Pascual Serrano | Cuarto Poder | 12/12/2018

La irrupción de Vox ha generado una reacción de lo más simplista desde la izquierda: “Vamos a combatir el fascismo”. Me temo que es tan simplista como vacía e inútil. En el programa Salvados de Jordi Évole dedicado por completo a Vox pudimos oír a los andaluces que los votaban: Gente sencilla, que le gustan los toros, que querían que las fronteras de España siguieran siendo las actuales, que aplauden y se sienten orgullosos de la policía nacional, la guardia civil y la legión, que están orgullosos de su religión, que creen que los inmigrantes les quitan el trabajo y las prestaciones públicas y que están convencidos de que Franco no hizo las cosas mal. Incluso uno citó en inglés la frase “I Have a Dream”, de Luther King. ¿Están equivocados los votantes de Vox? Por supuesto. ¿Manejan información falsa? Evidentemente. ¿Su nivel cultura es deplorable? Pues claro.

Pero el verbo no es “combatir”, si los criminalizamos, insultamos, despreciamos, solo conseguiremos que se cierren en su mundo falso y equivocado. Si gritamos nuestro odio hacia ellos ya no podemos acusarles de ser ellos los que odian. Probablemente sus dirigentes son miserables, pero a esos votantes creo que debemos convencerles, explicarles, mostrarles las mentiras con las que les han engañado.

Los votantes de Vox están convencidos que el franquismo mejoró las condiciones sociales de la gente y no asesinó a miles de españoles, pero es lo que hemos permitido que se dijera en nuestras televisiones durante los últimos meses. Los cuerpos de seguridad que los de Vox jalean son los mismos que el resto pagamos con nuestros impuestos.

Los de Vox dicen ‘Viva la legión’ y yo les pago el sueldo. Y la Iglesia que tanto reverencian es a la que nuestros sucesivos gobiernos financian y les perdonan los impuestos. Quizás tampoco nuestro sistema ayude mucho a orientarles.

Antonio Maestre recuerda en La Marea que “la polarización del debate siempre es favorable a aquellos que se sitúan en los extremos del conflicto, fomentar esa polarización es lo primero que cualquiera que vive en los extremos desde los márgenes intenta y aprovecha”. Pone como ejemplo que los terroristas de Daesh se nutren de la confrontación entre salvadores e infieles. Cuanto más islamofobia se siembre más abono damos al terrorismo islámico.

Cuanto más insultemos a los votantes de Vox más seguros, cercanos y acogidos se sentirán entre ellos mismos. Mientras la izquierda dice “vamos a combatir el fascismo”, que es una frase vacía, los de Vox apelan a emociones profundas, tradiciones diarias y ancestrales, instintos territoriales y símbolos identitarios; y a unas lentejas que creen que les roba el inmigrante.

La izquierda dice “vamos a combatir el fascismo” y luego ni acude a votar, que es la única forma táctica a corto plazo de combatir ese fascismo. Como ha señalado Guillermo Fernández en Cuarto Poder, es de una torpeza absoluta que el partido que hace unos años iba a cambiar el país, a “asaltar los cielos”, se haya quedado para parar a la extrema derecha con el eslogan “combatir al fascismo”, un “fascismo” que tiene una intención de voto nacional del 7%.

Sin duda combatir suena más fácil que convencer, pero cuando no se está en una guerra armada, si se tiene la razón es mejor usarla para convencer. ¿Alguien cree que el fascismo va a perder algún voto porque gritemos “vamos a combatir el fascismo”? El “no pasarán” es para una guerra armada, en la que debes poner un saco terrero en la trinchera y disparar desde detrás porque ya no puedes intentar discutir con el que dispara en el otro lado. Pero eso no es lo que sucede hoy.

No, no estamos en guerra contra el fascismo. Sencillamente tenemos vecinos, familiares y compañeros de trabajo a los que les han engañado y mentido, que no saben cómo afrontar sus miedos e inseguridades, o que no les hemos dado suficientes argumentos y razones para sacarles de las emociones tribales y primarias que otros han sembrado en ellos.

Sus votos valen tanto como los nuestros, así que más vale que les convenzamos para que adopten otros valores, otras interpretaciones de la realidad, otro modo de enfrentar los problemas y metan otras papeletas en las urnas porque negarles su derecho a existir o tacharlos de indocumentados porque no somos capaces de convencerles quizás solo provoque que sean ellos los que nos llamen fascistas a nosotros y aumenten su presencia en nuestros parlamentos.

7 Comentarios

  1. Excelentes reflexiones. hace falta muchas más pedagogía que palabrería barata y en este caso, la palabra “combatir” no ayuda a la reflexión, sino al enfrentamiento, y a que los que se sienten “combatidos” se atrincheren aún más y se autoafirmen en sus postulados simplistas

  2. De acuerdo. Sembrar odio en respuesta al suyo es multiplicarlo en beneficio de el contrario. El Evangelio dice q hay dialogar, acompañar y perdonar. Pero mas q esto al art le falta una segunda parte: explicar desde la izquierda q los inmigrantes nos enriquecen, no nos roban. Q Cataluña y el resto de “pueblos de España” (preámbulo de la Constitución) deben encontrar un nuevo encaje federal en el Estado español, etc. Que el franquismo asesino a mas personas q en la República, basta consultar la Wikipedia

  3. Me molesta mucho que se afirme que los votantes de Vox ‘se han equivocado’. Quienes llevan demasiado tiempo equivocándose son los partidos ‘de izquierdas’, con sus políticas de derechas. De esos polvos estos lodos. Y lo peor está por llegar. Así que, señoras y señores ‘de izquierdas’, reflexionen y hagan honor a los nombres de sus partidos.

  4. Los histerismos impostados, teatralizar “alertas antifascistas”, demonizar e insultar a Vox y a su electorado, no es una estrategia muy inteligente si lo que se busca es frenar su ascenso. Parece más bien que muchos han encontrado en este “fascismo” el espantajo perfecto para ocultar su larga lista de claudicaciones, eludir la autocrítica e intentar conservar los votos de un electorado cada vez más desencantado. Es probable que de momento los dueños del circo permitan que Vox siga creciendo gracias, entre otras cosas, a los votos de gente cada vez más harta de ciertas operaciones de ingeniería social que el poder mediático-político disfraza de leyes y otras medidas que a priori pueden sonar bien, pero que cuando se indaga en ellas desde un pensamiento crítico se observa que son una maniobra de “divide et impera” . Algunas de esas leyes, que llevan años en vigor, han causado estragos. Y las que están en trámite, cuando se aprueben causarán más. Pese a ser evidente la total sincronía de los propietarios de los grandes medios de comunicación y sus peones políticos a la hora de enfocar ciertas cuestiones, incluso las voces que más críticas se suelen mostrar con la actuación de los medios, aquí prefieren guardar silencio porque es muy difícil argumentar contra lo que el establishment nos presenta como “sentido común”. Hoy no hace falta ser un fascista confeso para guiar a la población hacia el matadero en nombre de causas como la justicia, la igualdad, la libertad, la seguridad, la defensa de los más necesitados… La “izquierda” también hace uso constante de sus propias “leyes mordaza” y demás trampantojos, como en más de una ocasión se ha denunciado en esta misma web. Cada actor interpreta el papel que le ha sido asignado. Si las próximas elecciones las gana la “derecha” no derogará los trampantojos de la “izquierda” y pondrá en marcha otros, o si deroga algunos para fingir un gesto de lealtad hacia sus electores será para sustituirlos por artimañas que nos llevarán a situaciones peores, de tal modo que gobiernen unos u otros siempre se avanza en la dirección que los titiriteros deciden. Otra cuestión que cabe señalar y que ha salido a la palestra recientemente por la exitosa publicación del ensayo “La trampa de la diversidad”, es la relación de la izquierda con las “políticas de la identidad”. Cuestión sobre la que el pensador marxista Eric Hobsbawm reflexionaba hace ya más de 22 años: “Desde los años setenta ha habido una tendencia —que va en aumento— a ver a la izquierda esencialmente como una coalición de grupos e intereses de minorías: de raza, género, preferencias sexuales o culturales de otro tipo y estilos de vida, incluso de minorías económicas como la de ensuciarse las manos en que se ha convertido la clase obrera industrial. Esto es bastante comprensible, pero es peligroso, y no es la menor de las razones el que la conquista de las mayorías no sea lo mismo que sumar minorías”. Si alguien quiere leer la conferencia entera que tecleé en el buscador La política de la identidad y la izquierda. Eric Hobsbawm.

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