RFG, un niño de tan solo diez años de edad, vecino de Madrid, acaba de interponer una querella por casi siete millones de euros contra la popular cadena de grandes almacenes por lo que considera “un sabotaje a mala hostia contra los derechos del niño a disfrutar de unas vacaciones felices y sin pensar en el colegio”.

El querellante dice hablar en nombre de muchos otros miles de alumnos que cada verano, cuando aún faltan dos largas semanas para acabar las vacaciones, sufren el “bajón” de ver a El Corte Inglés diciéndole a sus padres que “reserven ya los jodidos libros de texto porque el jodido infierno ya está ahí otra vez y hay que proveerse de toda esa jodida mierda para que volvamos a la jodida rutina, como Dios manda”, según palabras del propio niño.

En muchos casos, añade el interesado, el alumno en vacaciones ya no es el mismo después de ver el anuncio de reserva de libros de texto de El Corte Inglés. “Nos bañamos en la piscina mirando constantemente hacia el cielo para observar los meteoros y contabilizar el paso del tiempo, dormimos con un ojo abierto para impedir que El Corte Inglés acorte la duración de la noche e incluso andamos, jugamos y comemos a cámara lenta para saborear mejor cada uno de los momentos que nos quedan”, confiesa el afectado.         

El querellante acusa, además, a esos grandes almacenes de alterar el momento cuántico conocido entre los físicos como “colegio-tiempo”, un recurso tangencial que permitía a los niños creer que los dos meses de vacaciones duraban como siete y que los profesores eran almacenados en un silo subterráneo hasta el comienzo del nuevo curso escolar.

El Corte Inglés cree que los siete millones de euros exigidos en la querella es demasiado para un niño “tan repelente”. Los psicólogos aseguran que es una cifra justa.

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