Y de repente un murmullo.

Al autobús acaba de subir el único español que es legalmente distinto a los 47 millones restantes. Se llama Felipe VI y parecía que iba solo, pero ahora me doy cuenta que antes ha subido uno de esos armarios con piernas, y detrás otro. Una protección discreta.

Todos los asientos están ocupados y otros quince pasajeros vamos de pie. Sin que nadie se dé cuenta del porqué me desplazo hacia atrás, pues no me apetece estar cerca de él. Tengo la impresión que otros dos pasajeros hacen lo mismo que yo.

Ha pagado su viaje con dinero, de donde deduzco que no es titular de la tarjeta municipal.

De manera que parece espontánea, una de las personas que viajan de pie le da la mano y él corresponde, no sin que al mismo tiempo uno de sus dos guardaespaldas reaccione con un gesto mínimo, de los de por si acaso.

Acto seguido, otros imitan al primero y también quieren saludarlo. Él les va dando la mano. Desde mi refugio del fondo busco el gesto de cada pasajero en el momento de cruzar, con las del rey, mano y mirada. Tengo la sensación de que algunos le transmiten su voluntad decidida de cumplir siempre con lo que mande la ley.

Ahora uno le ofrece su asiento que, lógicamente, rechaza.

Le siguen dando la mano los que van de pie y los que están sentados, lo que provoca que se vaya acercando, alto y firme, aunque despacio, hacia donde estamos los pocos que, como quien no quería la cosa, nos habíamos desplazado hacia la parte trasera del vehículo. De momento, nadie se ha atrevido a romper lo que parece la unidad de España instalada en el autobús de una línea interurbana y regular.

Ya solo me separan del rey cuatro pasajeros y comienzo a preocuparme, pues hay tráfico, el cacharro no avanza y, aunque quisiera, no podría apearme para evitar la coincidencia.

Entonces siento la necesidad de ser coherente conmigo mismo, al margen de quien tenga enfrente, y decido repasar a toda velocidad lo que ha sido mi comportamiento habitual a la hora de saludar.

Recuerdo que, de las personas con las que he coincidido, pero nadie nos había presentado antes, como sería el caso, solo daba la mano a aquellas que, o no sabía nada de ellas, por lo de no ser un borde sin causa, o lo que sabía no me disgustaba.

En este grupo hubiera podido incluir a Felipe VI si no fuera porque estoy convencido de que, como mínimo, es conocedor del enriquecimiento ilícito que su padre ha conseguido gracias a la inmunidad e impunidad de que disfrutaba por ley, idéntica a la que él disfruta ahora y a la que ni siquiera tiene la vergüenza de renunciar voluntariamente.

Un enriquecimiento indecente del que él mismo será beneficiario principal porque la vida da muchas vueltas, pero la de quitarle a él lo que su padre nos quitó a nosotros no la dará, ni aunque con sus armarios armados sacara un saco ahora mismo y empezara a despojarnos a todos de todo lo que de valor lleváramos encima.

Y tampoco podría incluirlo en el grupo de personas a las que daría la mano porque estoy convencido de que, si abdicara voluntariamente, dejaría resueltos dos problemas tan importantes como para bajarse del autobús en La Moncloa y entregar a Pedro Sánchez las llaves de La Zarzuela.

El primero es el de la amenaza que, sí o sí, representa su figura para todos los españoles, en tanto que solo los líderes y partidos más franquistas, y, por tanto, más peligrosos, son los que le defienden, blindándose ellos mismos con su figura y su institución cada vez que lo mencionan.

Y el segundo es el de Catalunya, que consiguió agravar con su intervención del 3 de octubre de 2017 y que, por eso mismo, quedaría muy desactivado si España tuviera que convertirse en república.     

Se me acababa el tiempo para tomar una decisión sobre si darle la mano o no, ya solo había otro pasajero entre él y yo, o incluso explicarle en voz alta porque no le saludaría, cuando, de repente otra vez, y a pesar de que a partir del momento en que el rey subió al autobús el chofer había suavizado la conducción de manera ostensible, en esta ocasión fue un frenazo lo que me despertó y me libró del grave dilema en que me encontraba.

Entonces, y ya con los ojos abiertos, me di cuenta que en realidad estaba en otro autobús, uno que en diciembre de 1955 circulaba por la ciudad de Montgomery, en el Estado de Alabama, USA.

Se trataba de aquel autobús en el que viajaba una persona que, como Felipe VI, también era distinta al resto de viajeros, aunque en este caso por ser, legalmente también, considerada inferior y potencial culpable de unos delitos que para los “superiores” no existían.

Usted ya lo sabe, se llamaba Rosa Parks y cambió el mundo por negarse a cumplir una ley que la discriminaba frente a los blancos de una manera tan injusta como aquí la Constitución discrimina a 47 millones de personas frente a una sola que puede cometer, sin el menor de los castigos, toda clase de delitos.

No sé si aquella Rosa mundial hacía lo mismo cada vez que subía al autobús, o lo que ocurrió ese día histórico es que reventó, por fin, porque un blanco que le reclamaba su privilegio le puso cara de amenaza. Como todas las caras que amenazan. Como la que puso Felipe VI contra los rebeldes catalanes el día 3 de octubre de 2017.

Pero en España siempre hay un maldito frenazo que llega a tiempo para salvar del fracaso a los que amenazan.

28 COMENTARIOS

  1. Este tío no es más tonto porque no nació antes… y además un manipulador de noticias al poner un titular ambiguo y falso…todo para tener su minuto de gloria que sin poner el título falso nadie habría perdido su precioso tiempo en leer sus patochadas.
    No soy monarquico ni mucho menos pero para tener una III República chapucera como las dos anteriores que llegaron por casualidad y por unas crisis de identidad nacional, económicas y políticas, prefiero una Rey que es de todos los españoles a un presidente republicano que barre solo para los de su palo ideológico.
    Cuando tengamos una República de todos y para todos como en Islandia o Finlandia votaré una España republicana, pero para votar una España republicana de unos contra otros prefiero quedarme con una monarquia imperfecta que con una República polarizada. Gracias por hacerme perder mi tiempo en contestarle su estupida soflama falsaria.

  2. Yo tampoco soy monárquico pero prefiero al actual rey antes que a Aznar o a Zapatero de presidente de la República.
    Mejor la irracionalidad del tradicionalismo que la democracia de un pueblo descerebrado. Mejor la jefatura del estado en manos de un rey como el actual, de quien no se atisban señales de ser putero y ladrón como su antecesor, que en manos de algún representante del «deep state» hispánico.
    Y quien se interese por este concepto del «estado profundo» no tiene más que meter en su navegador «Expediente Royuela».
    ¡Salud y buenos alimentos!

    • Respuesta muy sencilla.

      Primero, el argumento de los precios es falso. El presidente de la República Francesa sale mucho más caro sobre el papel que el Rey de España. Otra cosa es que Campechano haya dilapidado lo que no está escrito. Pero ése es el factor personal, al margen del institucional. Y la Leti nos va vestida de prêt-à-porter, lo que yo y muchos le agradecemos, porque lo que cuenta es la percha y no la ropa.

      Y prefiero al monigote hereditario al títere intercambiable porque el primero no tiene la capacidad legal, o al menos moral, de pertenecer a un partido político.

    • Últimamente proliferan los argumentos marca Felipe González, ese que ha dicho que prefiere una «monarquía republicana» (¿¿¿???) a una «republiqueta», demostrando el desprecio que toda la vida ha sentido por el mismo pueblo que le está pagando religiosamente (y a la fuerza) la retribución que el mismo se inventó para cuando dejara de ser presidente del gobierno. El muy incalificable, ni siquiera renunció a ese enriquecimiento personal cuando, en los momentos más duros de la crisis, algunos desesperados ante los desahucios decidían suicidarse.

      • Es tremendo, ¿quién, con un nivel muy alto o alto como hombre o mujer de Estado, culto y con sentido común, hábil y prudente al mismo tiempo…, se atreve a lidiar con un ganado analfabeto político que compra títulos, que todo lo tergiversa, que obsesiona al personal con comunismos, venezuelas, franquista o fascista hasta la médula, que todo lo llevarà a unos tribunales compuestos por jueces de parecida laya… Y por el otro lado, con gentuza que raya en el indeseable como el que mencionas que ha renegado del socialismo desde que se encaramó al poder político (los mayores enemigos de una ideología o religión son los renegados) y sus compinches?

    • También respuesta sencilla.
      El que lleva el cargo en los genes puede dilapidar como hizo el Emérito, pero incluso él pudo cansarse de hacerlo con el tiempo.
      Si va entrando uno distinto cada cuatro, cinco o siete años, todos robarán a saco para asegurarse el sustento de su parentela durante unas cuantas generaciones.

  3. Olaya, Ernersto, techupaseldedo, nada más antidemócrata que la monarquía. Por lo menos los dictadores a veces, tras su muerte, no consiguen imponer su descendencia. Las monarquías, con personajes como vosotros, serán eternas y nunca llegaremos a acercarnos mínimamente a la democracia.
    Los poderes fácticos, tan monárquicos ellos y que deciden los resultados de las elecciones sin tener que presentarse directamente a ellas, duermen así con su futuro asegurado al mismo tiempo para su propia prole. A costa del pueblo.

    • Qué pereza da repetir los viejos argumentos. ¿Prefieres la monarquía danesa u holandesa o la República Bolivariana de Venezuela? Yo lo tengo claro.
      La monarquía tiene un valor simbólico de vigencia de la Historia y por tanto de permanencia de la nación en el tiempo. La República carece de esa legitimidad. Máxime cuando las dos experiencias republicanas en España fueron ilegítimas de origen, y trajeron el caos y el desastre.
      E insisto en que no soy monárquico por principio. Soy monárquico aquí y ahora.

      • Primero: Comparar la española con las monarquías europeas actuales no procede, porque estas monarquías se enfrentaron a los nazis y a la española la restauró, en 1947, un asesino de masas aliado de los nazis. Ya sabe usted que se llamaba Franco.

        Segundo: Que usted se declare «monárquico aquí y ahora», como Felipe González, por ejemplo, solo puede tener dos significados, no necesariamente incompatibles.

        A) Que «aquí y ahora» usted piense que los españoles somos incapaces de organizarnos políticamente sin que exista un español desigual a todos los demás y blindado ante la ley que sí puede perseguirnos y condenarnos a todos los demás. En este caso, y salvo que usted afirme lo contrario, debo considerar que usted forma parte del grupo de españoles incapaces de vivir sin rey. Me refiero a «aquí y ahora», que es lo que usted ha dicho.

        B) Que usted piensa, y le aseguro que no es el único, que lo que «aquí y ahora» podría ocurrir si el gobierno convenciera a la mayoría de españoles de que, después de 45 años de monarquía lo justo es probar ahora 45 años de república (que es mi propuesta, y el referéndum sobre la forma de estado convocarlo en 2065), lo que podría ocurrir, pienso que piensa usted, es que volverían a levantarse en armas esos asesinos de masas que siempre consiguen infiltrarse en nuestro ejército, como, por ejemplo, lo fue el asesino de masas Franco. En este caso, estoy convencido que usted estaría dispuesto a defender la república hasta la muerte, si fuera necesario, porque usted sabe perfectamente que, tal como ha demostrado la historia de España, el verdadero peligro viene siempre de asesinos como esos que, desde que fracasaron contra los ejércitos extranjeros y perdieron el dominio sobre todo lo que antes habían conquistado o descubierto, necesitan matar unos miles de españoles cada cierto tiempo.

        • Vamos a ver…
          El «enfrentamiento» con los nazis de estas monarquías consistió básicamente en irse al exilio inglés. Nada más, y nada menos. Un gesto bonito, pero tampoco la única fuente posible de legitimidad de la institución. Más bonita aún, posiblemente, fue la decisión de los daneses de quedarse en el país.
          Los países neutrales en la II GM, España, Portugal, Suiza y Suecia, pasaron todos por el mismo «slalom» de simpatizar con el Eje hasta Stalingrado y, después, de intentar desmarcarse del mismo.
          La monarquía española la restauró Franco en 1969, demostrando que su régimen se había entendido a sí mismo en todo momento como un régimen de transición.

          Punto A: Por supuesto que creo en la incapacidad e inmadurez políticas de mis compatriotas, sometidos al embrutecimiento de la televisión, la prensa de partido y el adoctrinamiento escolar.
          Eso sí, tampoco me parece bien el blindaje del monarca y sería bonito que Felipe VI renunciara a él. Pero también entiendo que no lo haga, porque todos tenemos el derecho moral de luchar por nuestra supervivencia física, primera virtud según Spinoza.

          Punto B: El gobierno puede intentar convencer a la mayoría del pueblo de las bondades de la República. Pero dudo de que lo consiga.
          Para que hubiera República bastaría con un partido que ganase las elecciones generales con ese punto en su programa, lo que activaría el mecanismo largo de reforma constitucional. Hasta el momento esto no ha ocurrido, ni parece que vaya a ocurrir en un futuro próximo, de lo que me alegro.

          • Dice usted: «La monarquía española la restauró Franco en 1969». Si quiere, puede usted leer lo que decía la Ley de Sucesión de la Jefatura del Estado de 1947 y espero que reconozca públicamente que se ha equivocado.

            Y también incluye usted a España entre los países neutrales en la Segunda Guerra Mundial, pero no entiendo como no ha avalado su afirmación con la exclusiva histórica de que la División Azul nunca existió, o que en realidad ese era el color de los marcianos, habitantes de Marte, que la componían.

            Ahora no tengo tiempo para seguir reclamándole que reconozca errores pues, de lo contrario, parecerán fakes.

          • Mechupoeldedo, yo daba por hecho que usted consideraba que los españoles son incapaces de organizarse sin un rey, tal como usted me confirma en su respuesta, pero mi pregunta no era esa. Mi convicción, a confirmar por usted, es si, en lógica correspondencia con lo que opina de sus compatriotas, usted también se considera incapaz de vivir sin rey, pues de lo contrario la única conclusión posible es que usted se considera superior al resto de españoles.

  4. Domingo, lo del autobús no es un sueño, es una pesadilla, menos mal que despertaste en otro autobús; está claro que el Preparao jamás nos devolverá la herencia que nos quitó el Bobón ilícitamente. Tampoco sabemos hasta dónde llega el supuesto enriquecimiento de este rey porque no detalla sus cuentas y lo de dejar la llave de la Zarzuela a Sánchez con el cual, por lo que dicen no se lleva muy bien confirma que es un sueño lo tuyo, ja ja ja ja.

  5. “el verdadero peligro viene siempre de asesinos como esos que, desde que fracasaron contra los ejércitos extranjeros y perdieron el dominio sobre todo lo que antes habían conquistado o descubierto, necesitan matar unos miles de españoles cada cierto tiempo.”
    Aquí creo que está la clave principal de esta España que se pasa su historia dando tumbos y en confrontación interna permanente, con escasas treguas.

    En efecto, yo creo que esa canalla lleva en los genes su resistencia a no ser protagonista y dominadora a cualquier precio después de haberlo sido dentro 45 años y un par de siglos fuera. El modelo jerárquico y piramidal de la monarquía y del papado (el nacionalcatolicismo) les da una confianza superlativa. Y si además cuentan con los tribunales de la justicia a su favor más o menos descaradamente, para qué contar…
    En cambio, la república los difuminaría (y quizá los ”fulminaría”). Por eso ya podemos calcular un estado de excepción en cuanto surja un conato serio de referéndum al respecto, que saben perderían con seguridad…

  6. Desconocía la Ley de 1947, gracias por informarme. Tampoco tiene mucha relevancia que la restauración de la Monarquía fuera un año u otro, y si fue el 47 en vez del 69, más a favor de mi argumento. Lo que estaba claro es que Franco no se fiaba de los Borbones ni un pelo, y visto lo visto no cabe más que elogiarle su buen sentido.
    La neutralidad de España fue un hecho, porque no declaró la guerra a nadie ni se la declaró nadie. Ni Churchill ni Roosevelt tomaron como un acto de guerra el envío de la División Azul a Rusia. También Suiza envió, bajo los auspicios de la Cruz Roja, equipos de médicos y enfermeras al frente del Este, que atendieron únicamente a los heridos alemanes. Y sin haber enviado la División Azul tampoco Stalin hubiera hablado a favor de España en Yalta y Potsdam.
    Tenga una buena tarde.

    • Al decir en su comentario de respuesta: ¿Prefieres la monarquía danesa u holandesa o la República Bolivariana de Venezuela?..también yo me hago una idea de lo que usted entiende por una república asimilable,que sustituya a esta monarquía impuesta por un cruel dictador golpista y asesino aupado por la iglesia católica y el beneplácito del Vaticano… cuando estamos cercados por repúblicas bien asentadas (que en su día fueron monarquías y en el caso de Portugal también dictadura autocrática) tanto en la cuenca atlántico-mediterránea como en el alma de Europa

    • Lo que entiendo por «debate» es que si usted dice que «Franco no se fiaba de los Borbones ni un pelo, y visto lo visto no cabe más que elogiarle su buen sentido» eso es incoherente con el hecho de que Franco declarara heredero a un Borbón y no a cualquier otro de los asesinos que colaboraron en su dictadura, y las incoherencias hay que destacarlas porque alguna explicación tendrán, desde el supuesto de que el que las expone no se esté burlando del debate. Es lo mismo que si yo me declarara un firme defensor de la libertad y, en cambio, justificara el estalinismo. Y, además, está lo que dice usted para demostrar que España no participó en la 2ª GM a pesar de la División Azul, cuando aquella decisión de excluir a España del bloque nazi fascista tras la victoria de los aliados solo fue una maniobra porque, de haberse cargado a Franco, que lo hubieran hecho con solo anunciárselo al asesino, que habría tenido que buscar refugio y no se donde, no fue más que una más de las maldades de las democracias occidentales contra España, en parte tomada para que el PCE, aliado entonces de la URSS, no se hiciera con el poder en España, y en parte para seguir haciéndonos pagar nuestros crímenes históricos de la época «gloriosa» cuando en nuestro imperio «no se ponía el sol». Por tanto, mi forma de debatir, aunque usted elija un seudónimo para hacerlo, es destacar lo que me parecen sus errores y contradicciones para saber si usted está simplemente equivocado, o es que justifica los asesinatos del franquismo, por ejemplo. Si usted debate conmigo desde las mismas coordenadas, y descubre mis contradicciones y el peligro que puedan representar para la vida del resto de seres humanos, pues me parecerá perfectamente legítimo.
      Ahora, por favor, ¿me puede contestar a la duda que le he planteado, en este caso si usted se considera también del mismo grupo de españoles incapaces de vivir sin rey y a quienes afecta, como usted mismo dice, «la incapacidad e inmadurez políticas de mis compatriotas, sometidos al embrutecimiento de la televisión, la prensa de partido y el adoctrinamiento escolar»?
      ¿Comprende usted lo grave que significa que usted crea que sus «compatriotas» son así, y usted no?
      ¿No cree usted más bien, como yo le proponía y usted no ha respondido, que si el gobierno planteara 45 años de república ahora, lo que en justicia corresponde para saber que forma de Estado preferimos, pero en 2065, habría asesinos como Franco que intentarían un nuevo golpe de estado?
      Asesinos como Franco, no votados en ningunas urnas, las mismas que usted exige para implantar una república.
      En esa tesitura, ¿de que lado se pondría usted?
      ¿De los criminales golpistas que piensan, como usted, que los españoles no son personas maduras para vivir sin rey?
      ¿O del gobierno salido de las urnas?
      Como esto no es una pregunta de un periodista en la radio y usted no es un líder político, no debería elegir la respuesta de irse por las ramas.

  7. Vamos a ver….

    De mano gracias por su respuesta.

    No hay contradicción en lo que dije de Franco y los Borbones. Les devolvió el trono, pero no sin someterles a condiciones. Nadie está en la cabeza de nadie para saber lo que pensaba, pero no es aventurado suponer que i) no le caían bien; por ejemplo, como militar no pensaría muy bien de un jefe que abandona su puesto y se fuga como una rata dejando atrás a su familia; en cambio, ii) como conservador, tradicionalista y monárquico se vería sin alternativa a esta lamentable dinastía para restaurar la tradición y dar legitimidad a lo que viniera después de él. Seguramente sopesó la convocatoria de otras dinastías, pero el precedente de Amadeo de Saboya no es alentador.

    Bueno, seguir discutiendo la neutralidad española en la IIGM ya me da un poco de lacha. ¿España entró en la guerra? Pues ya está. Si no entró fue neutral. No hubo una incorporación formal al Eje, ni a ningún «bloque», y en sus memorias Serrano Suñer, el más supuestamente pro-nazi del Gobierno, deja claros sus reparos morales sobre el régimen nazi. Se me olvidaba el otro día el caso de Suecia, que, previa llamada telefónica amenazante desde Berlín, dejó pasar por su territorio al ejército alemán que ocupó Noruega. Salga a la calle, o vaya a las facultades de Historia, y pregunte si Suecia fue o no neutral en la IIGM.

    Sobre mi percepción del nivel intelectual de un país con una media de consumo televisivo entre tres y cuatro horas por ciudadano y día: creo que mi postura ha quedado clara. Mi percepción de mí mismo es un asunto totalmente al margen de la discusión que nos ocupa. No soy argentino y no me gusta hablar de mí mismo. Y tampoco me importan su opiniones, ni las mías. Me importan los datos, los hechos y los argumentos.

    Siento discutir con seudónimo, pero mi apellido es poco habitual y ligado a una zona concreta de España, de modo que, estando Pablo Iglesias al frente del CNI, prefiero seguir así.

    Y en la discusión original que plantea su post también dejé clara mi postura: la monarquía se asocia a la tradición y a la continuidad histórica, y con el país en descomposición prefiero mantenerla. También he argumentado que la República sólo exigiría un partido que lleve este punto en su programa, y la consiguiente reforma constitucional larga. Si sale con legitimidad, por mí como si dura mil años, yo pronto voy a estar dando malvas.

    La pregunta que me plantea es absurda: la Historia no se va a repetir, el año 1936 no va a volver, siento decírselo. Por supuesto que, en la ucronía, yo escogería pelear en el bando de Franco y contra el golpe de estado bolchevique.

    Tenga una buena semana.

    • Leo su comentario y me vienen muchas ideas para un debate que sería infinito, pero de repente me parece imposible cuando me dice usted que le preocuparía ser identificado por el hecho de que Pablo Iglesias tenga relación con el CNI.
      Todos los miedos, y más uno como el que usted expone, son libres e imprescindibles para salvar la propia vida, pero este que manifiesta lo comprendería si fuera usted catalán independentista de los que están sufriendo la represión por ir de frente en pos del derecho a decidir, o los de otras personas como Valtonyc, Cesar Strawerry, aquellos titiriteros, el actor del «me cago en Diós» y otros parecidos, que no pueden abrir la boca sin que un franquista los denuncie y un juez, en lugar de archivar el asunto y advertir al autoritario que la libertad de expresión existe, en la mayoría de los casos decide perseguir a quien, finalmente, la justicia europea declarará inocente.
      Las causas por la libertad, tanto la de todos como la de uno mismo, siempre han supuesto riesgos. Atrévase a la valentía de enseñar su apellido que, si le persiguen solo por exponer sus opiniones, tendrá muchos que saldrán en su defensa.
      Fíjese en la cantidad de personas relevantes de la izquierda, incluso víctimas del franquismo, que están en contra del delito de apología de ese régimen asesino que el gobierno quiere incluir en el Código Penal.

  8. Con Pablo Iglesias de Big Brother y el país deslizándose por la pendiente de Venezuela ni loco no doy más datos míos que los estrictamente necesarios. Decir la verdad sale siempre caro. No tengo especiales ganas de ver la pistola en mi sien. Manías de uno.

  9. Reconozco que me hacéis dudar amigos Domingo y Jaime, pero estoy seguro de que, como yo, muchos otros españoles tienen una visión algo distinta de la situación. El problema, Paco, es que mi posición me ha salido en forma de relato y no se por donde se entra en tu castillo. ¿no me echarías una mano?, porfa. Mi relato se llama «Mi salida del coma».

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