El número de pares de cojones, según los matemáticos, es inversamente proporcional a la fiabilidad que se otorga a una persona o a una idea, y su máximo se sitúa en los mil pares de cojones, pues a partir de ahí el desinterés es tan grande que la palabra se desvanece antes de ser oída o leída.

Según los observadores, la palabra de Albert Rivera, el nervioso líder de Ciudadanos, podría dejar de tener entidad física esta misma semana, a tenor de las últimas “paparruchas” vertidas por el joven e hiperactivo neofalangista.

Los asertos de Rivera, que hace un año valían media mierda en la escala Beaufort de mierda, se han ido degenerando hasta tal punto que han abandonado también los parámetros del pimiento y el huevo hasta saltar a la tabla de los pares de cojones, una referencia de medida más extrema y que se utiliza cuando el mismo transmisor del mensaje vale menos que una unidad de pimiento.

Santiago Abascal y Pablo Casado, que ya están en la tabla de los pares de cojones antes que Albert Rivera, ya han sobrepasado los tres mil pares de cojones en cuanto al crédito que suscitan sus comunicados y, por lo tanto, según los filólogos, lo que oímos son alaridos, no construcciones lingüísticas.

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