Imagine que una profesora de Periodismo le invita a un acto en el que intervendrán comunicadores de la talla de Cristina Fallarás. Entusiasmado, usted comenta que si tuviera que elegir una periodista, igual la elige a ella. La profesora, contrariada, responde: “Cristina Fallarás no es periodista. La hemos invitado por #Cuéntalo”.

El día de la mesa redonda, Fallarás hace un llamamiento a la acción, en referencia al movimiento feminista. Ni siquiera Ana Bernal-Triviño, que es quien más la apoya en sus planteamientos, se suma esta vez. Contundente, en su turno de palabra, rechaza la idea: “Las acciones son para los activistas” (y no para ella, porque es periodista).

Y ahora, ¿considera usted que se puede ser más nítidamente periodístico que la acción #Cuéntalo que lanzó la “no-periodista” Fallarás?

Veamos:

1) Una periodista ha conseguido recabar miles y miles de testimonios. Buen comienzo.

2) Esos testimonios proceden de muy diversas mujeres, países y grupos sociales, lo cual enriquece la muestra y ofrece un potencial enorme para el conocimiento, ofreciendo más datos, contexto y puntos de vista para entender la realidad.

3) Con ello, ha llamado la atención sobre un tema silenciado.

4) Con ello, desvela injusticias del poder. ¿No va de esto el periodismo?

5) Ofrece innovaciones democratizadoras aparejadas al formato: las protagonistas se expresan directamente; el hashtag y la cuenta de Twitter de Fallarás funcionaron como una suerte de campamento base desde el que aunar información, hilar interpretaciones y lanzar sugerencias.

Los periodistas y académicos que se pretenden profesionales, asépticos y objetivos alejándose de la mundanal acción y la mundanal ideología, ¿saben y fingen no saber que cada decisión que toman sobre los temas a estudiar es profundamente política, que cada palabra con la que interpretan el mundo se posiciona ante este y tiene una incidencia social e ideológica?

Salvando honrosas excepciones, sin un periodismo que se lava las manos no habríamos alcanzado el 1 de abril los 80 años de impunidad fascista de crímenes de lesa humanidad denunciados reiteradamente por la ONU, ni ostentaría la jefatura de Estado una familia impuesta por un genocida, ni sus sentencias seguirían vigentes, ni sus cómplices (como la Iglesia y el Ejército) repletos de privilegios, ni sus estructuras de poder carcomiendo todas las esferas, ni las cloacas poblarían los medios de comunicación ni la responsabilidad corrupta de los partidos del “todo atado” sería blanqueada día tras día. Ni se aceptaría como normal la primacía de los intereses capitalistas sobre los democráticos.

“Maldigo la poesía concebida como un lujo

cultural por los neutrales

que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.

Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

[…]

Tal es mi poesía: poesía-herramienta

a la vez que latido de lo unánime y ciego.

Tal es, arma cargada de futuro expansivo

con que te apunto al pecho”

(Gabriel Celaya)

@Accountable2019

1 COMENTARIO

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.