Bueno parece ser que en estos tiempos que corren poner o intentar poner algo de cordura es prácticamente imposible.

Pareciera como si no se quisieran solucionar los problemas. Como si todo el mundo ardiendo en indiferencia, autojustificación, bilis y despropósitos, retroalimentasen los insultos y ofensas, demostrando que nada se desea arreglar.

No es mi caso, o al menos eso es lo que creo defender en cada uno de mis argumentos cuando hay alguna cuestión que no me gusta y veo simplemente comentarios o escucho chascarrillos que lo que hacen es aumentar las tensiones.

Como decía Enric Juliana, brocha gorda, cuando lo que se necesita es fino pincel.

Lo cierto es que hay quien cree que la sentencia al Procès es correcta –exigencias legales para unos, mientras no ponemos tanto énfasis en verdaderos agravios colectivos-. Y hay quien ve una barbaridad en la quema de mobiliario urbano, la ruptura de cristales, y largos etcéteras.

Pero cuando se lleva tiempo bajo la bota, o bajo la percepción de la bota, es normal que se produzcan reacciones proporcionales a la sensación de angustia. Y esto no es justificar que un día alguien ponga una “bomba” y nos lamentemos todos, es cuestión de comprender por qué sucede la “bomba”, para que jamás se ponga.

Cualquiera que lea esto, y tenga a bien reconocerse en las leyes emanadas de la Constitución –o incluso sin reconocerse-; fundamentalmente en lo que concierne a los Estatutos de Autonomía, se sentirían agraviados por el mismo motivo que podría sentirse agraviado el pueblo catalán: Imaginemos que nuestro Parlamento, elegido en urnas, decide reformar el Estatuto. Se realiza el trabajo correspondiente y se presenta en la asamblea de diputados del territorio que sea. Una vez allí, dichos diputados electos, aprueban el texto. Posteriormente, dicho texto es enviado a votación en referéndum vinculante, pertinentemente legalizado. Este texto, es aprobado en ese referéndum, y posteriormente ratificado –es decir, aprobado-, en el Congreso de los Diputados del Reino. Es decir, donde se concentran los diputados y diputadas electos por todos y todas las españolas que ejercen su derecho al voto.

Posteriormente, a todo este proceso largo y tedioso, una fuerza política decide llevar el Estatuto de tu territorio al Constitucional, pasándose por el forro de la gónada superior del Reino todo el proceso –impecable en cuanto a Derecho-, anulando el famoso texto. Anulado, básicamente, por contenido idéntico al de otros estatutos… No puede ser más lastimosa la cuestión.

Bueno, en cualquier caso, la autonomía agraviada habría comenzado un proceso –si tuviera cierto sentir democrático- de reivindicación, pues es normal reivindicar y protestar cuando se cometen injusticias.

Lo cierto, es que con el tiempo, las tensiones aumentan por falta de entendimiento entre Gobierno Español y Govern de la Generalitat. Muchas veces contaminadas estas cuestiones con tapadillos de corrupción, y al mismo tiempo azuzados por los comportamientos absurdos del Reino.

También es fantástico reconocer que quienes hoy hablan de represión, en el entorno de la antigua CiU, ayer daban palos al movimiento 15M y otros largos etcéteras.

De todas maneras, resulta tremendamente ridículo banalizar lo que ocurre en Catalunya, como si los y las catalanas fueran imbéciles, manipulados en su integridad, e ignorantes. Borregos detrás de las palabras mágicas de Torra y cía. Un argumento un poco simplista que no ve la autoorganización generada por gente normal –alguna ciertamente excéntrica- pero es de un reduccionismo atroz, pensar que casi se merecen que les revienten un ojo porque los Mossos dependen de la Generalitat, cuando se ha visto lo que ocurre cuando no se cumplen las instrucciones de Delegación de Gobierno. Y sabiendo además cómo funciona la Administración en general. No olvidemos que quien anda por allí, también, es el cuerpo de antidisturbios de la Policía Nacional.

No me sirve, sin embargo, la excusa que acabo de poner: Aquella del “os pegamos para que no nos acusen de sedición”, porque pareciera como si una facción de ese independentismo, quisiera, igualmente, bajo la excusa de la porra, reforzar sus ideas. Pero en esto hay que ser inteligente, y la parte que quizás tiene a bien pensar en un proyecto común entre las naciones que componen el Reino, debería no mandar a la policía a primera de cambio. No judicializar un conflicto político. Haber convocado un referéndum hace años, habría asegurado la permanencia de Catalunya –de iure y de facto-; mientras que la intervención policial del 1-O; la aplicación del 155; el espionaje político; la sentencia del Procès, no hace más que aumentar la desconexión y el hasta luego. Bueno, que yo, por otra parte, doy por hecho, como hace Gabilondo, en lo sentimental.

El proyecto Español es tan frágil…, y bajo condición de realidad, es percibida tan débil por los propios políticos españolistas, que no desearían hacer un referéndum en un contexto en el que permitirlo a un territorio fundamentaría la capacidad de solicitarlo a otros. Cual dominó, parece, España se acabaría. Pero se acabaría porque el proyecto que ofrece España es básicamente una tomadura de pelo –o hay muy poca creatividad para proponer algo decente-. Y así parece: Con una jefatura del Estado corrupta, franquista en sus genes, medieval en su formato, y autoritaria en su ser. Con cloacas del Estado que apestan de Finisterre a Reus, de Cabu Peñes a Tarifa. Con casposidades e injusticias tan abruptas que el proyecto se deshace sin necesidad de secesionismos. Porque, en definitiva, nada convence.

Y defender a España como imaginario sin materialización, tampoco convence a la mayoría, aunque a ciertos sectores les pueda provocar erizamiento púbico.

En general, de primeras, suelo discernir entre acción y reacción para poder hacer una genealogía de hechos que no gustan (ni la acción ni la posterior consecuencia).

He defendido muchas veces que el trato de las Instituciones Españolas en este caso (igual que hace o hizo en otro tipo de protestas) es muy similar a la que ocurre en una relación machista, evidentemente tóxica: La provocación de la histeria y el exabrupto en otra parte –siempre a poder ser en público- haciendo ver a este, que la otra parte se ha vuelto loca, histérica, ha perdido los estribos. ¡Violentos radicales! Escraches que se convertían, según Cospedal, en auténticas amenazas pseudo-nazis… delirios…

Lo mismo cuando a un chaval o chavala le da por ansiedad social, o por resquemor, inadaptación o presión, ataques de ira; o como a quien por esa misma ansiedad el cuerpo resuelve en ataque psicótico o neurótico. La solución parece siempre patologizar la reacción, no resolver la situación que provoca tales comportamientos.

Creo que en que el Estado Español muy acostumbrado a presentarnos su violencia con una justificación desmesurada –como cualquier estado-, y a tapar sus vergüenzas con enemigos internos o externos –como cualquier estado-, ha continuado por esa vía del autoritarismo, tan propia de la idea tradicional de España –¡vivan las cadenas!-. Controlando tiempos de actuación en vistas a reforzar en momentos de protesta la acción autoritaria y represora del Estado.

Es absolutamente irresponsable que un Presidente del Gobierno conociendo supuestamente la situación de su país, convoque elecciones tras una sentencia que, era de esperar, fuera a irritar y generar tumulto. De la misma manera que resulta del todo fiscalizable que una sentencia de esa envergadura sea filtrada a prensa antes de publicarse.

Toda una suerte de despropósitos aparentemente orquestados. Pues parece necesitarse una nueva ETA que justifique la pérdida de derechos y libertades: Esto afecta a todos y todas, no solo al pueblo catalán.

No voy a obviar, por supuesto, a la otra parte. La que podríamos entender como “independentismo catalán”. No obviaré la misma actitud de quienes se hicieron independentistas de la noche a la mañana por conveniencia, con el objeto de tapar sus muy grandes trapicheos –en consonancia por cierto con la corrupción española-. Recordemos que el Jordi peligroso no está en prisión, sino que se espera en Corte que muera, para que entonces quizás podamos saber qué es lo que pasa –o quizás se esté esperando la muerte del Rey Emérito, para ello-, o la muerte de ambos. Ya sabemos que las paralizaciones del los casos turbios de la familia Pujol, precisamente se detienen por miedo –o bajo amenaza- de que estos impliquen al Rey y a toda su coronada familia. Por otra parte, nada nuevo, los Borbones han sido siempre –documentado históricamente está- unos corruptos ladrones de campeonato.

Como decía, hay un sector de nuestra España cerril (y que me perdonen aquellos que se puedan sentir ofendidos por el calificativo), que plantea continuamente la justificación de la represión como forma de solucionar desavenencias en un Estado de Derecho –no me aventuraré a llamarlo democrático, ciertamente, o al menos no en el sentido en el que puedo a llegar a entender la democracia-.

Digo esto porque ese tipo de personas muestran en sus comentarios no querer solucionar un conflicto que a todas luces es evidente, y que demuestran en sus actitudes que lo que buscan es vencer por la fuerza. No quieren, realmente, que los catalanes se puedan llegar a sentir identificados con España, o identificados con un proyecto común que nos reúna de nuevo a todos los pueblos constitutivos de la nación-política: Muy al contrario, los quieren poseer de una forma tremendamente irreal.

Exabruptos tipo: ¡Que se vayan a tomar por culo! ¡A por ellos!, resultan ridículos y contradictorios: Pero si se quieren ir, sois vosotros los que parece no dejarles, si tanto os molestan. Es el típico síndrome machista de posesión en la pareja: Si te vas te mato. Te obligo a estar conmigo, ten cuidado si te vas con otro… La misma actitud machista de posesión sin argumentario. De imposición del estar por estar, sin elemento seductor que posibilite la reconciliación. Parece ser que ese casposismo atraviesa cualquier espacio de relación.

Quiero recordar aquí que España es una casualidad histórica, como todos los Estados, y que en su conformación están todas las unidades políticas medievales, que mediante matrimonio de ciertos monarcas –no voluntariedad de sus gentes-, y conquistas, se convirtió en lo que hoy es. Esas unidades políticas a lo largo de la historia han demostrado ser sujetos soberanos de primer orden, que han reclamado su soberanía política en diferentes momentos de la historia, y de facto la han ejercido. Con ánimo independentista o sin él. Y por cierto, nada quita que un pueblo se autoconstituya en un momento dado sin falta de relatos históricos de ningún tipo.

Quien crea que España es una realidad política, jurídica, cultural, etcétera, uniforme está pecando de ignorancia, y está queriendo imponer la visión de lo que le gustaría que fuese, en una realidad que la contradice por activa y por pasiva. Esa uniformidad se ha intentado imponer de muy diferente forma, sea desde una Monarquía que reconocía cierta diversidad jurídica, económica o cultural de sus territorios, o desde una posición tremendamente aberrante, fundamentalmente desde la llegada de los Borbones, y ya en la sobrada máxima, durante el Franquismo. Y de ahí consideraciones tales como “Asturias es España y el resto tierra conquistada” –que vendría a evidenciar en la misma retórica, que Asturias es una cosa y el resto, evidentemente otra-. O que “Asturias es la Cuna de España”, cuando evidentemente España no existía en el siglo VIII. Dejan atónito a cualquiera que razone mínimamente –como chascarrillo, y tal puede funcionar, pero no es legitimador de nada-. Esta cuestión, que me encanta, me hace especial gracia, pues siempre pensé: “Contra! Cómo a Pelayo, ástures y cántabros, no les dio por poner al reino el nombre de España…, en vez de Asturias”; “o cómo no se le ocurrió al Reino de Navarra… o al de Aragón… o a los Condados Catalanes…Cómo no al de León… o cómo no al de Castilla…”.

Lo mismo me ocurre con la Reconquista… Es difícil reconquistar algo que estuvo bajo dominio musulmán 700 años, se llama conquista. Y de tal manera el exabrupto covadonguista lo señala: “Asturias es España y lo demás tierra CONQUISTADA”. De todas formas es parte del racismo intrínseco del españolismo… que consideran Reyes “españoles” a los visigodos que estuvieron tres días, y nunca incluyen a los califas o señores de taifas… que anduvieron por la Península más de siete siglos.

En este sentido me encanta este párrafo de “Nacionalidades” de Pi y Margall, un señor que habría que rescatar para salvar el proyecto de Nación-Política si es que a ello se aspira: “La reconquista del suelo contra los árabes fue precisamente la que trajo la división de la Península en multitud de naciones y emiratos. Citarla para hacer sagrada la nación de ahora, es verdaderamente un contrasentido. Duró siete siglos, y es probable que hubiese durado setecientos, si hubiese debido llevarla a cabo el solo reino que fundó Pelayo. La hizo, no la nación española, sino las de Asturias y León, la de Castilla, la de Navarra, las de Cataluña y Aragón, y la de Portugal, separadas por sus rivalidades y sus odios más aun que por sus fronteras. Tomó la de Aragón las islas Baleares, y bajando por Valencia, llevó hasta Murcia sus vencedoras armas.”

Ni qué decir tiene, que se nos presenta la “Reconquista” como un proceso de Cruzada unitaria de unidades políticas diferenciadas con un objetivo supuestamente común… No es así. Tanto no es así, que los llamados reinos cristianos anduvieron dándose de golpes entre sí, unas veces aliándose con los musulmanes, otras atacándose entre ellos, generando alianzas matrimoniales no ubicadas en sentidos nacional-políticos, sino en sentidos de posesión, pues aun conviviendo efectivamente diferentes naciones étnicas y culturales en las diferentes coronas y reinos, el suelo pertenecía a señores concretos, no al Pueblo [que es el sentido de nación-política que hoy le damos a España y que se materializa por vez primera en 1812. Hijo este concepto de las revoluciones del XVIII en EEUU y Francia].

No vivimos en la fantástica tierra que imagina VOX, o el PP, o Ciudadanos, ni ciertamente el PSOE. De la misma manera que Catalunya no responde en exclusiva a las aspiraciones independentistas. Pero sí que existe un sentimiento común fundamentado en el pueblo catalán que también atraviesa, obviamente, a los sectores no independentistas: y esto es el soberanismo y la sujeción política del pueblo catalán –que es el protagonista en estos años convulsos-. Todo ello se mezcla, enturbia y estigmatiza con el mantra del nacionalismo –que se confunde interesadamente con lo anterior-; como se hace confundir adrede que las naciones constitutivas del Reino son aquellas cuyos parlamentos tienen representación más o menos importantes de fuerzas nacionalistas. Confundir un concepto “nación”, con una ideología “nacionalismo”, nos condena efectivamente a todos y todas.

Que por cierto, ese nacionalismo parece nada más existir en la periferia, como si no existiera el nacionalismo español que resulta impactante, es transversal, y se mimetiza en el sentimiento español, generando una Anti-España nacida como concepto en el siglo XIX y fortalecido en el siglo XX. El españolismo recalcitrante es racista con sus prójimos y destierra de la españolidad a todo hijo de vecino. ¿Cómo se puede construir un Estado basado en la unidad formal, si la idea que lo constituye desplaza a la mitad de sus habitantes? He aquí el Estado Monárquico Borbónico llamado España.

Por otra parte, también las izquierdas piensan que el internacionalismo es la inexistencia de naciones o fronteras. Esto ciertamente es falso. Es la propuesta marxista y anarquista contra los nacionalismos opresores de los Estados Burgueses, planteando que los problemas no son entre culturas diferentes, o entre realidades nacionales diferentes, sino que es de clases. Evitando así posiciones racistas o xenófobas dentro de las clases ciertamente oprimidas. Pero ese internacionalismo también habla de interrelacionar la solidaridad entre las distintas naciones. En este caso, por ejemplo, la atención de esas izquierdas debería ponerse en la genealogía del conflicto –para poder solucionarlo de manera satisfactoria-, y por otra parte solidarizarse ante el abuso del Estado, en este caso del Reino, dando ciertamente igual si se está o no a favor de la independencia catalana.

La situación de Catalunya está demostrando –aunque ya lo demostrara el Estado en otras luchas y conflictos- que la libertad de expresión, la libertad ideológica, la desobediencia civil, la manifestación y derecho de reunión, el votar –capacidad de decisión en una democracia representativa-, están en peligro. Están en peligro no porque se produzca una represión específica ante un movimiento, sino porque se persiguen las formas. Este Estado equipara meter una papeleta en una urna, por ejemplo, con meter una bomba debajo de un coche, pues los efectos penitenciarios terminan siendo parecidos. Aunque aquí hay un gran matiz, si el “atentado” o “violencia” o ese altercado lo produce uno de los catalogados como “Enemigos de España”, es decir la llamada Anti-España, parece sacrilegio. Si el “atentado” forma parte de las raíces profundas de lo que representa el Nacional-Catolicismo…entonces…bueno… O si es perpetrado por las altas esferas de la sociedad… bueno… entonces…bueno…

Podemos así, comparar –aunque las comparaciones son odiosas-, el nivel de contundencia y rapidez en los procesos de judicialización de humoristas, independentistas, trabajadores, quincemayistas, tuiteros, artistas de muy diverso tipo, personas claramente ubicadas en posiciones de izquierda transformadora-, frente a casos de corrupción, desfalcos, prevaricaciones, amiguismos, redes clientelares, abusos de bancos…

Parece ser que se absuelve al mismo tiempo que se condena con contundencia a ciertas partes, a guardias civiles que entrando en un bar introducen en la boca balas a unas personas sentadas, obligándoles a cantar el Cara al Sol (absueltos). Parece ser que un fascista claramente puede intentar asesinar al Presidente del Gobierno (Pedro Sánchez, en este caso), Manuel Murillo –No sabe / No contesta-. Parece ser que un litro de aguarrás es una preparación a la insurrección armada, pero el depósito de armas de los nazis de la operación Pánzer (absueltos) es juego de niños –os invito a buscar las fotos de la incautación de la Guardia Civil-. Parece ser que Rafa Mora (personaje televisivo y simpatizante de España 2000), puede permitirse dar una paliza a un Guardia Civil (300€ multa); el Torero Pirata Juan José Padilla (amante del aguilucho) puede propinar una paliza a unos polis (400€ de multa); o el nieto de Franco atropellar a unos guardias civiles –no queremos introducir aquí a la Grande de España Condesa Esperanza Aguirre- (absuelto)… Mientras que unos chavales de Altsasu en una pelea de bar con unos guardias civiles fuera de servicio, resultan hechos presos con más de 1000 días de prisión provisional… No hablemos ya de las operaciones de falsa bandera contra movimientos sociales, en Madrid, Catalunya, Asturies, Andalucía, País Vasco…

Ni qué decir tiene que en este Estado puedes amenazar de muerte a un dirigente de izquierdas o soberanista, pero no hacer chistes sobre Carrero Blanco… O casos graves de persecución cultural como el de los Titiriteros, raperos perseguidos por sus canciones, músicos en general, humoristas, actores como Willy Toledo (perseguido por Cagarse en Dios en un comentario en red social…) en un claro retroceso de los derechos y libertades generales –que nos afectan a todos, porque sirven de excusa para que mañana tú o yo seamos los terroristas-. Sin hablar de los casos burdos de invención de noticias como el Informe PISA que intentó acabar con el recién constituido Podemos, que generó un estado de opinión tergiversado, intoxicado y claramente manipulado, hacia una formación que amenazaba la posición de Los de Siempre.

Parece que no se puede hablar de indultos pero PP y PSOE han indultado a verdaderos golpistas –sin hablar de reducciones de condena impresionantes a quienes entraron pegando tiros en el Congreso, hoy recibiendo homenajes, y sacaron tanques a la calle-. Han indultado a corruptos, amigotes de los de siempre. Indultado a terroristas de estado (GAL). Han obstaculizado investigaciones –como comparecencias sobre Caso Villarejo, sobre el Rey Juan Carlos I y sus negocietes… Han indultado incluso a torturadores condenados por ello –caso de los Mossos de Escuadra condenados en 2009 por el Supremo-. Puesto medallas y condecoraciones a torturadores franquistas como Billy el Niño, o renovado títulos nobiliarios (Franco, Primo de Rivera: Estos últimos durante gobierno del PSOE).

Es verdad que el Estado necesita provocar una respuesta violenta para autojustificarse, siempre lo ha hecho; y en el caso de la territorialidad está claro que tiene las de vencer, pues cuando intentaron criminalizar a los mineros en el 2012 se encontraron con una respuesta muy distinta de la sociedad española. El pueblo confraternizaba con lo que consideraban heroísmo por alzarse prácticamente en armas contra el sistema. En ese caso, lanzar cohetes contra la policía y la guardia civil parecía estar más que justificado, o entraba dentro de cierto imaginario complaciente.

O las protestas y disturbios de Gamonal en Burgos, o la acción de sabotaje en el soterramiento de Murcia, o tantas y tantas acciones que en lo social encuentran mayor respuesta favorable que, simplemente votar en una urna que en este caso se ha considerado sacrilegio.

Somos muchas veces tremendamente estúpidos, pues consideramos que la sentencia al Procès únicamente parece afectar a los hechos acaecidos en Catalunya en ese contexto, pero sienta precedente. Siembra un precedente y da alas al nacional-catolicismo que parece coger impulso y atravesar las tres derechas y el centro derecha estratégico que representa el PSOE –o mejor dicho su cúpula, pero que no deja de descansar en el beneplácito de quienes les votan-.

Como parece ser que el movimiento es soberanista –en cuanto a la relación jurídica con el Reino de España-, la supuesta izquierda no se puede permitir el lujo de condenar despropósitos del Estado, o de alguna manera se blanquea hablando de Torra y Puigdemont, como si verdaderamente ellos fueran alguien. Elemento este que no deja de representar una suerte de “trampa al solitario”.

Dejaron de serlo –alguien-, en el mismo momento en el que su propuesta circunstancial –la de la independencia para tapar sus vergüenzas- se les fue de madre. En concreto se le fue de madre a Artur Mas, que jamás fue independentista, y tuvo que ser sustituido por unos personajes que tenían mayores convencimientos en cuanto a la desconexión con España. Ahí entra en juego Puigdemont y Torra.

Nos olvidamos sin embargo, de que en el movimiento catalán por la independencia se articulan sectores sociales diversos, y que cuanto mayor es el despropósito del Estado, el aumento en apoyo del independentismo resulta proporcional. Así del apoyo absurdo que podía tener el independentismo en 2006 (fecha fatídica para las relaciones entre España y Catalunya, por culpa del PP y su obsesión de la anti-España, y su sonado “boikot” a los productos catalanes…Como si perjudicar la economía de una Comunidad, no perjudicara la del Estado en su conjunto…), hoy nos encontramos con un mayor apoyo, y en consecuencia un mayor ridículo internacional de un Estado que está viendo continuamente cómo la Justicia Europea le avisa de cometer flagrantes incumplimientos de los Derechos Humanos (desde la condena a Otegi, torturas, libertad de expresión, protección de datos por espionaje de una empresa a sus trabajadoras, incumplimiento de años máximos de permanencia en prisión) o sentencias del Tribunal de Justicia de la UE, como la de cláusulas suelo y paralización de desahucios sin alternativa habitacional.

Se dice, como en alarde justificador de la represión ejercida por el Estado, que ¿Qué Estado en una situación similar no habría hecho lo que ha hecho el español? Como Estado, obviamente, nos espera represión, potencialmente en cualquier momento, y fundamentalmente cuando este se ve amenazado por una fuerza, o fuerzas, que lo desestabiliza. Pero ciertamente, en uno relativamente democrático, y en este caso, ocurre lo que sucede en Reino Unido, o en Canadá. Y en ellos, suceden igualmente situaciones claramente aberrantes de vejación –por otros motivos-, equivalente, en Derechos Humanos. Pero en el caso que nos ocupa, claramente se da una solución lógica, democrática y pactada. No un ejercicio de fuerza, de ver quién la tiene más larga.

Curiosa, igualmente, fue la respuesta del diputado danés Pelle Dragsted a Ferreras:

Ferreras: “Imagínese que en Dinamarca alguien proclama la independencia de un territorio, saltándose la ley…”

Dragsted: “Aquí tenemos el caso de Groenlandia, y ellos tienen derecho a decidir su futuro”. El hecho de que Groenlandia pueda decidir su futuro no ha implicado la independencia. La misma suerte en Quebec o en Escocia. Precisamente, en el segundo caso, es más factible su separación, por la separación de Reino Unido de la Unión Europea, que sin el aspaviento inglés ante el absurdo interesado –muy en la línea de salvar vergüenzas propias bajo el telón del Brexit-.

Se llama querer solucionar un problema, no reprimir nada como si ello fuera a vencer la realidad de las cosas. Lejos de reducir su presencia, aumentará la sensación de agravio, y con ella la tensión. El Estado Español por más que lo intente no va a borrar de un plumazo la identidad de sus pueblos –algunas se mantendrán latentes, y en otras a la mínima saltarán-; tampoco borrará de un plumazo la querencia de gran parte de la sociedad catalana de separarse de España.

Por tanto, y a bote pronto, vías rápidas de resolución (dado el clima de tensión actual):

  • I – Mesa de Resolución con representación del Gobierno Español –o mejor: una comisión multipartidista avalada por el Congreso de los Diputados, encabezada por el Presidente del Reino, y Representación de las fuerzas políticas representadas en el Parlament, encabezada por el President de la Generalitat-.
  • II – Indulto inicial en Semana Santa –el famoso indulto católico- sino total, especificado en los Jordis con posibles indultos posteriores.
  • III – Como propuesta básica:
  • (a) Referéndum en Catalunya, siguiendo el modelo escocés.
  • (b) Y apertura de un Proceso Constituyente en España –sabedor que este segundo paso es más utópico que cierto, dado el contexto actual-.
    En todo caso, ese Proceso habría que desplegarlo territorializado y tematizado. Y refrendado muy posiblemente, e igualmente, por secciones para evitar paquetes contradictorios, o trampas –como en la anterior redacción del 78-. Soy consciente de que resulta tremendamente complejo la organización y coordinación de esta propuesta en su segunda base, pero intenta generar una solidez en el producto final, que actualmente hoy se ha demostrado insuficiente e insatisfactoria por los contextos históricos en que se dieron.

10 COMENTARIOS

  1. Gracias por tu pausado y extenso artículo. Yo soy catalán aunque desde hace mucho vivo fuera. No entiendo el independentismo. Creo que entre unos y otros les estamos haciendo el juego a los políticos auténticos responsables de la fractura de nuestra convivencia. Mi utopía es la ciudadanía global, la igual dignidad de todos, el valor del apoyo de todos y entre todos. Puedes comprender que no valoro para nada líneas sobre un mapa y en muy poco las banderas. Todo ha sido usado históricamente por los que se llaman representantes de la ciudadanía. En Madrid y en Barcelona. Me siento esclavizado por estos personajes y la única solución, mi utopía, es no consentir que nos dividan a los ciudadanos. No me gustaría que los ciudadanos de Cataluña se separe del resto con los que hemos compartido tanto. Creo que a nivel humano cualquier fractura es un desastre. No obstante, suerte para todos. Y de nuevo gracias por tu sosiego. Lo necesitamos.

    • ¿No entiendes el independentismo? Muy fácil: el anhelo de ser sí mismo y decidir por sí mismo y para sí mismo. Catalunya: incorporada a la corona borbónica por la fuerza de las armas en 1714, gracias a que los ingleses retiraran su apoyo a los austriacistas a cambio de Gibraltar y Menorca. Historia más reciente: 18 nuevos estados nacidos en Europa tan sólo en el Siglo XX, todos ellos procedentes de procesos de separación o escisión. ¿Lo vas entendiendo?

  2. Lo he pensado muchas veces leyendo la Constitución, Constitución que nos endilgaron los políticos franquistas, que se habían acostado siendo adictos a una dictadura y se levantaron demócratas de pura cepa, ¿El porque unos artículos son de obligado cumplimiento so penas de cárcel, y otros se soslayan y no hay manera de que nadie los ponga ante los tribunales? Y no es menos, ese horror a la “violencia” que con tanto tesón nos lo inculcan los dirigentes de los partidos progresistas, como los de la extrema derecha, pero para todos ellos la violencia es la de un manifestante que arroja una botella a los antidisturbios, o hecho similar, pero no para el policía que le da un porrazo en las rodillas a un manifestante que porta una señera (visto en un video y que nadie comento), o disparar a la altura de la cabeza una pelota de goma y deja tuerto a un manifestante ¿Eso no es violencia? Así nos luce el pelo.

  3. Como dicen que dijo Einstein, ‘Cualquier tonto vale para complicar las cosas, pero hace falta un genio para simplificarlas’. Está claro que nos sobran tontos y nos faltan genios.

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