Todas las cosas que se le dicen al Jefe del Estado Español durante su habitual y burlón discurso televisado de Navidad no tienen el más mínimo efecto sobre el cerebro del monarca ni sobre sus genitales, según han vuelto a repetir, como cada año, desde el Departamento de Física Molecular de la Universidad Complutense de Madrid. “Las palabras que se arrojan sobre el televisor, por muy gruesas que sean, chocan contra el cristal de la pantalla y caen al suelo, donde lo más probable es que se las coma enseguida el perro o las pisemos nosotros mismos al día siguiente sin darnos cuenta”, han puntualizado los físicos. Por lo tanto, al Rey ni siquiera le resbalan esos improperios porque ninguno de ellos llega al Palacio de la Zarzuela. “Lo más probable, por otro lado, es que Felipe VI ya hubiera ido al váter antes de comparecer ante las cámaras”, han añadido. 

Hay que tener cuidado, sin embargo, con las frases que además de las esdrújulas parásito, gaznápiro o zángano, lleven también la palabra guillotina, pues si se arrojan demasiado fuerte podrían rebotar contra la pantalla y seccionarnos alguna arteria importante, según advierten los mismos técnicos del Departamento de Física Molecular.

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