Sí, sí, está muy bien pedir disculpas. Pero no es lo mismo pedir disculpas directas a una persona a la que se ha ofendido, que pe­dir disculpas por una blasfemia histórica y pública de un “experto” en relaciones internacionales que menosprecia un geno­cidio en toda regla en Norteamérica, certificado, por si fuera poca la notoriedad, por profesores estadounidenses del Con­tinente donde se produjo el virtual genocidio del que sólo quedan unas cuantas “reservas” indias.

¿Qué podemos pensar de un científico que en una conversación con colegas de oficio y periodistas, desprecie la ley de la grave­dad? ¿Y qué de un ministro de asuntos exteriores que frivoliza la conquista del espacio Norte del continente americano diciendo que se hizo cómodamente matando a cuatro indios? Si el cientí­fico pidiese luego disculpas por haber sido un lapsus lingue, a me­nos que fuesen acompañadas las disculpas de la aclaración de que sufrió un trastorno mental transitorio, diríamos que era un ne­cio rematado. Y si en la ciencia no caben científicos necios, en la política son indeseables los políticos necios; máxime te­niendo en cuenta que ese político es español y “mucho español” es ministro, ese ministro lo es de asuntos exteriores y la política española está plagada de políticos despreciables por ladrones.

¿Cómo va el mundo a respetar la palabra de un científico frívolo? ¿Cómo va a hacer caso una sociedad a un político de asuntos internacionales insensato que dice públicamente una bar­baridad histórica más grave que negar el Holocausto judío de la segunda guerra mundial? ¿Basta en ambos casos, uno imagina­rio y el otro real, pedir disculpas para no considerarle un absoluto incompetente como ministro y como político, sólo por­que los únicos directamente afectados por esa ligereza punible son los escasos miembros que quedan en la comunidad india de Norteamérica, y sin tener en cuenta que el agravio es contra la verdad y, en consecuencia, contra la ciudadanía española y con­tra todos los ciudadanos del mundo?

5 Comentarios

  1. Personaje prepotente, y amante de fomentar provocaciones.
    Es la imagen que no debería dar nunca un ministro, te hace sentir vergüenza ajena.
    Y es el ministró de exteriores, representa bien la imagen que tenemos, de país de pandereta, castañuelas y toros

  2. CUATRO INDIOS Y UN IMBÉCIL
    Antes que alguien me salte al cuello es necesario precisar que, como especifica la Real Academia Española, la palabra ‘imbécil’ no es un insulto, si no un adjetivo que describe al individuo como ‘tonto o falto de inteligencia’. No voy pues a insultar a nadie, si no a describir una actuación propia de un imbécil, concretamente la desafortunada afirmación del todavía ministro (nada menos de asuntos exteriores) Borrell sobre el genocidio de 12 millones de indios nativos a manos de los colonizadores de los futuros Estados Unidos de América del Norte que, según él, se limitaron a ‘matar a cuatro indios’. De momento, esta cagada ya le ha valido al señor Borrell una respuesta del Movimiento Indígena Estadounidense (AIM, por sus siglas en inglés) que, en su cuenta de Twitter, ha escrito: “El racista ministro de exteriores de España, Josep Borrell, dice esto sobre nuestra historia antes de la independencia: ‘lo único que hicieron fue matar a cuatro indios’. Es una forma supremacista, negacionista y patética de describir el genocidio”. Que todo un ministro de asuntos exteriores se dedique así a ‘hacer amigos’ sólo merece un calificativo: IMBÉCIL. Aunque a lo mejor no lo es tanto como parece, si no que tal vez ha intentado lanzar una cortina de humo con la que ocultar el escándalo de su venta de acciones de Abengoa gracias a su información privilegiada sobre la quiebra de esa empresa.

  3. Y del robo de vender acciones gracias a su cargo conseguido con las puertas giratorias ya ni se habla, se da como algo normal, legal, intrínseco a la clase política. Ya no sentimos ni que nos mean a la cabeza, parece que ya estan en la fase de, perdón, cagarnos a la cabeza, y sus forofos nos dicen que “ahora la nieve es marrón.

  4. Efectivamente no ha de considerarse un insulto calificar de “Imbécil” a nadie por cuanto la definición que de ello recoge el diccionario de RAE solo pretende asignar una aptitud. Lo mismo que el término “idiota” por cuanto describe la fata de capacidad de un ser, la carencia de facultades.
    Lamentablemente ese idiota pretende representarnos por lo que, nuevamente, hemos de reclamar unas consultas electorales con listas abiertas donde los candidatos sean seres con nombres y apellidos, biografía y currículum, no ineptos, corruptos, imbéciles o idiotas escondidos en listas de partidos y/o asociaciones con mayor o menor prestigio.
    Nuestra clase política ha sido catalogada, con acierto, de casta, por cuanto en medio de las listas se han “escondido” elementos indeseables para gozar de privilegios generalizados que no la honran, sino todo lo contrario. Nos obligan a recordar personas de tiempos pasados.
    Apertas Republicanas

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