No es habitual escuchar a Joan Tardà utilizando expresiones de este estilo, aunque en cualquier caso es más que comprensible que el político de ERC se haya dirigido en esos términos al chico de la patronal, que desde hace un año no ha dejado de calificar de golpistas, entre otras lindezas, a personas a las que –guste o no– solo se puede acusar de haber puesto urnas para que cualquiera que lo quisiera pudiera expresarse.

De todas formas me parece una pérdida de tiempo y energía dedicar un solo minuto o una sola palabra a un chaval que tiene tan claro su rol. Y es que así como Tardà sí parece sentir y vivir lo que dice, a Rivera le resbala absolutamente lo que puedan decir de él.

Además, creo que Tardà se equivoca, porque Rivera no es un fascista, ni es de derechas, ni tiene ningún tipo de ideología. Rivera es un vividor sin escrúpulos al que lo mismo le da tres que ochenta pero que se adapta a sus circunstancias y conveniencias. Es un auténtico marxista de Groucho con principios de quita y pon. Pero sí le podría calificar de lo que es: de hedonista, egoísta, narcisista y sinvergüenza, y quizá así lograra rozar su conciencia, si es que tal cosa existe.

3 Comentarios

  1. Pues tuvo que liarse la monumental esta mañana en el Parlamento, cuando, a mi trabajo nos llegó la noticia, eso sí, sesgada, de que había “trifulca entre los diputados de ERC con el Sr. Borrell, PP y CIUDADANOS”, sic (extendiéndose como la pólvora la noticia de planta en planta, aunque discretamente).

    ¡Qué vergüenza de parlamentarios carentes de educación, a tono con este Estado podrido que reiteradamente se encargan de recordarnos con sus hechos!.

    Cierto que hay unos provocadores en el hemiciclo (PP-CIUDADANOS) al tildar continuamente a los separatistas de “golpistas”, cuando no lo son, como en alguno de mis comentarios anteriores he manifestado. Por tanto es razonable (coincidiendo muchos compañeros con mi opinión), que el Sr. Tardá, que tiene una educación exquisita, se haya hartado advirtiendo que les llamará “fascistas” en suma correspondencia.

    Estos adjetivos despectivos no deben proyectarse a la opinión pública, porque, no sólo dan imagen de barriobajeros, sino que, por derivación, sus seguidores los utilizan también fomentando el odio ciudadano, como sucedió recientemente con el francotirador dispuesto a matar al Presidente (y la masacre que pudiera haber organizado disparando a unos y otros, al no ser experto, según su entorno). Pero ciñéndome al tema que nos ocupa e informándome hace rato del escupitajo que, supuestamente, recibió el Sr. Borrell procedente de un diputado de ERC, yo afirmo que el mismo no existió, pero la opinión del Sr. Borrell, indignado por la trifulca con el Sr. Rufián le hizo percibir el gesto despectivo del diputado de ERC como un escupitajo. Es más, el Sr. Tardá lo ha desmentido y este hombre es muy consecuente con lo que dice. De todos modos, se puede comprobar al efectuar la limpieza al suelo.

    Por tanto, mucho más preocupante que el inexistente escupitajo, es el cariz tabernero de insultos entre parlamentarios. Les pagamos para que utilicen y discrepen con la palabra y no para comportarse como en un puticlub barriobajero ante millones (no exagero) de ciudadanos ¡EDUCADOS!.

    En mi opinión, el mayor castigo hacia los encarcelados y exiliados ‘injustamente acusados’ por parte del Estado, sería privarles de pasar las Navidades con sus familiares.

    Y, para finalizar, viendo ahora el vídeo, yo aconsejaría al Sr. Tardá que vigile mucho su corazón, para el que es contraproducente entregarse…vivir tanto la política como él la siente. Por favor, cuídese.

  2. Acabo de sintonizar ‘MVT’ y viendo el vídeo del diputado de ERC, acabo de ‘captar’ su polémico gesto. Lo que hace, antes de llegar al Sr. Borrell, es un intento de brevísima pedorreta ¡segurísimo! sin expulsar nada. No hay que darle, pues, la mínima importancia. Lo que sucede es que el Sr. Borrell se encontraba ‘quemado’ al tildarle el Sr. Rufián de ‘indigno’ y le dio una importancia que no procedía. Vamos, valga el símil, ‘una longaniza le pareció un salchichón’. Ya digo, ni caso.

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