Durante los treinta y un años que transcurrieron entre 1986 y 2017 hemos sido testigos de los tres intentos de la Catalunya más inquieta por actualizar su vinculación con España, siempre con una innovadora estrategia política consistente en la combinación de intentos de negociación, movilizaciones pacíficas y “fiestas de la democracia”.

Los sucesivos fracasos cosechados por unos catalanes que nunca renuncian ni renunciarán han conducido a que un día cualquiera, como el 29 de octubre de 2019, lleguen a coincidir tres hechos tan relevantes y delirantes como estos:

Carmen Calvo amenazando a Bélgica el mismo día que un juez belga tiene que decidir sobre Puigdemont, y en caso de que decida no enviarlo a España tras ser requerido por un juez español, más el periodista Carlos Alsina haciendo de notario de “vicepresidenta pillada” con su sonrisa de niño travieso.

El juez Marchena, más que nunca juez y parte, demorando dos años la inevitable aplicación de una sentencia firme del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que condenó a España por culpa de una sentencia injusta del propio Marchena, casualmente contra Atutxa y otros dos políticos nacionalistas.

Y Lesmes, presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ, llamando “ciegos irracionales” a millones de catalanes delante de un montón de militares, miembros de un ejército que ha acreditado su condición de muy peligroso a lo largo de la historia, y más en España.

Por suerte, “El Jueves” ha respondido con la agilidad a la que nos tiene acostumbrados y ha colocado en portada la exclusiva del año:

“¡Por fin llega el primer reconocimiento internacional!: La Organización Mundial de la Salud reconoce el Procés Catalá como enfermedad mental”.

No se rompa de risa, por caridad.

Ahora procede retroceder treinta y tres años para preguntarnos cómo se ha vivido desde Catalunya la relación con España, y viceversa.

Tenemos tres respuestas nacidas de las urnas. Por tanto, democráticas, y que reflejan perfectamente la evolución de esa vivencia.

Ante las elecciones generales de 1986 el político catalán Roca construyó una coalición en la que, además de CiU, se integraron el PDL, con base en Madrid y Garrigues Walker implicado, la Unió Mallorquina, el Partido Riojano Progresista, Convergencia Canaria y Coalición Gallega. Es decir, fraguó un intento de implicación total en la política española impulsado desde Catalunya. Los resultados fueron los siguientes:

En toda España, exceptuando Catalunya, aquella coalición, que se denominó Partido Reformista Democrático, consiguió 194.538 votos y ningún escaño, esto último gracias a la ley electoral aprobada con la mayoría absoluta del PSOE en 1985.

En cambio, la candidatura que impulsó esa coalición en el resto de España consiguió, solo en Catalunya, 1.014.258 votos y 18 escaños, lo que implicó un incremento de 241.532 votos y 6 escaños respecto de los resultados de 1982, O, lo que es lo mismo, un 31,26% más. Tal éxito electoral del catalanismo autonomista en Catalunya entre dos elecciones generales sucesivas no volvería a repetirse, aunque si estuvo cerca en una ocasión.

En pocos segundos sabremos cuando ocurrió de nuevo, pero justo es recordar que fueron los catalanes, tanto los políticos como un electorado que empujó con fuerza desde las urnas, quienes dieron el primer paso para lo que hubiera implicado un fortalecimiento de la identificación de los catalanes con España. A fin de cuentas, creyeron en España. Tanto que hasta les costó dinero. Y estamos hablando de catalanes.

¿Cómo respondió el resto de España a aquel intento? Cuando la respuesta son 194.538 votos de un censo de más de 20.000.000 (descontando el de Catalunya) sobran las palabras. O sirve una: desprecio. Democrático, por supuesto, pero desprecio. Evidentemente, tardaron mucho en recuperarse del disgusto y volver a intentarlo.

Pero se atrevieron, exactamente veinte años después. Ya sabe usted a que me refiero porque, a estas alturas, nadie, ni siquiera los culpables, se atreven a poner en duda que la estrategia del PP, cultivando en toda España el odio fácil contra lo catalán a cuenta de un nuevo Estatut que también fue aprobado en urnas más que legales, y no solo de las que se ponen en colegios electorales, más la sentencia destructiva del Tribunal Constitucional en 2010, contraria a la democracia en mi opinión, fueron los aceleradores de la crisis actual. Aguirre, del PP, lo reconoció cuando aún mandaba algo, en marzo de 2015, y ninguno de los suyos ha osado corregirla.

Sí, fue una sentencia contraria a la democracia. ¿O acaso nunca nadie en la historia moderna ha destruido la democracia desde las propias leyes de la democracia? ¿Dónde está escrito que España no pueda devorar a sus demócratas?

Lo prometido siete párrafos antes es deuda. Sí, fue precisamente en las elecciones generales de 2011, las siguientes a la sentencia más incendiaria de nuestra historia hasta entonces, y hoy quizás superada por la del Supremo del mismo Marchena contra Junqueras y sus colegas, cuando los autonomistas de CiU, ya en inevitable tránsito hacia el independentismo, volvieron a conseguir un gran incremento de votos respecto de las elecciones anteriores: un 30,31% más que en las urnas de 2008.

Y años después, el tercer intento en dos entregas, jamás se podrá acusar a los independentistas catalanes de ocultar sus intenciones. Y también reincidentes con lo de las urnas y, por tanto, con la democracia por bandera.

El 9 de noviembre de 2014 y el 1 de octubre de 2017, dos convocatorias ante las que el gobierno de España nunca descolgó, tampoco, ningún teléfono para hablar de política. Y no estábamos en campaña electoral.

La petición de un referéndum pactado que aún hoy, y con un alto coste político porque cuestiona el histórico de 2017, sostienen muchos independentistas no es sino un nuevo intento desde Catalunya para actualizar la relación con España, pues tendrán que asumir el resultado siempre incierto de las urnas.

Terminaremos tal como comenzamos, buscando la verdad en los hechos que adornan nuestro día a día.

Mientras en el resto de España se les recibe con vítores y aplausos, y se anuncian condecoraciones a los policías nacionales y guardias civiles que han ido a apalear catalanes movilizados contra la sentencia, la Generalitat inicia una investigación sobre 15 casos de abusos cometidos por su policía autonómica contra esos mismos movilizados, sus propios vecinos.

¿Qué gobierno se está atreviendo a coger por los cuernos uno de sus toros más difíciles, como lo es cualquier asunto que cuestione a sus fuerzas represivas?

¿El de España o el de Catalunya?

La respuesta no admite ninguna duda y eso demuestra que los supuestos problemas de convivencia en Catalunya solo agarrotan al Gobierno de España.

(Todos los números y porcentajes utilizados en este artículo se han obtenido a partir de la información electoral disponible en el Ministerio del Interior).

11 COMENTARIOS

  1. El Govern investiga a sus mossos no porque lo hayan hecho mal sino porque necesita contentar a CUP y CDRs, es decir, el poder en la sombre que, a juicio de la presidenta de la AMC, internacionaliza la revolución «pacífica».

    • Sea cual sea el motivo, cosa que siempre es opinable, si el finalmente los representantes elegidos en las urnas se atreven a vigilar los posibles excesos de las fuerzas represivas el resultado solo puede ser bueno, y eso no es tan opinable como cualquier especulación (salvo que estén haciendo teatro).

  2. Sigo tus artículos, Domingo, con gran interés. Creo que la suerte esta echada.En mi pueblo, en Girona, en la carretera, hay sendos letreros de tráfico, que no pancartas, que informan que el municipio está adherido a la República Catalana.. Alguien podrá replicar que dicha República aún no es efectiva. Es cierto. Pero los carteles de chapa de señal de tráfico, son bien reales. La desconexión emocional es absoluta………

    • En abril de este año, en las elecciones Generales, en mi pueblo, con un 84,49 % de participación, votó por el PP el 1,34 %, por el PSOE el 8,63 % y por Ciudadanos el 3,22 %. Entre los tres partidos ni el 15 % del voto. La proporción no es la misma en el Prat o L’Hospitalet. Pero si el Estado y la sociedad española en general, no quieren una votación sobre la independencia en Catalunya, es porque flota en el ambiente la sensación de que ganaría el NO. Lógicamente, el No a España.

      • Los resultados de tu pueblo no pueden ni deben extrapolarse al conjunto de Cataluña pues no olvidemos que el partido más votado en las últimas autonómicas fue Cs. Estoy seguro de que los resultados ahora no serían los mismos ya que los últimos acontecimientos pueden inclinar la balanza hacia uno u otro lado, depende del voto oculto.
        Y si, a la larga siempre cabría un referéndum pactado en el que, mediando la reforma necesaria de la Constitución (lo siento, soy jurista y legalista), podríamos votar todos los españoles quizás, porque no, sobre la base del 65% quebecquoi. Conozco a muchos que les importa un bledo Cataluña y optarían porque esta se hiciera el harakiri pero yo particularmente votaría que no porque desde pequeño me enseñaron a quererla y quiero seguir haciéndolo a pesar del independentismo “Pacífico”, el victimismo, el dañino pujolismo, etc.
        Y seguiré alabando y promocionando los productos catalanes frente a los que reclaman su boicot, personajes tan siniestros y mendaces como los que promueven el boicot a los productos españoles.
        Siguiendo a Jean Paul Juncker en su reciente despedida como presidente de la CE, creo que es necesario alejarse de los nacionalismos estúpidos (lo dijo él) que tanto daño hacen a la construcción de la UE, una construcción en la que Cataluña se juega el estar o el no estar.

  3. En cualquier caso y por respeto a Domingo Sanz, a quien sigo, manifiesto mi opinión. Cuando la lucha sea a nivel económico, sin perjuicio de las consecuencias, se tornará una situación muy difícil de soslayar. Si 100.000 clientes de Movistar, los mismos de Endesa , de la Caixa, Santander, Sabadell, etc y de otros servicios estatales, se dan de baja, cambiando de proveedor al mismo tiempo, el caos está servido. Ya no hablo de no ingresar el Iva por una parte de las más de 600.000 empresas que hay en Catalunya. O el IRPF. Eso supondría el nerviosismo de los acreedores. O sea. Los auténticos dueños de España por su deuda. Un estado que no puede dejar de cumplir con sus obligaciones diarias, incluso el pago de las pensiones catalanas, si no quiere dejar de existir. En fin, una situación desagradable y bien complicada…Quien crea que los catalanes vamos a aflojar, no está en la realidad. Dejo para otro día la dificil situación de los que, viviendo en Catalunya, no son catalanes.Y votan a partidos anticatalanes……

    • Gran error, amigo: ¿quién no está conmigo está contra mí?, ¿no votar a partidos independistas significa ser anticatalán?, ¿es que todos los catalanes deben ser independentistas?, ¿no se acepta el que haya catalanes no independentistas?¿dónde está la democracia y el respeto al libre pensamiento de los otros?, ¿será cierto lo del supremacismo?

  4. Ser catalán es ser catalán y punto. Ser catalán y pensar en castellano es
    imposible. Son intereses diferentes. Y ante intereses diferentes, cada uno elige su bando. El mío es el catalán. Lo entiendes ?

    • Pues no lo entiendo y creo que tú tampoco. Conozco a muchos catalanes, que piensan y hablan en catalán y se sienten españoles y catalanes. ¿Cómo se encuadran? Eliminarlos de un plumazo es un criterio muy propio del supremacismo y muy vinculado al propio franquismo que se dice combatir. ¿Eliminamos a media Catalunya previo examen de gramática y pensamiento? Visto lo visto, creo que tu reflexión se contradice con el “España no nos quiere”; colijo que es al revés pero vende menos.
      Deberías reflexionar un poco sobre todo esto pues estás a un paso de saludar con el brazo en alto…

  5. Y que intereses tiene un catalán,aparte de la pela,…eres un zoquete,en el siglo XXI tirar de nacionalismo,
    como en el sgiglo XIX,es querer viajar en carreta de bueyes.

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