“Como quien viaja a lomos, de una yegua sombría, por la ciudad camino, no preguntes adónde, busco acaso un encuentro, que me ilumine el día, y no hallo más que puertas, que niegan lo que esconden. Vivo, en el número siete…”.

Reconozco que hoy, jueves, estoy contento. El primer comentario de esta mañana a mi advertencia pidiéndole a usted mismo que cuide su dinero de los mentirosos en las urnas del día 28, viene firmado por “baja chico” y dice “¡sin empujar, don Domingo!”, frase que no puede ser obra de un robot. Llevo mil años haciendo lo contrario de lo que me gritan y, en consecuencia, me he tomado un café a la salud del empujado. Para seguir empujando.

Que sería de nosotros sin Sabina, aunque no sea del PACMA, para inquietarnos sobre las verdades que oculta el comportamiento humano.

Inquietas están las derechas que, por mucho despotricar contra el CIS, no han conseguido la menor victoria real cada vez que han acudido en tropel al mismo campo de batalla, en busca desesperada de una encuesta que pueda iluminar sus deseos.

Nada menos que nueve sondeos de intención de voto han publicado, en solo 22 días de abril, el ABC, El Confidencial, El Español, El Mundo y La Razón, y en ninguna han conseguido nada que les permita descorchar un cava catalán.

Hasta el último día legal para publicar sondeos se han seguido negando los indecisos a romper ese silencio que esconde lo que buscan quienes tiemblan ante unas urnas que llegan con muchas cartas de despido.

En el otro extremo hay miles de personas que tienen tan claro su voto que son capaces de hacer colas de hasta cuatro horas bajo la lluvia ante las oficinas de Correos para votar por ídem. Me pregunto si se cortarán la mano en caso de que antes del 28 se descubra que su candidato era un maltratador o un asesino. Perdone usted mi tendencia a exagerar, porque ya está confirmado que algunos mienten y roban.

Los nervios no son buenos consejeros, que ahí estaba un Rivera fuera de control, invadiendo el atril de Sánchez en pleno debate. En ese momento, el de Ciudadanos ya sabía que le estaba dando al PP la estocada “Garrido”.  

Si los que les está desquiciando fuera la oscuridad indecisa, quizás sería bueno que revisaran el desglose que publicó El País el domingo 21.

Resulta que más del 40% de los encuestados que dicen no saber lo que votarán se reparten entre candidaturas que representan poco más del 10% de los diputados a elegir. Como ese porcentaje de silencios no incluye el voto oculto de los Abaxcales, la pregunta es obligada: ¿Se repetirá el disgusto de ERC del 21D de 2017, cuando perdió contra JCAT a pesar de todas las encuestas?

En cualquier caso, la gran mayoría de ese 40% de indecisos se oculta en Catalunya, y dos de los sucesos más relevantes que podrían afectar a la tendencia de esos millones de votos han tenido lugar una vez que la información demoscópica ha quedado reservada al interno de los partidos políticos que, por supuesto, siguen preguntando al electorado.

El “fusilamiento” de Coripe tiene pinta de favorecer a Puigdemont a costa de Junqueras, aunque solo fuera por el protagonismo que le han regalado al primero. En cualquier caso, la munición de fogueo en un pueblo de Sevilla de 1.400 habitantes beneficiará a un independentismo acostumbrado a la represión en una Catalunya de 7,5 millones. Enhorabuena, señor alcalde.

A lo de Sandro Rossell le podríamos llamar represión sin porras, pero con toga. Nuestra libertad de pensamiento, esa que no puede derrotar ni la peor dictadura, nos permite deducir que ha tenido que ser el odio hacia lo catalán, atizado por el contexto, lo que ha mantenido casi dos años en la cárcel a Sandro.

Solo nos faltaba leer a un influyente como Vidal Folch en “El País” diciendo que «La Audiencia demuestra que ha sabido rectificar (o reorientar) y acredita independencia de sí misma (la más difícil). Además, no yerra imponiendo una pena algo superior a los meses ya cumplidos, para que lo comido fuese por lo servido». Palabras similares a las que le estoy escuchando en este momento, en TV, a Sonia Nuez, de Jueces por la Democracia. Vergüenza da que haya “personalidades” que consideren meritorio no dictar una sentencia de conveniencia para lavar trapos sucios solo a “navajazos” en los juzgados.

Y más vergüenza da que ni don Xavier ni doña Sonia reclamen al propio tribunal que inicie causa por prevaricación contra la jueza Lamela, de la que solo podría salir digna si confesara la enfermedad de odio que no puede evitar cuando instruye según que procedimientos, y acto seguido dimitiera de todo.

Me confirma todo esto la misma pantalla de TV, donde escucho a expertos juristas describir una instrucción de Lamela deficiente de principio a fin, hasta el punto de que he visto a un Alex Sàlmon tirando la toalla por primera vez en la vida. Como usted sabe, es tertuliano de “El Mundo”, alguien a quien, hasta la fecha, jamás he visto renunciar a cualquier especulación que pueda servir contra el independentismo catalán.

Hablando de odio contra personas, ¿recuerda usted la última vez que Casado o Rivera dijeron esa frase, tan socorrida y buenista, de “no deseo que nadie esté en la cárcel, pero…,” cuando lo que sigue al “pero” es la única sinceridad?

Una enfermedad muy larga y mala tiene que haberse hecho dueña de este país, la misma que afecta a personas que deciden sobre la vida de los demás como Lamela y Llarena, cuando los representantes de más del 40% del censo electoral consideran bueno para sus intereses exigir, a quien más posibilidades tiene de seguir siendo presidente del Gobierno, que se comprometa a quemar hoy un cartucho que puede ser decisivo para resolver mañana el conflicto más difícil de los últimos cuarenta años.

Y mucho odio destilan cuando ese cartucho consiste en acabar legalmente con la pena de cárcel de unos compatriotas que ni siquiera han cometido el chiste malo de “fusilar” a un ciudadano europeo, solo perseguido en España, delante de niños y con fuego de mentira que suena de verdad. ¿O quizás lo que buscan ambos de derechas es acusar a Sánchez de haber mentido en el pasado cuando se tenga que firmar la paz territorial en el futuro? Largo me lo fiais, pues ya dijo Borrell que esto va para veinte años, sin atreverse a pronosticar el final y, además, con Europa siempre vigilando.

La derecha española, a traducir aún por franquismo salvo en Euzkadi y Catalunya, no concibe la resolución de los conflictos políticos sin cárceles reales, o paredones, que son virtuales porque las circunstancias no permiten los de verdad.

Es, sin duda, mérito de la frustrante Transición española y su Constitución: cuarenta años después la mitad del electorado sigue enferma de odio franquista, y la otra mitad de miedo.

Regresando al pueblo de Sevilla y una vez que Borrell ha condenado el fusilamiento virtual del President en el exilio y @KRLS, el propio “fusilado”, se lo ha agradecido, le diría a Quim Torra que den por zanjado el asunto, proclamen su generosidad y que el fogueo con instinto mortal sea solo chiste para mundos como el de “Polonia”, esos que Catalunya ha sabido crear para sobrevivir rodeada, durante siglos, de incomprensión, envidia y hostilidad.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.