Ahora que les veo en su salsa en la campaña electoral, me doy cuenta de que estoy sobrepasado por la política. Por la política y por los políticos españoles de dos partidos turnándose cuarenta y tres años, a los que se han sumado después otros dos oportunistas de la crisis catalana. Uno contribuyendo a provo­carla al arremeter contra la aspi­ración de referéndum de una inmensa mayoría de catala­nes, hartos del miserable talante de los gobernantes espa­ñoles, como si fuesen el enemigo a batir. Y el otro aprove­chando la misma coyuntura tras venir preparando con astucia desde hace muchos años, la vuelta del franquismo. Ese cuyos antecedentes se reconocen en un general franquista que con frecuencia soltaba esa frase abyecta que dejó testimonio del canalla: “cuando oigo la palabra cultura, cojo mi pis­tola”.

Pero en cualquier caso todos los políticos de los cuatro partidos mencionados, salvo la excepción de los opacos, hacen de la política una verbali­zación asquerosa y una actividad repulsiva incompatible con un pensamiento mínimamente intelectual. Ese decir y desde­cirse, ese embrutecimiento persistente de la lógica formal, esa am­bición indisimulada por hacerse dueños del poder, ese despre­cio a los desposeídos, ese saberse juguete de los poderes económicos y eclesiales sin hacer nunca alusión a su vasallaje inte­resado ni pedir perdón por ello; ese no alegrarse, en fin, de que otro ciudadano quizá con más merecimientos que ellos sea elegido en su lugar, como cuenta Montesquieu de un senador de la antigua a Grecia, hacen del prototipo de político español un pe­timetre, un lechuguino, un pisaverde, un truhán; y de la polí­tica, un que­hacer grotesco, absurdo y casi irracional. Quien re­cuerde la Se­rie South Park, verá en todos ellos a los adultos estúpidos en contraste con los niños super lúcidos de la Serie, que so­mos todos los demás…

Pero por si fuera poca nuestra frustración casi medio siglo des­pués de la dictadura ellos, su maniobrar constante y lo sucedido a lo largo de ese tiempo me sugieren que si la Historia de la reali­dad del mundo es la historia del consenso de unas cuantas mi­norías, la Historia de la realidad española es la historia de una conspiración permanente de los tres poderes del Estado contra los débiles sociales y contra los territorios indómitos.

2 COMENTARIOS

  1. Estoy de acuerdo en general con el texto, pero discrepo en la expresión – los tres poderes – mi experiencia me inclina a pensar que, en general, se ha convertido en uno solo, con muy sutiles diferencias.

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