Javier Pérez de Albéniz | Cuarto Poder | 02/10/2018

La entrevista televisiva con José Manuel Villarejo, policía retirado y emprendedor en activo, se me antoja imprescindible. Y su emisión en prime time, por supuesto a la misma hora en todas las grandes cadenas (como con el Rey), una cuestión de servicio público, de salud democrática. El tal Villarejo y sus grabaciones piratas abren los telediarios, dictan las portadas de los diarios, rellenan de contenido las tertulias de barra de bar y marcan el ritmo de la política española. Podrían incluso llegar a cambiar gobiernos. Si no has escuchado la última de Villarejo, estás en otro planeta.

El personaje es una rata. De ahí lo imprescindible del prime time, el horario estrella de una televisión que ha convertido la política en algo superficial, carente de contenido, banal.. y rastrero. La televisión quiere que los ciudadanos reciban esta clase de información, la política, convenientemente filtrada. Es decir, que se informen sobre economía por voz de Miguel Ángel Revilla, que formen su opinión sobre los sucesos de actualidad nacional tras escuchar las opiniones de intelectuales independientes como Inda o Marhuenda, que piensen que el periodismo es un personaje creado a base de repetir la misma pregunta con cara de estreñimiento. Así las cosas, prescindamos de los roedores aficionados y apostemos por las ratas profesionales.

Villarejo está pidiendo prime time, insisto. ¿Que se trata de un delincuente, un chantajista y mil perrerías más? Pues por eso mismo. La televisión está bajando de manera alarmante el listón de la política: despoja la información de profundidad, de serenidad, de reflexión y de imparcialidad. A la televisión le interesan las audiencias, y la manera más fácil de conseguirlas es con el sectarismo, con el enfrentamiento, con el chascarrillo y la frivolidad. La televisión está haciendo de la política el nuevo corazón, tierra de rumores, de escándalos y de informadores superficiales.

Villarejo será la nueva Pantoja. Dentro de nada no nos acordaremos de sus cintas con declaraciones de ministros homófobos, el cuerpo nos pedirá droga más dura: la receta del pollo a la Villarejo, con quién se acuesta su mujer cuando está en la cárcel, si participará en la próxima edición de Gran Hermano VIP o si tiene alguna grabación comprometida de Bisbal. Para lo que está quedando la política de nuestros días.

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