Hay muchas fuerzas, la mayoría oscuras, y otra clara como la de los medios impresos y audiovisuales de la capital, que presionan para mantener un virtual régimen bipartidista en España. Y digo virtual porque, más allá de los partidos nacionalistas y de la izquierda comunista que en el transcurso de 43 años ha tenido un papel casi exclusivamente testimonial y decorativo salvo en eventuales casos de gobernación local, ese régimen no es propio de un modelo latino. Por culpa de la dualidad, no sólo religiosa sino también política, han pasado en este país en el transcurso de un siglo demasiadas cosas, y muy graves, como para aceptarla ahora de buen grado, y con ella el bipartidismo. Pero esto tampoco es casual ni fruto del azar de la Historia. Responde al legado anacrónico del dictador. Una Constitución que contenía la forma monárquica de Estado y un sistema electoral que perjudicaba el multipartidismo decretados prácticamente por sus albaceas testamentarios, consumaron el deseo jactancioso del sátrapa de dejarlo “todo atado y bien atado”, su frase famosa.

Pero, reconozcámoslo: el cerebro y el pensamiento no están escindidos en dos, que es lo que da a entender esa ley impuesta por la puerta de atrás al no haber sido debatida en un parlamento sereno y equilibrado, y principio rector de la política normalizada que quieren asentar los poderes económicos, los políticos, los mediáticos y los religiosos españoles de la post dictadura y de ahora. Todo en contra de los matices y el saber discriminar que son propios de las culturas abiertas y avanzadas. Porque, si bien las preocupaciones de los dos bloques políticos españoles lógicamente distan mucho uno de otro (aunque paulatina y soterradamente los dos partidos principales van convergiendo en la teoría económica neoliberal) las preocupaciones reales (no las que se simulan ante la galería electoral) de los dos partidos que forman parte del bloque de izquierdas, están próximas en la teoría y lejos en la práctica; razón por la que, con otros motivos que sirven de pretexto, puede decirse que nada tienen qué ver.

Todo lo que explica el por qué debe haber muchos partidos, Tantos como sensibilidades y como fines prioritarios; tantos como para hacerse sombra unos a otros y debilitar la prepotencia de los que preponderan desde que España pasó de una dictadura en forma de democracia orgánica a una democracia inorgánica de bajísima calidad, que son en realidad históricamente los de siempre… Por ejemplo, para humanistas, ecologistas y animalistas los gastos militares, como las suntuosidades vaticanas, son una aberración colectiva, sobre todo cuando no hay enemigos a la vista. Su argumento irrefutable es que el alto coste de la “Defensa” debe destinarse a promover la salida del umbral de la pobreza o de la pobreza misma de innumerables españoles. Por ejemplo, para marxistas y socialistas verdaderos, el objetivo es igualar en lo posible la clase de vida de toda la población, en contraste con el objetivo de los neoliberales. Que no es otra cosa que, desde la gobernación, desde nepotismo, enriquecer más a los más ricos y favorecer a familiares, allegados y amigos del gobernante de turno sin más méritos que serlo. Por ejemplo, para territorios que tienen ancestralmente un entendimiento muy problemático con el poder central, su independencia. Por ejemplo, la que tiene como fin prioritario barrer el pensamiento único… Estas y otra muchas y diferentes miras, como la de quienes desean otra forma de Estado, la República, tienen el suficiente fuste como para ser tenidas en cuenta en el concierto de las variables del pensamiento político.

Decía que en el modelo anglosajón, de hecho sólo hay dos partidos. Pero claro, a él precede una filosofía, la idea cardinal del plain life, high thinking que comparten todos los británicos. En España, por el contrario, los ricos valoran demasiado la vida opulenta y desenfrenada, y dan muy poco valor a las ideas elevadas y a la vida sencilla. Y lo que es peor, la conciencia social, esa consciencia del poseedor de que ahí están el necesitado, el oprimido, el que es objeto de abuso o de marginación, en España está neutralizada no por la idea de la justicia social sino por la de la caridad y por la consigna de que el desvalido y el menesteroso, como antes el enfermo, merecen serlo porque no quieren trabajar o es efecto de la voluntad de Dios. Y así sucesivamente.

El pensamiento, en efecto, no está escindido en dos pese a que se empeñen todos los que dominan el escenario de la convivencia forzosa y forzada entre super ricos, ricos, acomodados, dependientes y puteados.

Se me dirá que si actualmente está siendo complicado el entendimiento entre dos fuerzas políticas, con muchos partidos políticos en liza las complicaciones se multiplicarían por el número de partidos. Pero no es así. La evidencia de que hay muchos modos de pensar induce más fácilmente la idea de que todos tienen una cuota de razón, hace más flexible el pensamiento y por tanto más fácil los acuerdos. Mientras que, como viene sucediendo, cuando dos partidos enarbolan ideas teóricamente cercanas bajo diferente bandera, y uno de ellos además está condicionado por los poderes económico, financiero, bancario y empresarial, la tentación de acaparar éste el pensamiento político, y con él el poder, hace trizas la buena voluntad y la resistencia a ceder es mucho mayor. Como se viene viendo y comprobando desde hace ya más de dos meses…

Por todo lo cual hemos de asumir que mientras en España no se haga una revolución institucional en toda regla, sin derramamiento de sangre, y se abra la mano al pluripartidismo, éste seguirá siendo un país atrasado política y moralmente pese a esos frecuentes alardes de tantos y de tantas diciendo y escribiendo que España ocupa el cuarto lugar en importancia de Europa. No sé si eso es así. Lo que sí sé es que ocupa el primero en fanfarronería, en casos de latrocinio público y en despropósitos de todos los colores.

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