Vale, ya es oficial. Sin ir más allá en la afirmación, la representación parlamentaria de la extrema derecha española ha pasado del facto al iure. De ser parte del PP a llamarse Vox.

Siendo así, y me refiero a que la mayoría sabe que el sector social de la derecha es porcentualmente estable con un partido o con cien, y que a mayor división mayor perjuicio para sus propios intereses, podríamos vernos tentados a no solo no temer, sino a celebrar la irrupción de estas escisiones del partido madre o de nuevas propuestas. Y nos estaríamos equivocando, por más que tengamos claro que ideológicamente no son más que productos de mercadotecnia política made in think tanks, o dicho de otra forma, productos del laboratorio de ideas de los que mandan, un teatrillo.

Porque está claro que con nuestra particular Ley electoral en mente, la aparición de estos nuevos partidos –cualquier división– perjudica claramente las aspiraciones de gobierno del espectro político afectado. Pero eso, por ejemplo en este caso, es un mínimo precio a pagar si uno piensa en el presunto enorme beneficio conseguido, que no es otro que el de desplazar unas cuantas posiciones hacia la derecha el arco político completo. Además, para próximas convocatorias ya han minimizado el efecto eliminando de la ecuación la innecesaria variable naranja.

Esto, por tanto, es lo que los soplagaitas denominan un win-win al interpretar habernos colado este trampantojo de la pluralidad, pero tiene un fallo bastante gordo. Y es el mismo fallo que obliga a los paniaguados voceros del sistema a hacer el ridículo llamando comunistas, bolivarianos, o extrema izquierda al partido que ocupa actualmente uno de los extremos parlamentarios: los más que ideológicamente moderados representantes de Unidas Podemos, el partido de universitarios socio del muy monárquico, liberal y unión-europeísta PSOE.

Por eso mismo cada día resulta más vergonzosa la absurda exageración de circunstancias. Y por eso, por más que las hordas del aparato propagandístico sigan insistiendo en eso de los bolcheviques y demás idioteces, no va a colar y el vacío que va a provocar el desequilibrio se irá haciendo mayor.

El fallo, insisto, es que desde el centro hasta la derecha franquista sí es verdad que hay representación discursiva y parlamentaria en este país –y si no me refiero a la derecha de Vox como ‘fascista’ sino como ‘franquista’ es porque esta derecha autóctona es bastante particular, pues siguiendo la peculiaridades de la derecha a la española ni tiene un claro mensaje de gancho social para el lumpen nacional (aunque parece que les funciona igual solo con el poco nutritivo España Una), ni tampoco antieuropeo como sí lo tiene el resto de sus colegas allende los Pirineos–.

El caso es que estos desplazamientos ideológicos de cartón piedra no solo tienen grandes dificultades para calar en el imaginario colectivo, sino que además nunca dejan de ser frágiles. Y el enorme hueco sigue ahí. Y esto es peligroso, porque la paz social se construye sobre un equilibrio muy antiguo que no admite excesos ni experimentos. Y nada es más excesivo que desequilibrar la balanza de una forma tan estúpida.

Es evidente que a quien, desde una posición neoliberal, haya pensado que este era un buen plan para evitar la creciente desafección general, le ha podido el cortoplacismo.

El centro siempre se busca desde los extremos, y si uno de los extremos está en el centro y el otro en el neofranquismo, el centro se sitúa en la derecha. Y así es como todo acaba por romperse por pura lógica.

Para que el centro vuelva a ser centro en ese equilibrio virtuoso que se precisa para que no se rompa el contrato social, hará falta una alternativa de extrema izquierda que devuelva ciertos valores al discurso. Y esto es algo que le debiera interesar incluso a la poca derecha con altura de miras que quede en este país. O como mínimo debe aparecer algún partido que no tome por imbécil a esa parte de pueblo susceptible de desafección, y que reivindique sin complejos ni excusas la república, el antimilitarismo (o el militarismo no subordinado a intereses oligárquicos nacionales e internacionales), la soberanía política –de desarrollo y económica–, la nacionalización de los sectores estratégicos, una creíble laicidad del Estado, la apertura de cauces democráticos para la participación social en la política, y un largo etcétera de cuestiones que hoy –volcado el progresismo patrio en posmodernismos que pierden gas por desgaste y porque en realidad no resuelven nada relevante para las mayorías– nadie defiende.

Quizá lo que digo no se vea tan claro en este momento, pero pronto empezará a verse meridiano. Los vientos del norte del próximo par de años se llevarán algunos miedos necesarios y borrarán al mismo tiempo la última pátina de izquierdismo político oficial. Y a partir de ahí la cosa se puede poner muy fea, así que bien estaría prevenir para no tener que curar.

6 COMENTARIOS

  1. “los más que ideológicamente moderados representantes de Unidas Podemos, el partido de universitarios socio del muy monárquico, liberal y unión-europeísta PSOE.”
    Mal vamos. La tibieza que va en aumento en la misma medida que estos chicos creen estar tocando poder institucional, se me hace cada vez más patente. Y en el asunto de marras catalán, no hay tú tía (como diría aquel sabelotodo que decían tenía el Estado en la cabeza): o sueltan a los siete encarcelados y se convoca un referéndum de acuerdo al 149 de la Constitución (silenciado, no sé porqué, una y otra vez este artículo al decir una y otra vez que es anticonstitucional el referéndum en sí), como decorosa salida, o se va a otras elecciones. Y así sucesivamente.
    Por cierto, si se decidiesen a convocar ese referéndum, ya podrían aprovechar la ocasión y en el mismo hacer otra pregunta: ¿Qué quiere usted, ¿monarquía o república?

  2. ¿De veras que no se dan cuenta de cómo hacen el idiota o es que tienen tantísima cara que no les importa una mierda el hacer el imbécil con tan simples y estúpidas argumentaciones?
    Siguiendo esta vía van a terminar diciendo… A dormir, que viene el coco y se lleva a los niños que duermen poco.
    Yo ya los creo capaces de cualquier chuminada. Muy bien deben pagarles los verdaderos amos del rancho.
    En fin, arriba España y la Castaña, sobre todo la Castaña.

  3. Separados se encubren mejor -unos hacen de malos y los otros de centro,pero a la postre y en conjunto son de derechas y mucho de derechas y al final ,se suman,sin apenas contradiccion.

  4. Está todo muy jodido, sobre todo por las últimas líneas que comparto de Bello; a mi juicio, los que creíamos que con Iglesias en una coalición con Sánchez iban a conseguirse medidas buenas pero nos olvidamos de la diferencia de escaños entre el gobierno y U. Podemos probablemente hayamos hecho un pan como unas ostias según el decretazo que para empezar ha aprobado Sánchez contra internet sin orden judicial con la abstención de Iglesias. Lo que está claro también es que el impresentable de Sánchez se diferencia cada vez menos del PP en su política de derechas y prohibiciones; manda huevos!

  5. A mí lo que me gusta es el trasfondo del texto…

    Todo es una farsa. Se nota a leguas a mínimo que se piense un poco, que álguienes ponen y hacen crear esos partidos por necesidades de aparentar lo que no existe ni se ofrece (y recalco, «ni se ofrece», pq realmente estamos a verlas venir y lo que existe y lo que pasa no depende de nosotros).

    Distraen que aparentes temas revolucionarios, pero efectivamente no resuelven nada, nos distraen y enfrentan y ahí se acaba todo, con la paranoia colectiva (o semicolectiva) de que hay que movilizarse para defender «nuestros» intereses, mientras unos luchamos para que despierten y salgan de 1984, y los otros no pueden evitar clasificarnos dentro de algunos de los grupos oficiales existentes (fachas, rojos, machistas, troles – este un magnífico cajón desastre – o racistas) para intentar comprender lo que les comunicamos, tan lejos como están de la realidad como están.

    Pues sí, pq los inventos se le acaban al sistema, y cuando la gente vea realmente que no cambia nada y que no hay posibllidades de que lo haga no sé que van a planear (la última secuencia de esta falsa realidad disfrazada en «lo hemos conseguido, vamos a entrar en el gobierno» a la vez que «no vamos a poder ofrecer todo lo que queríamos» pq ahora somos 35 y no los ciento y la madre que podíamos ser, me parece que estos son más gentuza aún que los que han vivido de nuestra venga durante toda la «democracia»).

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