28 semanas después, PSOE y Unidas Podemos anunciaron ayer un preacuerdo para gobernar al alimón. Algo tarde, pero parece que por fin la izquierda insomne ha descubierto las benzodiazepinas. ¿Que la presencia de algunas compañeras en el Consejo de Ministros te impide dormir a pierna suelta? Lorazepam (Orfidal) hará que descanses como un bebé. ¿Que sientes una fobia incontrolable por las coaliciones? Lorazepam te ayudará a adorar los pactos de gobierno. ¿Que no puedes aguantarte las ganas de vetar a tu socio preferente? Lorazepam te permitirá dominar tus instintos y apreciar las virtudes de tu vicepresidenciable. Así de fácil. Solo hacían falta unas pastillas. Tal vez, unos cuantos palés de ellas. Con eso ha bastado para que los gurús del PSOE empiecen a percibir lo incómodo como inevitable.

Con eso y con unos resultados del 10N que han cambiado el panorama y han estrechado las opciones del candidato más votado, dado que:

A) La posibilidad de gobernar con el extremo centro cuñadano se ha esfumado con los 2,5 millones de votos y los 47 escaños que los naranjas han traspapelado en estas 28 semanas (un saludito a su ya expresidente y a quienes, con él, consideraron buena la idea de acudir a un debate con un adoquín).

y B) La opción de gobernar en solitario con el beneplácito del PP también se ha desvanecido, arrastrada por una paradoja de la aritmética parlamentaria: las 52 sillas de los voxarras convierten la abstención de los populares en insuficiente y, por tanto, en irrelevante. Además, la madre gaviota es muy consciente del riesgo que corre de ser devorada por sus propios polluelos, y no podría abstenerse con los pollos tan crecidos.

Descartada, por suicida, la baza de hacerse un Mariano y dejar correr el turno (lo que nos llevaría directamente a unas terceras elecciones, pues el Insomne es el único presidenciable con opciones), solo quedan dos salidas: gran coalición o pacto por la izquierda (hay una tercera posibilidad, un plan B del que luego hablaremos). Y en esas estamos, en el pacto por la izquierda. Por lo visto, en Ferraz no han considerado que hubiera emergencia suficiente para quemar las naves en una gran coalición. Si fallara el lorazepam…, ¡quién sabe!

Del Pacto del Lorazepam, lo único que se ha hecho público hasta ahora son unas vagas directrices plasmadas en un minidocumento que no pasa de ser un compendio de buenas intenciones. El texto, breve, no es precisamente un borrador constitucional, pero por momentos da la sensación de que lo pretende. Es como el preámbulo de una carta magna, pero escrito en un hilo de twitter. Ya veremos cómo y en qué se sustancia cuando haya que hablar de medidas concretas: derogación de reformas laborales y ley mordaza, publicación de listas de amnistiados fiscales, regulación de sectores estratégicos con sus puertas giratorias, recuperación de rescates bancarios, apuesta por lo público… A ver qué sale. Conjurémonos, eso sí, para no volver a oír de la izquierda alternativa ingenuidades como aquella de renunciar a los ministerios importantes. En mi tierra, a eso se le llama tirarse los pájaros a las escopetas.

De momento, y a raíz del preacuerdo anunciado, los de a pie vamos a poder tomarnos un respirito. Tras muchos meses de incertidumbre y de campaña estridente y agotadora, por fin una pausa tranquilizadora para una mínima esperanza. Se agradece, después de una noche electoral que dejó escenas nada edificantes, como la de la derecha Smith & Wesson aclamada en su balcón por la voxarrada, que aullaba su cansino y lamentable ‘A por ellos’.

El PSOE, ese partido que hace décadas que nos defrauda a los socialistas y obreros aunque no esperemos nada de él, es el encargado de pilotar esta nueva oportunidad. Una oportunidad que no es la segunda, sino la cuarta (2015, 2016, 28A y 10N). La quinta, si se cuenta la moción de censura. Y la última, probablemente, si no se aprovecha. Crucemos los dedos, porque en Ferraz no han andado finos con sus decisiones recientes. El insomnio hace mella incluso en las mentes más preclaras. Los cálculos que hablaban de ampliar y consolidar la mayoría fueron –por decirlo con suavidad– demasiado optimistas. Los sondeos del CIS resultaron ser el encefalograma de los sueños más felices de Moncloa, un cuento que Iván Redondo le leía por las noches a Sánchez para que pudiera dormir (en su última fábula/sondeo, el Centro de referencia nacional en Investigaciones Sociológicas, auguraba que la ultraderecha iba a perder apoyos el 10N).

No todo, sin embargo, han sido reveses para Pedro. Si la del Congreso puede calificarse de victoria amarga, la del Senado ha sido, a buen seguro, una derrota dulce que habrá provocado más alivio que pena. Su mayoría en el Senado convertía al PSOE en guardián único y exclusivo de la Caja de Pandora o Caja del 155. Una responsabilidad demasiado grande que ahora, perdida esa mayoría, podrá compartir con otros. 155, por cierto, es la nueva suma de los escaños de PSOE y Unidas Podemos. Confiemos en que no sea un mal presagio.

Y llegamos al plan B del PSOE (siempre hay un plan B), una tercera variante que en realidad sería una gran coalición de tapadillo. Consiste en pactar el sí con la formación naranja (130 votos a favor) y negociar con los populares su abstención y la de Navarra+ (90 abstenciones). Lo primero no parece complicado, porque una veleta derrotada es una veleta dócil. Lo segundo exigiría un acuerdo presupuestario con el PP, lo que supondría poco menos que gobernar con ellos. Si se llegara a ese acuerdo, solo se necesitaría una abstención más de cualquiera de los otros 130 diputados para que el Bipartito (en su versión más amable) pudiera seguir sosteniendo el régimen sin pulsar el botón nuclear de la gran coalición.

Mientras tanto, por si el plan A funciona y el Pacto del Lorazepam llega a buen puerto, seguro que en Moncloa ya están preparando una nueva institución: el Superconsejo de Ministros, un cónclave supersecreto al que únicamente estarán invitados los superministros que tengan problemas de sueño. Allí se reunirán con sus secretos de Estado, su insomnio y –esperemos– su buena provisión de Lorazepam.

2 COMENTARIOS

  1. Desde hace años pienso que del PSOE sólo queda PE, no tengo motivos para cambiar de opinión. El abrazo de ahora, me temo, sea una forma de seguir en la Moncloa y ya veremos que política desarrollan, apoyándose ley a ley y decreto a decreto, con quien les mantenga en la poltrona. ¿Qué existe de diferente ahora? Solamente que unas nuevas elecciones les mandariian al rincón de los burros a lamerse las heridas, producidas por su insuperable estupidez anterior.

    • Exactamente se quedo solamente con las siglas de PE en aquel Congreso del PSOE celebrado en Suresnes , Francia, en los días 11y 13 octubre de 1974. Y fue allí donde cambio radicalmente su orientación política, hasta el extremo de que ya no tendría nada en absoluto que le identificase con el original PSOE, ni organizativamente, ni ideológicamente. Tras aquel golpe de partido, sería un vulgar partido de derechas camuflado en las siglas del PSOE . Este cambiazo fue uno de las muchas artimañas con las que modelaron la llamada Transición. El poder e los medios franquistas , ahora mutados a neo franquistas, se encargaron de convencer a la ciudadanía e que este engendro camuflado de PSOE seria el original. Y así no va,

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