, por eso campan a sus anchas indeseables como este.

    • A nadie se le puede exigir que ame a quien no quiere. Es una agresión a sus derechos y sentimientos. La inmigración no la quiere nadie. Excepto los que viven de ella. Ha sido montada desde la sombra por los más siniestros poderes agazapados en la U. E. y los Gobiernos, arropada con leyes infumables. Con inconfesables objetivos, entre otros, económicos, sociales y estratégicos. Pretenden destruir las conciencias, sentimientos, ilustración y civilización de los pueblos: de los que traen y de los que los sufren. Así los mantienen en permanente estado de incertidumbre y temor y los hacen más manipulables Para este trafico infame se valen de: Las mafias mafia. De las ONG’s mafia que buitran en este tráfico infame. Y de tontos útiles buenistas incautos, necios, necios. Ah, y de una prensa mercenaria que fabrica el pienso que alimenta a la bestia.

      • No te escondas tras esta parafernalia verborreica de persona directa…y no te preocupa…porque sois legiones de lameculos de los poderosos.Estais bien cubiertos por los chupasangres del dinero y del poder

  2. Muy bien Andrés, yo amo a quien quiero, pero eso no me permite odiar o maltratar al resto, más aun cuando son el último eslabón de una cadena infame, esa de la que hablas y que de ser así, tampoco me permite machacar al de abajo. Qué gracia ese término “buenistas”, ¿lo contrario son malistas? No confundas necedad con no vapulear al perdedor.

    • Mira Jota con todo cariño: los gravisimos problemas de todo tipo que la inmigracion provocada por los canallas están causando, incluidas los miles de muertos, se hubieran evitado si desde inicio, se hubiera impuesto por los gobiernos “inmigración 0”. A los criminales que los han provocado incluidas las ONG’s-buitres, debieran ser llevados ante un tribunal internacional e imponerseles durisimas penas por crímenes de lesa humanidad. Todo ello no está reñido con que quienes quieran ayudar a estos pueblos, lo hagan. Pero en sus propios países. Es de sentido común. Se evitaría además, el peligro cierto de sangrientos conflictos étnico–religiosos de limpieza étnica que está bomba de relojería de la inmigración puede provocar. Es necesario poner ejemplos?. La práctica totalidad de las sangrientas guerras actuales son étnico-religiosas. Y que nadie piense que esto no puede suceder en Europa: ya ha sucedido. Menos se entiende la estupida e insostenible contumacia de la izquierda dándose tiros en el pie con su irracional “que vengan todos” mientras pierden votos a chorros en favor de la extrema derecha. Son legión los votantes de izquierda que, acollonados, están dispuestos a dar su voto a cualquier partido que en el punto uno de su programa lleve “inmigración 0”. En resumen: la inmigracion, el mayor despropósito del siglo XXI.

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