Lo del “teatrillo” es lo que contestó Villegas, de Ciudadanos, a los periodistas en los pasillos del Congreso, cargando acto seguido contra Sánchez para no liar a su electorado. Minutos antes se me había pasado la misma idea por la cabeza, aunque cargando contra Casado, pues no hay que olvidar el lado del que siempre ha venido el verdadero peligro para la convivencia en España. Muertos incluidos. Y siendo la versión más creíble la de que la respuesta de Sánchez fuera personal y espontánea, pues no sería la primera vez que se atreve, conviene poner orden en la cascada de intuiciones que nos confunden las razones.

Primera. En organizaciones verticales y autoritarias como el PP, todo se contagia de arriba hacia abajo, también la verborrea irresponsable. Casado, cuando lo eligieron, ya era el de la “guerra del abuelo” y otros desprecios a más de la mitad de España, pero desde que consiguió el liderazgo no deja de provocar, y los suyos no solo le justifican ante los medios, sino que necesitan parecerse a él. Por poner un ejemplo, el “murciano” y también secretario general Teodoro ha declarado que la “Junta de Andalucía se gasta más dinero en prostíbulos que en educación” y aún sigue en su puesto. Para qué citar a García Tejerina, a Dolors Montserrat o a Hernando y otros bocazas de costumbre. Y así todos menos uno, Núñez Feijóo.

Segunda. Ningún político mentalmente equilibrado debe olvidar las circunstancias concretas del contexto en el que está hablando. Cuando los excesos de Aznar, durante la decadencia de Felipe González, ni el bipartidismo había hecho agua, ni las fronteras de España o su forma del Estado estaban tan en cuestión como ahora, ni más de mil ex militares habían firmado una proclama en memoria de Franco. Ni tampoco estaba ocurriendo nada de eso cuando Rajoy, Acebes y compañía insistían en idioteces sobre mochilas o boicots imposibles al Grupo PRISA, durante aquel odio que les poseyó tras la derrota que se ganaron a pulso con la gran mentira del 11M. En cambio, Casado está atizando cada día el fuego encendido de todos estos problemas, a cuyo origen y enconamiento no es precisamente ajeno el mismo PP. En España, acusar a alguien de “participar” en un golpe de estado organizado por el equipo contrario es señalarlo. Aunque se trate del presidente del gobierno.

Tercera. Decía que excepto Núñez Feijóo, quien se ha visto obligado a romper su silencio. Es el momento de recordar que ese gallego no quiso participar en unas primarias que tenía ganadas, pero que también se atrevió incluso a manifestar un desprecio insultante hacia sus compañeros candidatos cuando anunció que sí podría estar dispuesto a dirigir el partido en el futuro. Sería por eso de que los líderes en épocas de crisis son siempre transitorios, pero con aquella decisión vino a calificar de provisional todo lo que ocurriera en el PP hasta que él hablara de nuevo. Por si fuera que sí, hoy ha considerado necesario dejar claro que nadie en el PP piensa que Sánchez sea un golpista. Es listo y sabe que, si Casado y los suyos siguen por este camino, lo que van a conseguir es que muchos votantes emigren a VOX, que un día sí y otro también van a estar en los medios como los más valientes y radicales defensores de la unidad de la patria, pues hablarán sin descanso desde las pantallas preferidas por los votantes de derechas, ya que es el único partido político que lleva la acusación particular en el juicio más importante de la historia de España, el que en breve comenzará contra los independentistas catalanes.

Cuarta. También parece confirmarse, y más aún con el CIS de hoy mismo, la especulación que defendía que el triunfo de Casado en las primarias del PP era la opción más conveniente para Sánchez. A la vista de que la división de la derecha se muestra irreversible, no parece que las maneras de Casado le permitan convertirse en alguien capaz de promover coaliciones y otras fórmulas que lleven a los partidos de ese espectro a contrarrestar el castigo que la Ley Electoral aplica cuando el número de candidaturas se multiplica. Hasta es probable que Podemos y Ciudadanos congelen la petición para esa reforma. Seguro que al PSOE no le interesa.

Quinta. También ha preguntado el CIS a los encuestados sobre el ambiente de crispación actual y a qué políticos consideran los más responsables. Resulta que Casado aparece como líder en ese ranking. Siendo los excesos crispantes un ejemplo consensuado de mal comportamiento, muchas personas están pensando que, en el conflicto con Sánchez, el presidente del Gobierno ha jugado el papel del profesor que expulsa de la clase al alumno malencarado para aplicarle un castigo merecido. Más cuando el mismo CIS concede a Sánchez la mejor valoración, apareciendo el del PP por detrás del de Ciudadanos, e incluso de Iglesias. No en vano, hace unos días el editorial de “El País” tituló “Mal alumno” para hablar de Casado. Aunque por otro motivo. Es decir, otro más.

Sexta. Parece evidente que el correctivo aplicado por Sánchez puede terminar castigando a Casado a un progresivo y sutil aislamiento, pues el presidente le ha cortado la línea del teléfono privado, al no retirar él personalmente, ni siquiera matizar, sus acusaciones. Hay gente importante que dejará de tener interés en hablar con alguien que ya no sirve ni para ejercer presión, ni para pedir favores, ni para intercambiar compromisos con el presidente del gobierno. No estaría de más que Sánchez recuerde que, tras retirar su acusación de “no decente” a Rajoy, perdió el 26J de 2016 cinco de los diputados conseguidos seis meses antes, y sin que los ganara Podemos. Por lo tanto, esta vez no debería perdonar en ningún caso.

Séptima. Esa estigmatización que podría sufrir Casado como consecuencia de su último y más sonado exceso también se terminará contagiando a las relaciones que el resto de actores políticos y sociales establecerán con él mismo y con el resto de líderes y portavoces del PP. Uno de los mejores termómetros de las mañanas es el tono que Pepa Bueno, en La SER, emplea con sus entrevistados. Hoy le ha tocado a Maroto, del PP, y ella ha estado casi tan agresiva como lo estuvo con Oriol Junqueras hace poco más de un año, cuando el catalán aún no había sido encarcelado. ¿Esto significa que la estrategia de Casado está incluso facilitando que muchos periodistas pierdan esa mezcla de respeto/miedo que siempre ha matizado el tono de sus preguntas a cualquiera de los políticos del partido que aún no ha condenado el franquismo? Es probable. Lo pagarán en las elecciones, pues el electorado de derechas no puede soportar candidatos que solo parezcan autoritarios. Las encuestas se lo seguirán advirtiendo, pero creo que ya es tarde para que puedan cambiar. El precio a pagar se llama Pablo Casado, alguien que quizás un día termine añorando que el Supremo le dejara seguir en una cima tan podrida.

Un debate para concluir. Eldiario.es titula hoy que “El PP diseña una legislatura de crispación hasta que Sánchez convoque elecciones” con lo que, en lugar de una noticia contrastada, elige una opinión especulativa para colocar en la portada, pues no hay pruebas de que alterar los nervios a millones de personas no sea, en realidad, parte de una estrategia que no pasa solo por unas urnas que no se anuncian favorables para los de Casado. La otra opinión, tan especulativa como la que ha preferido Escolar para su primera pantalla, es que Pablo Casado quiere que se cuente con él como uno de los líderes de una trama golpista en construcción, por si terminara saliendo adelante tal proyecto. Todos los contextos permiten pensar que la amenaza de violencia, desde la derecha, como argumento para llegar al poder por cualquier medio puede ser la estrategia elegida. Después, las urnas lo confirmarían, parecido a lo que ocurría con los referéndums franquistas.

Si el gobierno de Sánchez quiere defender la democracia, bien haría en vigilar todo lo que hace el todavía líder del PP durante las 24 horas de cada día del calendario. Algunos perros ladradores también terminan mordiendo.

2 Comentarios

    • Yo seria mas partidario de la denominación de “golpe de Estado”, lo de guerra civil es más genérico y da pie a que muchos le den múltiples acepciones. Saludos

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