Yo estoy con la “Causa” de uno de los dos partidos que actualmente forman coalición del gobierno español. Pero no porque el líder tenga no sé cuántas carreras y másteres. Ni valoro en absoluto la colección de conocimientos en materia de política, y menos para ejercerla. Precisamente eso mismo, la formación intelectiva por el cúmulo de títulos, que no intelectual, suele ser, a mi entender, un inconveniente para quien ha de conducir la frágil nave de una sociedad que en el concierto de las naciones, por más que algunos se empeñen, no es puntera. Primero porque (aparte el vergonzoso falseamiento de los títulos de una clase de políticos impostores) la amplitud de los conocimientos por el estudio (si son efectivos y no falseados) dota al intelecto del gobernante un sentido de la responsabilidad moral que al estar presente en la cabeza del “muy letrado” le va a ser difícil no tener mala conciencia al verse obligado a mirar a otra parte en asuntos graves o muy graves. Y segundo, porque el mucho saber suele complicar también mucho al gobernante sus decisiones, pues raro es el asunto en materia económico-social que, como la sábana más corta que la superficie del catre, si se tira de ella de un lado es a costa de descubrir los otros…

Si yo firmo mis escritos con la ampulosidad que supone incluir mis dos títulos académicos es porque, no siendo político ni periodista ni pretencioso, por un lado, y conociendo la propensión del español que lee a valorar al escritor más por la presunta sabiduría que procede de los reconocimientos oficiales que propiamente por sus ideas, por otro, presupongo que mis artículos atraerán más a los lectores que no me conocen, por eso mismo y en función del titular elegido para el escrito. Lo que no quiere decir que in pectore no sienta yo una cierta vergüenza por semejante vanidad.

Pero en política, vuelvo al tema que me ocupa, como dicen Maquiavelo y otros, lo único necesario para desempeñar bien el oficio son altas dosis de sentido común, honestidad, prudencia (que no hay que confundir con pusilanimidad) y un espíritu valiente para hacer frente a los muros que en España, en Europa y en el mundo, frente a los cambios en las estructuras por minúsculos que sean, van a levantar los poderes de hecho: la CEOE, la Conferencia Episcopal, la Banca, las finanzas, los titulares de acciones de las Sicav, las grandes fortunas y los latifundistas.

Pero en todo caso el mucho estudio, el mucho título, el mucho saber y la erudición no son necesariamente sabiduría. En política sobre todo, la erudición excesiva estorba al pensamiento que puede dispersar, confundir y desvirtuar ideas que llevadas a la práctica pierden todo el fuelle necesario para hacer justicia social, que es por lo que toda sociedad evolucionada se siente obligada a laborar. Por todo esto, muy raros son los políticos y más aún los gobernantes estudiosos de las Letras, de las Bellas Artes, de la Filosofía y de las Humanidades…

Se me ocurren, a los efectos de fondo destacados aquí, dos nombres propios, ambos en Latinoamérica: Pepe Mujica y Evo Morales, oficialmente dos iletrados. Por mi parte, he conocido a lo largo de mi vida personas de las dos clases. Con independencia de algún científico, más sabio por su discernir acerca de asuntos que no eran de su especialidad que por su capacidad que yo no estaba en condiciones de graduar, he conocido a pastores, agricultores, bomberos, jardineros y albañiles con un grado de sabiduría, que fácilmente hubieran dejado en evidencia en un Parlamento a legiones de políticos destacados o del montón, bienhablados, sabihondos y cobardes, que mejor papel hubieran hecho quedándose en su casa.

5 COMENTARIOS

  1. No estoy nada de acuerdo en este caso preciso, tanto Pablo Iglesias cómo todos los demas de Unidas Podemos, además de poseer titulos, poseen el suficiente sentido común y trato directo con las personas ni mucho menos letradas cómo para darles una visión cercana de lo que necesita España, Europa y el mundo. Gracias por sus buenisimos árticulos que siempre leo. Salud

    • Angeles, ya presupongo, cuando me aparto de la corriente general no por extravagancia sino por ser fiel a mí mismo, discernirlo como lo expreso y no hacer concesiones a las mayorías, no sólo tu respuesta, sino otras más…
      Pero en este texto (que espero que los moderadores sustituyan por el definitivo que les he enviado), no digo que el gobernante unas veces se ve obligado a cometer un crimen, otras a consentirlo y otras a mirar a otra parte; y que cuando ha de tomar decisiones en función de sus prioridades, se ve asimismo obligado a, por ejemplo, vender armas atroces a sistemas de gobierno de los que abomina o asignar partidas presupuestarias a fines sociales que amparen a la población excluido y muy distintos de los que las «circunstancias» le obligan, y muchas otras por el estilo. Eso es aplicable a cualquier dirigente y eventualmente, aunque no desearía que se encontrase en esas tesituras, también a los dirigentes de Unidas Podemos por muchos títulos que tengan y por mucho sentido común que les supongo…

  2. En política como en el amor, lo importante es la sinceridad, y la sinceridad incluye el desinterés personal en pro de la otra parte, en política honesta en pro de la colectividad. Acaso encontramos algo de esto en nuestros políticos. …..Lo que distingue a los politiquillos españoles que ejercen poder , no es precisamente la sinceridad, ni la honestidad ni la humildad . Debemos reconocer que quien entra en los pasillos del poder en este Estado , impregnado aun de la bilis neo franquista , lo hace a sabiendas de que tiene que aceptar lo que hay si quiere hacer «carreara» Los de Podemos , sus elites ,son personajes que cargan un pilar de conocimientos superiores. Infelizmente no le exigen aquel inexistente master de honradez y amor desinteresado al pueblo. Vivimos en una sociedad donde los valores burgueses del lucro y la ganancia son los valores superiores a predicar y respetar. No confundamos la ilustración ni la preparación profesional y las ansias de poder con la honradez personal. La política es el arte de gobernar, otra cosa es a favor que quien se va gobernar. En esta sociedad burguesa nuestra solo se puede gobernar a favor de las castas burguesas y del capital. La otra alternativa, gobernar para la clase trabajadora esta proscrita, incluso mencionarlo. Y si se alguien lo ha conseguido , el golpe de Estado no tarda en aparecer.
    No olvidemos que aquello que llamaron “Cruzada” fue la consecuencia de que el pueblo democráticamente consiguió alcanzar un gobierno progresista que comenzó a aplicar políticas favorables a la clases trabajadora, A costa claro de que las burguesías y terratenientes dejasen de explotar y de chupar la sangre a los trabajadores. Esta fue la cusa autentica del golpe de estado de 1936. Ni tampoco fue Franco el artífice del golpe de Estado, fue solo la mano ejecutora, fueron las elites del capital, empresarios y terratenientes quienes financiaron a Franco y su ejército para arreglas sus “problemas”. La historia que nos han contado es muy propia de la casta burguesa, que a nivel mundial siempre esconde la mano que paga al mercenario de turno para que ejecute sus genocidios. Esta realidad no se puede contar por ahí, te llamaran bolchevique o cosas peores. Pero no hay otra si queremos ser sinceros. En política solo se puede legislar o a favor del pueblo llano y trabajador o a favor de las clases explotadoras burguesas, no hay terceras vías, y el que las predica está engañando precisamente a las clases trabajadoras.

  3. La historia se repite: igual que en el primer gobierno de Pedro Sánchez, el ministro de Cultura Màxim Huerta duró en el cargo solo una semana al conocerse que había cometido fraude fiscal entre 2006 y 2008 y provocó la primera crisis del Ejecutivo, en esta ocasión ha transcurrido un poco más ―dos semanas― y el gobierno de coalición entre PSOE y Podemos ya está lidiando con su primer cisma. En este caso, además, el socavón es importante, ya que el ministro del que se pide la dimisión es José Luis Ábalos, ministro de Fomento y número tres del PSOE. O sea, un auténtico peso pesado socialista, y un estrecho colaborador de Sánchez.

    Si algo aprendió el presidente del Gobierno de la anterior legislatura es que no está dispuesto a ir cesando a los ministros y que siempre dispone de instrumentos ―la comunicación, uno de ellos― para enfriar el debate público. Así, después de cesar a las pocas semanas a otra ministra, Carmen Montón en Sanidad, por sus irregularidades en un máster, cambió de estrategia y blindó contra viento y marea a la titular de Justicia Dolores Delgado, en la picota después de que aparecieran unas conversaciones suyas con el excomisario Villarejo. Se acabaron las dimisiones, dijo.

    En esta ocasión, la metedura de pata de Ábalos negando una reunión con la vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, aceptando después que se habían visto pero no reunido, y poniendo encima de la mesa este sábado una tercera versión, ha situado al ministro en el disparadero de salida. No pasará, porque Sánchez no se lo puede permitir y abriría una crisis profunda y daría artillería a la oposición. Pero tiene todo un problemón, porque se juntan en la actuación de Ábalos una crisis con la UE, un problema ético como haber mentido y un lío con los Estados Unidos.

    El hecho de que Ábalos haya salido diciendo que no piensa dimitir y Sánchez le haya apoyado no es otra cosa que un intento de apagar el fuego. Pero hay tema para rato, lo quieran o no Ábalos, Sánchez e Iglesias (inteligentemente mudo). Cosas que tiene la política: su primera crisis no ha sido por Catalunya.

    Que quiero decir con esto: simplemente, que mientras no cambie el sistema, da igual quien gobierne y da igual los estudios y diplomas que tenga, no hay ley, ni derecho, ni justicia, ni Constitución, ni civilización, sólo la barbarie.

    El caso catalán, que en Europa terminará siendo llamado el caso español, a través de su internacionalización, está demostrando las carencias de un proceso inconcluso de transición hacia una auténtica democracia que, entre otras cosas, no solo consiste en votar cada tantos años como se ha ido acreditando día a día, acción tras acción, en estos últimos dos años.

    La solución: la República?

    Un abrazo y buenas noches.

    Antonio

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