No quiero ser deliberadamente irreverente. Soy un simple pensador. Y creo que para serlo de verdad, lo primero que hay que hacer es suprimir del córtex cerebral todo prejuicio: para luego volver a pensar cada asunto cada uno por sí mismo, olvidando lo aprendido en sumisión y dejando a un lado las tutelas…

Todos los problemas del mundo, o al menos los problemas que salen unas determinadas fronteras para adentrarse en otras, vienen de un Dios en mano de la estulticia de los hombres. Y digo de los hombres sólo y no también de las mujeres, porque no hay noticia de que fuese una mujer quien lo inventase. Fue un macho o fueron los machos quienes lo idearon y luego quienes empezaron a darle vueltas al concepto. La mujer es mucho más práctica. No precisa de herramientas conceptuales para conquistar a un hombre u otras tierras. La mujer no divaga, ni se inclina a profundizar, ni se eleva demasiado como no sea para ver al Cristo o a las vírgenes que el macho diseñó, o a Dios en el vaho de un puchero. La mujer no se rebaja a perder el tiempo en la tarea de filosofar. La mujer fabula. Pero fabular es una operación quirúrgica de la mente que incluye la personal consciencia de fantasear. Mientras que filosofar es un remontarse por encima de uno mismo poniéndose al mundo por montera, con la pretensión de encontrar ingenuamente “la verdad”. La mujer, excluida desde el principio de los tiempos del derecho a opinar sobre Dios, vive a ras de suelo, y a menos que tenga la desgracia de ir a parar a los brazos de un manipulador del espíritu o la mente, se basta a sí misma para hacer frente a la vida y a la muerte, a las suya y eventualmente a las de su prole.

Es el hombre el inválido. Es el hombre el incapaz, él es el que necesita urdir patrañas de altura (y que a menudo sólo a partir de cierta edad descubre hasta qué punto lo son). Es él quien se vale de una idea tan noble como estúpida, tan consoladora como devastadora. Es él el que arrastra y encizaña a otros y a otras, dividiendo al mundo entre los “con Dios” y los “sin Dios”. Es él el que todavía, en el siglo que vivimos, se arroga el derecho a meter sin vergüenza alguna la pata porque no escucha ni a Dios…

Si una sociedad abrupta, agresiva y cainita a la hora de organizarse como la española fuese capaz de suprimir a Dios con un decreto, de la noche a la mañana los ricos se arruinarían, empezaríamos a repartir la tierra desde cero y España se daría a sí misma inmediatamente la República…

3 COMENTARIOS

  1. El concepto del «dios «católico está muy arraigado con este Régimen, dios y la religión, católica y franquista, porque ambas están íntimamente ligadas y coordinadas. La religión católica y toda su parafernalia organizativa-ideológica forman parte de este régimen heredado del franquismo. Ciertamente con Franco, esta iglesia católica, estaba mucho mas cohesionada, estimulada y financiada por el Estado, hoy con sus herederos, esta relación es menor pero existe y mucha. Quizás al lector le interese este estudio que incluyo con el enlace, sobre el sentido real de las religiones, todas ellas, cuya finalidad real suele tener poco que ver con los espíritus. Y más bien con el pragmático “espíritu” del lucro y la ganancia. https://beniezuma.blogspot.com/

  2. ¡Por las barbas de Zeus!. Me pregunto si se trata de un artículo escrito «en serio» o en modo paródico-desmadrado. Si lo fuera en este antedicho modo, «pos vale», si fuera » en serio», de veras que no puedo dar crédito a lo leído, al análisis tan esperpéntico que se lleva a cabo, el último párrafo es ya francamente de antología……¡ Cráneo privilegiado!, que diría el Don Latino de «Luces de bohemia», esa obra maestra del esperpento.

  3. Estoy totalmente de acuerdo, siempre entendí que evolucionar es, darse cuenta de ello; eso sí, todavía no estamos de acuerdo en cambiar este aspecto de la relación humana.

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