Hoy he visto este tuit y me ha encantado el detalle de esos padres tan considerados. Y sí, también me ha alegrado el día, y eso solo con leerlo.

Pero no debía haber seguido leyendo los comentarios al tuit (como consejo, no hay que hacerlo nunca si lo que has leído te gusta) porque no han tardado nada en fastidiar lo que tan bien había empezado.

Volar puede ser una necesidad, así que quiero entender que esta pareja no ha tenido más remedio que subirse a un avión con un bebé y con todo lo que ello comporta. Pero preocuparse de hacer una notita tan tierna y de acompañarla de unas chuches y tapones para repartir a los posibles damnificados, denota un respeto que resulta muy poco habitual. Si hubiera coincidido con ellos en ese vuelo, aun en el peor de los casos, ese detalle me hubiera hecho viajar con tranquilidad, o en según qué circunstancias preocuparme más por el malestar de esa sensata pareja que por el mío propio.

Hay, en todo caso –y es algo muy propio de esta época– quien no ha entendido nada o no ha querido entenderlo.

Comentarios como: «Los bebés lloran»; «Es triste tener que hacer esto por la intolerancia de la gente»; «Es un gesto sobreactuado»; «Al que le moleste el llanto que vaya en un avión privado», etc., dan una buena muestra de, sin necesidad de abordar cuestiones mucho más serias, a qué nivel hemos llegado con lo del «tengo derecho» y el puñetero individualismo. Pero el peor de todos, que es el que va disfrazado de progresismo y modernidad.

Lo siento mucho pero no, no tienes derecho a todo. Ni siquiera tienes derecho a cambiar un pañal en la mesa de al lado mientras los demás estamos comiendo, ni tienes derecho a «no perderte tu película favorita» aunque no puedas dejar a tus dos niños con nadie. Y no tienes derecho por más que en el restaurante o en el cine te dejen, respectivamente, ir repartiendo el olor a mierda o los berridos de esas pobres criaturas a las que has encerrado durante tres horas en una sala oscura. Y no, si es por capricho, tampoco a ‘dar el viaje’ a un montón de gente que quizá viaja por obligación.

El sistema ha creado una sociedad de sometidos pero paradójicamente malcriados, egoístas y consentidos, hasta tal punto que demasiada gente está confundiendo los derechos con ‘su’ derecho –eliminando de la ecuación al resto– y la intolerancia ajena con su extraordinario egoísmo propio. Y eso de ‘progresista’ y de ‘colectivo’ tiene lo que yo de obispo.

Ojalá en el futuro veamos muchas más parejas como la de ese avión y muchas menos imbéciles como los y las de ciertos comentarios.

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