En uno de los programas de radio más tristes y dignos que recuerdo, esta misma mañana de 24 de marzo Javier se preguntaba por qué motivo, estando el 80% de la población a favor de la eutanasia, los partidos políticos no la legalizan y no lo plantean en las campañas electorales, más o menos así lo ha dicho, e inmediatamente me pasaron por la cabeza dos respuestas no tan distintas.

La primera es que en este asunto se juntan “el hambre con las ganas de comer”. La derecha española, que tanto inventa siempre para cerrar las puertas a cualquier cambio que signifique más libertad para las personas y que, por lo mismo, tantos huevos pisa a la hora de dar algún paso de los prohibidos por la cruel Iglesia Católica española, esa que tantos crímenes bendijo también en nuestro pasado reciente, confluye con la izquierda cuando gobierna, pues la eutanasia no deja de teñir los rincones de nuestro subconsciente con cierta sensación de fracaso, enlazando así con ese deseo de vida eterna a la que se apuntarían muchos ateos, y que a tantos alquimistas ha llevado de cabeza, en busca del elixir de la juventud eterna.

Por tanto, las malas noticias, y cualquier expectativa de muerte siempre lo parece, no son para las campañas electorales. Eso sí, salvo que sirvan para derrotar a quien, por maldad o debilidad, las oculta. Ejemplo de lo segundo, que se lo pregunten a Zapatero, por lo muy caro que pagó el PSOE la incapacidad de reconocer que nos estaba alcanzando una crisis económica que era mundial en 2008, ante unos dirigentes del PP que responsabilizaban al Gobierno de España hasta del Diluvio Universal pero que, a su vez, fueron ejemplo cabal de lo primero, la mentira consciente que proclamaron entre los días 11 y 14 de marzo de 2004,

Y pensando precisamente en lo políticamente incorrecto que es no dibujar el paraíso terrenal en los programas electorales, es cuando me ha venido la segunda respuesta, más personal.

Es la que me duele cuando yo mismo, que no tengo la menor obligación de ser cínico ante el teclado pues, entre otras cosas, no voy en ninguna candidatura, me resisto a defender que la legalización de la eutanasia, que es ante todo un progreso imprescindible por el respeto a la libertad que la política le debe a las personas, puede tener unos efectos económicos evidentemente positivos sobre la reducción del gasto público. Y ya metido en este fuego destructor, no terminaré sin antes denunciar a muchos líderes de derechas, esos que tan bien saben a lo que me refiero por lo muy liberales que se manifiestan cuando proclaman demagogias como la de que “el dinero está siempre mejor en los bolsillos de las personas que en los del Estado”. A veces dicen cosas que me hacen pensar que, si pudieran, volverían a quemar en las hogueras a cualquier alma caritativa de las que se la juegan para ayudar a dejar de sufrir a quien ya no es persona.  

Gracias a los retrógrados, cada cierto tiempo aparecen en los periódicos noticias sobre el gasto farmacéutico, y también otras de fallecidos hace años que siguen sobreviviendo en algunos ficheros de la Tesorería General de la Seguridad Social.

No quiero terminar sin dejar constancia de que ese 80% al que se refería Javier me parece una prueba palpable de que vivimos en una sociedad que es muy capaz de comprender por sí misma lo que necesita, cuando los políticos que la lideran están tan atrapados por el autoritarismo en su ADN, o por las conveniencias de su cuenta corriente, que no son capaces de abordar los problemas.

No es, ni mucho menos la eutanasia, el único caso en el que se manifiesta la madurez colectiva, y también la valentía, pero, de momento, este debate sobre la vida y la muerte disfruta de la ventaja de que ningún gobierno se atreverá a enviarnos a los guardias de la porra, incluso aunque decidamos reclamarlo sacando las urnas a la calle.

2 COMENTARIOS

  1. Estimado Domingo, también escuche ese reportaje y estoy contigo en el análisis. Efectivamente parece que cuando este País avanza en su conciencia ciudadana los partidos se alejan de esos asuntos que preocupan a la mayoría, pero que obvian los «representantes» quizá porque desde las tripas de los poderes (económico, religioso, fácticos en conclusión) no quieren reconocer a la mayoría ciudadana la capacidad de regir sus destinos. Es lamentable.
    Leía esta mañana lo referente a la manifestación «pro vida» de ayer en Madrid. No se cansarán de hacer gestos para contradecir a la mayoría de un pueblo ya mayor de edad. Lo que me extrañó es que no compartieran pancartas pidiendo armas en la calle para «regular» la voluntad de los que se les oponen. Ahí no está en juego la vida, claro.
    Esta mañana leía otra triste, pero real y cruda, noticia en «La voz de Galicia» sobre la despedida de sus vecinos de un hombre y su esposa (los dos con más de 90 años) que finalmente dejan su hogar en los últimos 40 años para trasladarse a una residencia porque ya no pueden cuidarse autónomamente.
    Y la sociedad no responde con solidaridad para resolver esas circunstancias.
    Apertas Republicanas

  2. Será legalizada en breve. Casi todos los partidos y los grandes medios lo apoyan. Así que los poderes fácticos están por la labor. Pero esta legislación no se hará para llevar a cabo una eutanasia razonable que podría apoyar cualquier persona sensata, sino una deformación del concepto a conveniencia de los que mueven los hilos, como pasa con la mayoría de las leyes. Las personas que sufren padecimientos insoportables les importan un carajo a los títere políticos y sus amos. Están cociendo algo que será muy útil para los que manejan el tinglado, y por tanto perjudicial para la mayoría, como ya señalé en un comentario a colación del artículo «La ancianidad», de Jaime Richart.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.