Víctor Moreno  | Nueva Tribuna | 11/12/2018

Como es sabido, el día 6 fue el día de la Constitución. Y, una vez más, los políticos de oficio y beneficio alardeando de ser «constitucionalistas de toda la vida”. ¡Qué mentira más grande! Un breve repaso.

En 1976, el padre del actual representante de la monarquía juraba, no una constitución, pues no existía, sino, los principios del Movimiento Nacional que inspiraron el 18 de julio de 1936. Luego, no tendría empacho alguno en votar la constitución el 6 de diciembre de 1978. Este mismo año de 1978, la mitad de los diputados de Alianza Popular, más tarde PP, rechazaría en el Parlamento el texto constitucional. Quienes le dieron su apoyo, espoleados por Fraga, lo primero que dijeron es que en cuanto pudieran lo reformarían.

El diputado de UCD, Jesús Aizpún, padre putativo ideológico de las huestes actuales de UPN, llegaría a dejar el partido por su rechazo personal a unas cuantas disposiciones constitucionales, no sólo a la transitoria cuarta, relativa a la integración de Navarra en Euskadi, sino, sobre todo, a las relacionadas con el divorcio y la educación. De ahí que no desaprovechara la campaña del referéndum, celebrado el 6 de diciembre de 1978, para vomitar sapos y culebras contra ella. Poco después, fundaría el actual UPN, al que se le uniría Alianza Foral, partido que también había defendido el NO a una constitución que consideraba atea, de tendencia marxista y que ponía en peligro la sagrada unidad de España.

Savater, a quien hoy la constitución le produce furor gonádico indescriptible, en 1978 defendió la abstención en el referéndum por no encontrar, decía, grandes diferencias entre el régimen franquista y el régimen constitucional. El mismo PSE, que siempre se ha considerado más constitucionalista que los leones de las Cortes, no hizo ascos al admitir en su seno al partido de Mario Onaindía, Euskadiko Ezkerra, un partido que predicó rabiosamente el No a la constitución en 1978.

Aznar -a quien sólo le faltó decir mientras gobernó este país que «la constitución soy yo»-, en 1979, en el periódico La Nueva Rioja, se hartaría de escribir artículos contra la Constitución. En uno de ellos, describía la organización territorial diseñada por dicho texto como «una charlotada intolerable».

Entre unos y otros, han convertido la constitución en ideología y en arma arrojadiza contra rivales políticos a los que invariablemente se tilda de enemigos de la Constitución, de la Democracia y de los Derechos Humanos. Porque, a fin de cuentas, la Constitución es de unos, pero no de todos.

Por si fuera poco, el furor monárquico mediático se está extendiendo como pandemia. Solo un ejemplo moderno. Cuando nació la infanta Leonor  -31.10. 2005-, se escribieron tantas memeces que sería imposible reproducirlas en diez folios.

Su nacimiento fue declarado como “un día de felicidad para todos los demócratas”. Y, en honor de la verdad, la frase se extrajo del comunicado de la Comisión Ejecutiva Federal del Partido Socialista de entonces, que, sin rubor republicano alguno, estampó: “El PSOE quiere aprovechar este momento para rendir un homenaje al rey Juan Carlos y reafirmar las virtudes y valores de nuestra Monarquía parlamentaria, que nos ha permitido, a todos los españoles, disfrutar de tres décadas de paz y libertad”.

La Monarquía parlamentaria, no la ciudadanía. Matiz conceptual muy importante.

Así que no extrañará que, cumplidos los 13 años, la infanta Leonor, garante genético y divino de dicha monarquía, fuera nuevamente elevada a los altares de la devoción política, no solo por la derecha secular, sino del PSOE, cuyo norte republicando hace tiempo que lo ha sumergido en densa niebla. Si no, ¿cómo entender el rapapolvo de Ábalos, secretario de Organización socialista, desautorizando a las Juventudes Socialistas por apostar este 14 de abril pasado por la III República, y tachando de irresponsables a tales jóvenes?

En septiembre de 2018, la infanta Leonor, según la prensa, “recibió el bautismo como Princesa de Asturias en ejercicio” en Covadonga y ante la Virgen, ¡tócate los calimandros! De las muchas palabras existentes en el diccionario para designar el hecho en que se reconoce al heredero de un trono, se utiliza una de raigambre religiosa; bautizar.

La falta de consideración y de respeto de los borbones a la voluntad popular es absoluta. Ni siquiera ha sido el Congreso quien, en primer lugar, haya reconocido -bautizado en glosa de Gonzalo de Berceo-, el derecho de la princesa a sustituir a su papá en el Reino de España. No. Primero la Iglesia; luego, el Estado. ¿Y el pueblo? No seamos indiscretos. La monarquía procede de Dios mucho antes que de la voluntad de los hombres. Un principio que en pleno siglo XXI se sigue manteniendo incólume.

No tengo intención de deshacerme en elogios ante la astucia de los políticos monárquicos por haber conseguido que el imaginario social haya aceptado que la monarquía se haya convertido en una institución natural y que, por lo tanto, debe aceptarse con la misma naturalidad con que aceptamos la sucesión de los días y de las noches.

Que el cargo de rey se herede como si fuera una finca es una ofensa para la ciudadanía. Pues, incluso, heredar una finca lleva adosado el trabajo de ir ante notario y registrar la propiedad a nombre del heredero, pagando la correspondiente minuta. Ni eso siquiera hacen los reyes. Para eso están sus fámulos habituales y el erario que carga con todos sus gastos.

Los Borbones, no solo ignoran, sino que desprecian que España sea un Estado Aconfesional. Que lo que denominan “primer acto institucional” de la aspirante a la corona española se realice bajo la mirada complaciente de una cuadrilla de obispos, en un recinto religioso, con medallas bendecidas por el arzobispo de Oviedo para recordar tal evento, lo dice todo.

Es completa indiferencia a la modernidad constitucional y fidelidad absoluta a la tradición, basada en los vestigios irredentos de un nacionalcatolicismo que ni por fas ni nefas ha desaparecido de este país. ¿Y qué hacen los políticos constitucionalistas? Tocarse la manteca de su abdomen.

3 COMENTARIOS

  1. Pues sí,la corrupción de las palabras también está al orden del día !
    Todos estos que se auto-etiquetan de Constitucionalistas, precisamente NO lo son.
    Aquel del que se decía «que lo dejaba todo atado y bien atado», así lo dejó. Nos dejó a todos sus agredecidos incondicionales polulando a sus anchas, y deseosos de poder y más poder.
    Se han reproducido y reafirmado (desde aquel Aznar que decía hablar catalán en la intimidad, a lo que «rebuzna» ahora …) y van a por todas y a por todos!
    Lamentables últimos 40 años de hipocresía, de falsa democracia, que han desclasado y anestesiado a la mayor parte de la población, sometiéndola finalmente a la pobreza con sus robos fiscales y corrupciónes.
    Había una vez unos constitucionalistas (de los de antes) que proponían una país federal, «Había una vez un lobito bueno al que maltrataban todos los corderos …» Ahora parece qué hay constitucionalistas que sueñan en aplicar y re-aplicar Artículos-155…
    Nos han perdido el respeto, no somos un pueblo soberano, somos un pueblo sometido.
    ¿Qué será de las próximas generaciones?
    Que pena de país vamos a dejar a nuestros hijos!
    Atención, esto no va solo para Cataluña que está siendo como un banco de pruebas, un ensayo …
    La represión, la censura, el empobrecimiento, la mano dura se está gestando para todos.
    Hay que despertar, practicar la empatía y resucitar la solidaridad. (O así me lo parece)

  2. Es que la Monarquía es Medieval. Y ahora, aprovechando el descontento de casi media Cataluña, es precisamente el momento de reivindicar la República española.

    Y para eso expresaba ayer el Sr. Gabilondo, en ‘LA SEXTA NOCHE’, que ahora no es el momento de apostar por una República, al oponerse las derechas, y que se tendrá que proponer, pero… más adelante, porque Felipe VI (vino a decir, más o menos) ‘es ejemplar’ (y se quedó más ancho que largo). Sabrá el Sr. Gabilondo lo que se cuece en esa jaula de oro. Este periodista, al igual que otros, que tienen la osadía de opinar en este sentido sobre Felipe VI ante millones de personas, desconociendo lo que hay en cada Casa, me confirma que la ignorancia es atrevida.

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