La caspa es aquella afección que supone el desprendimiento de pequeñas partículas de piel muerta. El Nacional-Casposismo, ese movimiento que recuerda y es fiel seguidor del Nacional-Catolicismo del pasado, redunda, entonces, en mostrar la piel muerta de una sociedad que no quiere sanar. O que le resulta más cómodo dejarse llevar por la caída irremediable de su cabeza, ante tanta desesperación acumulada.

Es el rostro el que desaparece. El rostro de los otros. De los y las demás. El rostro de quien no piensa igual, apareciendo ante todos ellos el de quien establece y señala erróneamente los culpables y las causas de nuestros males.

Pareciera que ha nacido una bestia cuando la realidad nos está comentando otra cosa. La bestia ésta, verdosa, ya existía. Estaba, se encontraba en las entrañas del PP, y como el PP es tan, tan, tan moderado, al Franquismo del Siglo XXI le ha terminado haciendo tilín la idea de separarse de la tradición franquista.

Pero como a mí la desgracia del PP tampoco es que me interese mucho, y sí la debacle de la capacidad de movilización de ideas transformadoras –y aquí, evidentemente, tengo que desplazar al PSOE-, me gustaría hacer varios apuntes que rebajen el impacto sobredimensionado. Entre otros por los medios y políticamente por el Susanismo que es, en todo caso, el mayor responsable de que VOX entre en las instituciones y las posiciones cuñadistas suban como la espuma.

Los resultados de las derechas son similares a los obtenidos por estos años atrás. Lo desagradable es ver representado un partido como Vox, que no deja de ser un exabrupto del PP. Es decir, siempre han tenido representación a través el partido de la gaviota. Por otra parte, su espacio de voto es fundamentalmente el que venía alimentando al partido de Pablo Casado y coincide con municipios de rentas medias-altas, con un paro menor y un nivel de inmigración bastante alto. Por lo que, no parece corresponderse, de momento, con el espacio sociopolítico que conquista Le Pen en Francia o Trump en EEUU, donde clases populares, obreras, paupérrimas, terminan votando con la bilis saliendo por la boca. Ante tanta desesperación las opciones de este tipo recrudecen la realidad obteniendo el aplauso fácil: Básicamente porque no se necesita pensar mucho.

Ahora bien, quería poner el acento en lo “absurdo” que puede resultar la llamada a un frente antifascista o convocar concentraciones o manifestaciones de repulsa, así, a secas. Incluso concentraciones semanales como plantea el antifascismo andaluz. No estoy diciendo con ello que se renuncie al antifascismo, ni mucho menos; tampoco que la concentración o manifestación sean en sí mismas acciones negativas. Sin embargo, cuando planteamos acciones debemos tener bien claro para qué, cuál es el papel que juega la acción, qué acción viene después, cuáles son los objetivos a cumplir, etc. Si no, no deja de ser un gasto de energía en balde.

Por otra parte, y creo que es reflexión de común acuerdo, el PSOE ha sido la fuerza que ha tenido en su mano, tanto en los 80 como posteriormente, transformar radicalmente el Estado Español. Su actividad política se ha basado en “todo lo contrario del todo”. Y quiero explicar este bucle. El PSOE con sus políticas ha conseguido posicionarse como el partido que mayores avances ha traído al Reino de España, y junto con ello ha camuflado las políticas estructurales que han supuesto la antesala de políticas austericidas, de recortes, etc. del Partido Popular. Y esto puede escocer a más de un socialista, pero es tristemente verdad. Y sin ir más lejos, por no ahondar en la posibilidad histórica que tuvo el PSOE de Felipe González con sus más de 200 diputados y diputadas, me remitiré a la reforma de las pensiones de Zapatero, la reforma laboral de Zapatero, el cambio del Artículo 135 de la Constitución… Pero también todos los vaivenes del Sanchismo. Todas las promesas que no se cumplen, todas las contradicciones, todas las energías socialistas en apuntalar y mantener el actual marco de las cosas.

Así, la muerte política de Susana Díaz, expulsada por la inacción de sus bases, derrocada por su propia izquierda, me hace recordar aquellos regímenes socialistas acabados por huelgas obreras. Justicia poética. Evidencia y realidad tremendamente crudas, viscerales, ante un socialismo esperpéntico.

Tampoco se puede usar ad eternum la fórmula de que el PSOE es la única realidad de izquierdas o comprometida con el Pueblo. Porque además de ser una incongruencia con la actividad política de este partido y sus direcciones, tampoco parece que vayan a hacer autocrítica. No parece que vayan a recular. Ellos siguen manteniendo su postura de “verlas venir”.

Así que ante la preocupación generalizada considero, entonces, lo siguiente:

  1. Actualmente más de un 40% de la población andaluza se ha abstenido. De esa abstención podrían resultar dos propuestas de reacción (que además pueden ser complementarias):

    1. O bien los abstencionistas deciden finalmente votar para evitar males mayores. Y con ello no quiero decir que únicamente voten.

    1. O bien los abstencionistas, como abstencionistas, se autoorganizan –si es que no les convence ninguna opción político-institucional- y hacen implosionar por negación el estado-de-cosas. O bien los abstencionistas como abstencionistas montan una opción política de partido que sí les represente. Lo que está claro es que la abstención vacía beneficia al poder, toda vez que a este le da exactamente igual si gana con el 20% del 20%, o si gana con el 70… Le es indiferente. De hecho, y lo más curioso, es que las derechas siempre han sido reacias a facilitar el voto, pero siempre han sabido que hay que votar. Así que, siempre votan. Mientras que las izquierdas, pese a conseguir el sufragio universal, se decantan muchas veces por el pijismo político.

  1. Como la abstención perjudica tradicionalmente y en el presente a las izquierdas; son un ejemplo de castigo hacia quien gobernó durante tantísimo tiempo –PSOE-; y proviene de las clases populares. Sería del todo acertado en este sentido ser previsores, y considerar que pudiera ser probable la conversión futura de esa abstención popular en voto ultraderechista.

  1. Para combatir el fascismo y en definitiva movilizar la abstención hay que hacer País. Y el País no se hace, aunque sí se retroalimente, con discursos, mítines y mediaticidades. El País se construye visitando a su gente, recorriendo su extensa geografía, disponiendo nuestras energías en el contacto con los demás. Si nuestro esfuerzo se dirige en salir todas las semanas a un espacio de nuestro municipio para decir no al Fascismo, pero no aprovechamos esa energía que estamos dispuestos a volcar en esa acción para pensar en cómo generar nuevos modelos productivos desde abajo; como generar espacios de decisión real que cambien la vida de nuestros pueblos, nuestros barrios, nuestras ciudades; si no invertimos tiempo en pasar nuestro tiempo en una cola del INEM con el fin de autoorganizar el precariado y el desempleo, transformándolo en realidad económica; si empleamos nuestro tiempo en ir a la concentración y no en generar grupos de vivienda, proyectos energéticos, soberanía alimentaria… Si gritamos muy fuerte Abajo el Fascismo pero no hacemos nada para remediarlo, terminaremos en una celda, entre sombras, pensando que el volumen del grito no era suficiente.

Sobre el pijismo político quiero hacer notar una cosa. En primer lugar, que el término está usado adrede para llamar la atención y provocar un poco de úlcera ante tamaña resignación constante.

El pijismo político no entiende que hay que cambiar las cosas en la calle y generar los mejores aliados en las instituciones. Sobre todo porque quienes realmente están dispuestos a cambiar las cosas no poseen la correlación de fuerzas suficiente como para cambiar románticamente la realidad: El barro y la suciedad están ahí esperando que algún ingenuo entre a meter los pies y se quede clavado en su patraña sistémica. Aun así, al lodo hay que ir mientras los que están, y las que están por fuera, tiran y estiran todo lo posible.

El pijismo político acrítico plantea que no hay que votar porque eso supone legitimar el sistema. Pero ese planteamiento termina por demostrarse naïf, porque parece decirnos que el Estado-de-Cosas es ciertamente lo que dice ser; y que por una relación de no-participación y verse perjudicada la legitimidad por falta de voto el sistema va a caer, llegando, entonces, la emancipación del Pueblo. Siento discrepar. El Estado no es filosóficamente recíproco en su formulación, y tampoco es empático. Posee una descripción, una definición, parece que goza de ciertas características identificables, pero lo cierto es que toda esa descripción de catálogo se la trae bastante al pairo.

Para el sistema, de hecho, lo mejor es que voten cuatro. Literalmente cuatro personas. Casi ganaría quien más militantes tuviera en sus filas. Podría abstenerse el 80% de la población, que iban a seguir saliendo los mismos de siempre. Y daría igual que se dijera que no tienen legitimación, porque saben ya de partida que la legitimidad no la tienen. Vote el 20% o el 62.

Además pareciera que la gente quiere cambiar las cosas desde el sofá de su casa, o el sofá de su gueto –sin acritud-, o sacando el eslogan más original. No, las cosas se cambian caminando, recorriendo, intercambiando, relacionándonos y relacionando nuestras propias relaciones.

Hoy más que nunca es necesario arremangar nuestras camisetas panfletarias y hacer honor a sus proclamas. Salir con el puño en alto no como mera metáfora histórica de una nostalgia sumergida en el romanticismo, sino porque hay que cerrar mucho la mano para contener nuestra rabia y disponerla en crear un modelo productivo y económico que nos desembarace del capitalismo desde la miseria y marginalidad por él creada; constituir nuevas instituciones de decisión y gobierno, fundamentalmente desde el ámbito local y comarcal, para generar nuestras propias plazas de defensa. Establecer y pensar nuevas relaciones mucho más heterogéneas, mucho más sanas y saludables, que consigan canalizar mensajes, propuestas, etc., que generen nuevas formas de vida y sirvan de barrera, de cinturón de seguridad, ante mensajes vacíos, falaces y tramposos.

Lo que toca pues es convencer haciendo.

5 Comentarios

  1. Estimado Pablo, pijismo político es creer que yendo a la cola del paro o montando “espacios de decisión real” a los que se acude los cuatro días que cuesta aceptar que no valen para nada es como se crea comunidad o afinidad en la época de la comunicación digital. Y te equivocas de pleno si piensas que a la oligarquía y a sus marionetas políticas les importa poco el porcentaje de participación, porque una anomalía estadística dice más que un millón de encuestas, y lo que dice no es precisamente tranquilizador para los que mandan. Este tipo de alteraciones son el caldo de cultivo perfecto para que aparezca un movimiento político de verdad (de cualquier espectro ideológico, eso sí) y no sucedáneos de contención. A lo que tú denominas pijismo político (que también lo hay entre el abstencionismo activo, por supuesto) deberías llamarlo desencanto, desafección provocada o estar hasta las narices de vividores, soplagaitas y comeflores.

  2. Lo que me indigna de los articulistas, como tú, que presumís de izquierdistas y progresistas y que reconocéis que el PSOE se acercado mas a la derecha, sobre todo el satanismo con sus padrinos (González, Guerra y algún preboste más), desinforméis haciendo ver que, actualmente, no hay alternativas y sugiráis que se formen nuevos partidos cuando actualmente existe PODEMOS como autentica alternativa y que precisamente por ello todos los demás partidos, incluido el propio PSOE, se han unido para atacarle. O una de dos o sois unos auténticos imbéciles o estáis vendidos, como pasa con esos partidos, a los Bancos y sus cómplices (IBEX35)

  3. Perdona, pero estás mal interpretando las palabras. Se esta hablando de los abstencionistas en caso de que no vean una alternativa ya existente. Vamos lo deja bien clarito en los puntos.

    Testa de hecho esta en Podemos

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