Tita Barahona | Canarias Semanal | 11/11/2018

Siento contradecir a Lidia Falcón, pero en las elecciones de medio mandato que se acaban de celebrar en los EEUU (mid-term elections) no “vence el feminismo”, ni nada que estremezca al sistema de dominación de clase, sexo y raza de que esa nación es líder mundial (1). El resultado no ha deparado sorpresas. El Partido Demócrata rescata la mayoría en la Cámara de Representantes, ganando 28 escaños, y el Partido Republicano gana tres más en el Senado. No se ha roto la tendencia a que sea el partido gobernante quien pierda diputados en este tipo de elecciones. En 2006, con Bush, los republicanos se dejaron 39 escaños, y en 2010 el partido de Obama perdía  63 en ambas cámaras. La victoria demócrata en estas midterm no ha sido la gran “ola azul”que algunos pronosticaban; se ha quedado en olita.

Tampoco ha sorprendido el aumento de votantes en unas elecciones que se distinguen por la escasa afluencia. Que haya votado el 45 por ciento del electorado se interpreta como una victoria, teniendo en cuenta que en las mid-term anteriores la participación estuvo nueve puntos por debajo. Y menos ha pillado de sorpresa que haya habido más mujeres y mayor variedad étnica en las candidaturas. Ambos fenómenos ya los venían aireando los medios corporativos desde hacía meses. Pero ha sido sobre todo el protagonismo femenino en dicho aumento lo que ha servido de principal atracción en el circo electoral, político y mediático, que normalmente se monta para distraer la atención de los verdaderos problemas que aquejan a las mujeres y hombres de la colorista clase obrera norteamericana, y a las poblaciones que sucumben a diario bajo el fuego de sus bombas en diversas partes del mundo (2).

Apelar a las “identidades” de sexo, raza, cultura y orientación sexual ha sido, de nuevo, la estrategia del Partido Demócrata para atraer el voto de mujeres, “gente de color”, y grupos LGTB (3). Desde que Hillary Clinton perdió las elecciones, el aparato de su partido ha promovido la organización de dos Women’s March contra Trump, una Women’s Strike y la campaña MeToo, con el concurso de su cohorte de celebrities del celuloide y del pasado rebelde, como la feminista y colaboradora de la CIA, Gloria Steinem, y la ex-comunista Angela Davis, que pidieron el voto para la Halcona Clinton. En la última Marcha de Mujeres, en enero pasado, el lema era ya Power to the Polls, lo que dejaba bastante claro el objetivo de incorporar más candidaturas de mujeres, para “empoderarlas” y de este modo desalojar al monstruo “agarra-pussies” que habita en la Casa Blanca (4). Este era el consistente argumento.

“No parece muy coherente que la señora Falcón se felicite por la contribución que han hecho las mujeres a la victoria del Partido Demócrata, olvidando la historia de este aparato de la clase dominante norteamericana”

Fundaciones como la Open Society y plataformas asociadas como Move on, han estado muy ocupadas durante estos dos años en impulsar candidaturas que se presentan sin financiación de grandes corporaciones -sostenidas con micro-donaciones populares- y como savia regeneradora de un Partido Demócrata dominado por la corporate class. Del fenómeno Bernie Sanders, que inició esta aspirada renovación, surgieron al menos cuatro retoños: Justice DemocratsOur RevolutionBrand New Congress Democratic Socialists of America (5), que han apoyado o formado parte de unas 107 candidaturas demócratas al Congreso. Los programas de esta social-democracia descafeinada social-liberalismo mezclan algunas de las demandas más populares, como el aumento del salario mínimo, la sanidad universal, el acceso a la vivienda o la reforma del sistema judicial, con preocupaciones medioambientales y defensa de los derechos humanos de inmigrantes, mujeres y trabajadores pobres. De política exterior, ni una palabra.

Una de las candidatas de esta hornada progresista promovida por Move on es Ilhan Oman, de Minnesota, primera mujer musulmana en llegar al Congreso, lo cual es para congratularse. Está por ver en qué medida “ayuda a unificar y dar impulso a las familias trabajadoras blancas, negras y marrones”,como reza su presentación (6). Lo mismo se puede decir de Rashida Tlaib, otra musulmana; de las nativo-americanas Sharice Davids, lesbiana, y Deb Haaland; o de Aynna Pressley, la primera congresista negra por Massachusetts. Pero la más mediática ha sido, durante el período pre-electoral,la latina Alexandria Ocasio-Cortez, por ganar las primarias demócratas en el distrito 14 de Nueva York, lo cual abrió la espita a una serie de titulares alusivos a “ola progresista femenina” que barrería en estas elecciones y cómo el Partido Demócrata se estaba volviendo “socialista”. Ahora, con 29 años, a Ocasio-Cortez se le añade la medalla de ser el congresista más joven de la historia.

La narrativa oficial, antes, durante y después de las midterm, la difundida por los medios corporativos en todo el orbe, ha sido que, en estas elecciones, se ha producido un “tsunami feminista”, una “marea de mujeres” que ha supuesto una “revolución” y un triunfo de la “diversidad”. Días antes de la votación, laBBC hablaba de plebiscito contra Trump y resaltaba el número récord mujeres, gente “de color” LGTBs en las candidaturas que se habían formado a raíz de las Women’s March. La cadena MSNBC, órgano demócrata, titulaba“First mid-terms in the #METOO ERA”. El día después de las elecciones, El País se hacía lenguas de la “ola feminista” y su “presencia histórica en el Congreso”Público y Eldiario, elevaban estas mid-term a la categoría de “terremoto político”, por supuesto, con epicentro en las Women’s March y el MeToo, movilizaciones todas ellas a las que ya por costumbre se añade el adjetivo de históricas (7).

Esta propaganda mezcla de manera sistemática mujeres y feminismo, implicando con ello que todas las mujeres son feministas -o todas las feministas mujeres-, lo cual no refleja la realidad. El carácter feminista o socialista o fascista, no le viene a un político o política de su sexo o color de piel, sino el tipo de políticas que aplique, que, en este caso serán feministas en la medida que beneficien especialmente al sector más vulnerable de la población femenina y sus familias. La política no es cosa de glándulas, sino de relaciones sociales. Sostener lo contrario es caer en una simplificación malintencionada, y peligrosamente esencialista, que pretende confundir además de ocultar el carácter clasista de la sociedad en que vivimos, así como cooptar el feminismo y todos los movimientos sociales que sea posible para despojarlos de cualquier significación revolucionaria. Los medios corporativos airean la narrativa del“tsunami feminista”, de la “diversidad” y el “empoderamiento”, porque no pone en cuestión la hegemonía capitalista y, además, les permite marcar la agenda a dichos movimientos para que su disidencia no se salga de la linde. Por lo que se ve, lo llevan a cabo con éxito.

“La narrativa oficial mezcla de manera sistemática mujeres y feminismo, pero el carácter feminista no le viene a un político de su sexo sino el tipo de políticas que aplique”

Aquí, a la música del flautista de Hamelín, se sienten fatalmente atraídas las dirigentes de la llamada Comisión 8-M, que en España organizó la Huelga de Mujeres el año pasado. Sus vínculos tanto en la política como en los medios corporativos, lograron hacer de aquel evento otro “triunfo histórico”, de repercusión internacional. Ya hasta las revistas asociadas a estos diarios digitales organizan Jornadas Feministas patrocinadas por entidades bancarias (8), que sirven de torre repetidora de la narrativa importada de los think tanks del Imperio. Este seguidismo acrítico quizás sea producto de la ignorancia o el autoengaño, voluntario o no, en que también incurre Lidia Falcón. La veterana feminista considera que las estadounidenses son más listas que las españolas, porque, dos años después de la Women’s March, “260 mujeres se presentaron a candidatas a las dos Cámaras y gobernadoras de Estado (…) han conseguido el mayor éxito para las mujeres de toda la historia electoral de los Estados Unidos(9). Si el éxito consiste en llegar, las felicitamos; si consiste en que alcance a todas las mujeres, entonces lo honesto sería ponerlo en cuarentena.

Me pregunto si seremos tan ingenuas como para creer que, de esas 260 mujeres, todo es trigo limpio o al menos digerible. Porque hay, además, otra novedad y otro récord batido en estos comicios, que los medios han silenciado: el número creciente de candidatos y candidatas demócratas vinculados a los aparatos de inteligencia y militar, como es el caso de Elissa Slotkin, que ahora es congresista por el distrito de Michigan. Esta señora, ex-agente de la CIAcolaboró con Bush en la guerra de Irak y ha tenido posiciones de responsabilidad en la guerra con drones y la ciberguerra. Por otro lado, no parece muy coherente que la señora Falcón y quienes tanto celebran la histórica victoria de las demócratas, se feliciten por la contribución que han hecho las mujeres a ella, a menos que se olvide la historia de este aparato de la clase dominante norteamericana que es el Partido Demócrata, lo que representa, los intereses que defiende y el sufrimiento que ha infligido a millones de personas dentro y fuera de los EEUU, junto al otro ala del aparato, el Partido Republicano.

“La política no es cosa de glándulas, sino de relaciones sociales. Sostener lo contrario es caer en una simplificación malintencionada que pretende cooptar el feminismo para despojarlos de cualquier  significación revolucionaria”

En momentos como los actuales, con unas relaciones laborales que están volviendo a estándares pre-modernos, con unos derechos conquistados que nos están arrebatando, y afectan de modo especial a las mujeres trabajadoras, no cabe más arma que la unidad de clase y la organización para impedir este despojo y ganar la batalla al capital y sus instrumentos de control ideológico.Hace algo más de un siglo que el 8 de Marzo surgió del movimiento obrero femenino, como celebración de la lucha de las mujeres por el socialismo. Esta fiesta se convertirá en una mera “performance”, si consentimos que se la vacíe de su carácter de clase. Por eso, ninguna huelga que las mujeres, feministas o no, decidamos organizar, puede ser honesta y coherentemente otra que una Huelga General, llevada a cabo junto a hombres y mujeres de cualquier nacionalidad. Nuestra lucha no necesita certificado de multiculturalidad o inclusividad, porque es ante todo internacionalista. Ello no excluye ni es incompatible con que sigamos firmes en atajar el machismo que aún impera en las relaciones sociales, en ocasiones con consecuencias muy graves, identificando sus verdaderas causas y las formas en que el capitalismo las reproduce, para actuar de manera organizada sobre ellas. La solidaridad de clase es el terreno mejor abonado para avanzar en la superación de todas las opresiones.

Noviembre de 2018

Notas y referencias bibliográficas:

(3) Traduzco la coloquial expresión “people of color” que en EEUU se aplica a toda persona que no es “white”  (blanca), término cuyo significado va a su vez más allá de la simple tonalidad de la piel. Las políticas de identidad, dicho sea de paso y como anticipo de futuros análisis, benefician también al ala más conservadora del partido republicano y sirven para romper la unidad de clase.

 (5) Véase, por ejemplo, el perfil de los componentes del Brand New Congress:https://brandnewcongress.org/candidates/

2 Comentarios

  1. Horrible art, como muchos del panfleto “canarias semanal” que se dedican a dinamitar cualquier intento de mejora de nuestra sociedad alegando extremismos que no son viables o acaban posicionándose com boicoteadores de los que poco a poco intentan trasformar para mejor nuestra sociedad……¿por cierto que hacen muchos de vuestros colaboradores escribiendo en medios de extrema derecha?

  2. Dudas sobre el artículo o sobre la forma de pensar de la autora con una anécdota previa:

    – La propuesta de que el 8M debía de ser una huelga general la hice en varios foros. Me pusieron hasta arriba de machista, qué quien era yo para opinar sobre algo q organizaban las mujeres, etc…para qué decir más. Ya sabemos como se las gastan. ¿La autora de este artículo comparte dichas actitudes cuando un hombre opina de feminismo?

    – Cuando dice políticas feministas. ¿Esta autora comparte las políticas kafkianas contra el hombre por ser hombre q actualmente están poniendo en marcha partidos como el PSOE con el apoyo de Podemos y viceversa? Tanto es así q hay una desbandada de votos y de descontento que hará q la derecha gane por goleada en las siguientes elecciones.

    – ¿Es feminista decir suicidio ampliado cuando la q se tira por un balcón es una mujer y decir “hombre mata” cuando es él el q se tira? Y q la política, q es lo más grave vaya en esa línea? ¿Es esto lo q critica la autora cuando dice q el feminismo está contaminado desde arriba?

    – ¿Es feminista manifestarse o no según cual sea el color de la piel de los violadores? Precisamente esta ocultación continua de estas noticias en los grandes medios es lo q está produciendo una ola de aparente xenofobia, x discrminar unos casos de otros. Cuando viola un blanco, se le llama hombre (un peligro constante), cuando viola una persona extranjera no se dice nada.

    – ¿Es feminista que cuando un hombre se lleva a sus hijos se le llama x lo q es, secuestro parental, pero cuando lo hace una mujer, el GOBIERNO le pone hasta una comisión para apoyarla y se convocan cientos de manifestaciones en su apoyo? ¿El derecho del hombre a tener a sus hijos es tenido en cuenta por el feminismo q defiende la autora o va en la misma línea q defiende el despropósito de Juana Rivas?

    – Y por último la falsa igualdad de Yolanda Domínguez y su forma de tergiversar la historia de Rosa Parks. Es decir, para ella igulaldad es mandar al fondo al hombre y dejar sentada y en los mejores sitios a la mujer…clap, clap, clap.

    Estaría muy agradecido en general el q la autora aclarara cuales son las políticas feministas que defiende. Porque en su mayoría apoyo el texto. Aunque fui tachado por varias “feministas” de machista por opinar lo mismo q ella.

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