No, una buena parte de la sociedad no es tan gilipollas como se nos quiere hacer creer. Y ha quedado claro gracias a estas autonómicas, por más que la “gran noticia” sea que unos cavernícolas –promovidos y patrocinados por los mismos medios que ahora se hacen los escandalizados– hayan conseguido un puñado de votos poco o nada representativos del pueblo andaluz. Quizá sea el mejor momento para refrescar esa cita de Lincoln que afirma que: «Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo».

Lo de Vox, por más que al régimen le interese maximizarlo, no pasa de ser una anécdota, y una anécdota un tanto ridícula además, porque con toda la pasta y los recursos comunicativos que han dedicado al engendro blanqueador, y el resultado ha sido de lo más pobre. Y no, ya ha quedado claro que no va a servir para que el resto de partidos neoliberales (PSOE incluído) aparenten por comparación ser moderados y respetables.

Ya no cuela el discurso vacío, el paripé y la creación de modas. Tampoco cuelan las promesas y los tejemanejes para justificar la constante inacción política. De tanto forzarla se han cargado a la pobre gallina de los huevos –y las revoluciones– de colores. Bienvenida sea su muerte.

A la presunta izquierda, la opción que ha perdido apoyos en estos comicios (32% Podemos y 28,5% PSOE), a partir de ahora, digan lo que digan sus mecenas, le va a tocar serlo un poco si no quiere desaparecer. Y para serlo un poco, aun a regañadientes, va a tener que tirar de hechos, y no de saldo, para empezar a ser convincentes y que nos dejemos engañar otra vez, pero a cambio de algo.

Porque lo del happy-happy y lo de los derechos civiles de vanguardia para minorías está muy bien y es muy loable pero no es equiparable y mucho menos sustitutivo de la lucha contra la desigualdad; de unos salarios dignos; de los derechos laborales; de la progresividad fiscal; de la separación de poderes; del compromiso con una sanidad y una educación pública de calidad y de tomar decisiones o tener propósitos valientes y enfrentarse con cualquiera que se oponga a ellos, empezando por la monarquía, la UE, el Vaticano o ‘el gran hermano americano’ si es el caso. O por la oligarquía ilegítima propietaria de los sectores estratégicos de la economía. Esos que debieran por lógica estar en manos del pueblo.

Pero no pidamos peras al olmo, porque es más que probable que acaben pegándose un tiro en el pie para desgracia de sus cargos intermedios: esos que se van a ver de patitas en la calle y sin saber hacer la ‘o’ con un canuto. Y pese a todo, no es el peor momento que hemos vivido, porque al menos hay un porcentaje importante de personas que nos han invitado a mantener la esperanza. Porque lo que ha sucedido puede que tenga que ver simplemente con que la mitad de la sociedad ya no cree en promesas y palabrería, que ya estaría bien, pero hay que leerlo también en esta clave: “Tú pones el tablero y las normas del juego, y además sé que la partida está amañada y que me vas a ganar haga lo que haga, pero como la decisión de jugar es mía no te voy a dar el gusto de que encima presumas de que me has engañado”.

Demos tiempo al tiempo, porque quizá sí sea momento de ‘cuanto peor mejor’ sabiendo que hay ahí una enorme reserva social (de izquierdas, porque opciones de derechas sí había para todos los gustos) que es mucho mejor de lo que se nos dice.

7 Comentarios

  1. No sé si su opinión es realista; desde luego contemplar y padecer la estúpida persistencia de la izquierda en su infantilismo transversal e inútil no augura en mi opinión un futuro esperanzador y aún menos un futuro próximo y mejor.
    Desdeñar la epidemia de extrema derecha que ocupa y se extiende por Europa y ahora llega a nosotros con su receta de miedo y odio no me parece el mejor camino para abordar su presencia ni para abortar su odio.
    España sigue inmersa en su decadencia política, moral, cultural, ideológica y económica donde hay mucho pero mucho para unos pocos y poco pero muy poco para unos muchos.

    • Creo que sí es realista en cuanto a que ha habido mucha gente harta del postureo de la izquierda de escaparate que ha preferido quedarse en casa. Esto no debería confundirse con algún tipo de optimismo excepto en lo que respecta a que hay vida inteligente (que no necesariamente activa). Y en lo que no estoy de acuerdo es en que aquí nos hayamos contagiado de ninguna epidemia de extrema derecha. Si acaso ese voto se ha repartido más, pero es el mismo o menos que el que ya había. Por lo demás, totalmente de acuerdo con su conclusión.

  2. La derecha y extrema-derecha siempre ha estado ahí. España es un país pobre culturalmente y ello trae que los trabajadores voten a los patronos que les explotan, debido al miedo y que no todo vale en el discurso de la izquierda de “pan para todos”. Esto, que no es políticamente correcto decirlo, lo penaliza el electorado de todas las tendencias.

  3. No soy yo tan optimista; está claro que hacía falta quitar al PSOE de Susana después de 36 años en la Junta y que la derecha está partida en tres, pero el ascenso de Vox creo que nos ha cogido a todos con el pie cambiado aunque no lleguen a gobernar nunca.

  4. Mi enhorabuena por su articulo, de lo mejor que he leído hoy……..gracias por su clarividencia, soy de esa izquierda que quiere actos y no mas promesas.

  5. Coño con la buena noticia xq si llega a ser mala no sé lo q habría pasado. Nos han jodido con la entrada d los franquistas, seguro que pactarán con los ppros.

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