No hay que confundir la evolución natural de Darwin con la evolución artificial provocada por el régimen capitalista. El capitalismo vende la ideología de que los acontecimientos son naturales, es decir, inevitables, fruto de una determinación aúrea a la que los humanos debemos someternos con silencio resignado. Así, en esta cosmovisión irracionalmente religiosa o telúrica, siempre habrá ricos y pobres, beneficios y salarios, oferta y demanda, catástrofes de designio inefable y recuperaciones milagrosas del orden social, siempre igual a sí mismo en un eterno retorno donde la historia es una mera relación de prohombres salvadores y pueblo llano callado y devoto. El diálogo entre los binomios citados aspira a una armonía celestial: los de arriba dirigen y llevan sobre sus hombros la colosal tarea intelectual de ser arúspices y guías hacia el progreso lineal mientras los de abajo asienten acompasando el ritmo de sus brazos y mentes a la dura labor de levantar el mundo y suministrar la energía necesaria e imprescindible para que las sociedades muevan sus engranajes internos e infraestructuras básicas.

Cuando las crisis amenazan las principales columnas sociales de sostén estructural y la convivencia ciudadana, las elites predican esfuerzos adicionales: todos para uno y uno para todos a la usanza de los mosqueteros románticos de Dumas. Ese ideal de igualdad es fictico, mera treta para recomponer la figura maltrecha, desviar responsabilidades propias y volver al statu quo anterior al caos, quizá con algún cambio estético, nominal, que no afecte a la propiedad de las cosas ni a las riendas estatales.

Hoy, en plena virulencia extrema del virus Covid-19, transitamos por circunstancias similares a las expuestas y cercanas a las ya habilitadas en la crisis iniciada en 2008: los mass media de mayor impacto mediático, cuyos dueños transnacionales habitan a la sombra de afueras existenciales inaccesibles y urbanizaciones bunkerizadas, ya están trabajando sibilinamente la poscrisis del coronavirus: no se pueden desatar reivindicaciones excesivas o violentas; las elites y los laboratorios de ideología derechista deben dar al consumo global nuevos impulsos en forma de deseos y aspiraciones psicológicas individuales, todo ello envuelto en papeles de marketing vistosos y morales donde prime la emoción de lágrima fácil antes que la reflexión crítica y argumentada. Las elites y las derechas que juegan en su bando representando sus intereses quieren atomizar los discursos contestatarios plurales, evitar un único grito colectivo de la gente de abajo, reconducir la noble ira social y transformarla en mercancía cultural inocua de disidencia alternativa folklórica o marginal, liderando al unísono mediante iconos de unidad desactivados de invectiva transgresora el tiempo que se abrirá a medio plazo (nacionalismo barato, símbolos patriotas, espíritu deportivo de superación, apelaciones a costumbres y usos tradicionales de subsistencia, evisceración de vanidades íntimas…). Es preceptivo abonar ya el horizonte no vaya a ser que el sufrimiento de la inmensa mayoría cree condiciones subjetivas y objetivas para un mundo nuevo más justo e igualitario. Una cosa es más que cierta: las derechas en sus diferentes versiones y las elites, sean domésticas o internacionales, no van a ceder su poder y privilegios ni un ápice. Si imaginamos un mundo nuevo, habrá que currárselo. Si el capitalismo muere algún día, morirá matando.

Algunas distorsiones interesadas y directamente mentiras flagrantes que están diluyendo las derechas en las informaciones de la actualidad dominada por el coronavirus pueden comentarse a vuelapluma bajo los epígrafes que siguen a continuación:

El virus democrático. Afloran declaraciones de expertos y artículos de opinión sesudos y biempensantes donde se extiende la idea bondadosa, de orden cuasi místico y, por supuesto, naturalísima en su especie de benignidad absoluta, de que Covid-19 ataca por igual a ricos y pobres, gente privilegiada y gentes que malviven al raso en la cuneta de cualquier arrabal mundano.

La falsedad viene marcada porque se publican nombres y apellidos de afamados personajes de gran tronío o pasajera notoriedad que sobresaltan a la mayoría silenciosa confinada en sus hogares: consuelo mistificado, al parecer la Parca hace su trabajo sin distinguir clases, etnias ni idiomas al igual que los ejércitos papales en su masacre santa contra los cátaros disparando a discreción a todo lo que se movía, hereje, sospechoso o cualquiera que pasara bajo el fuego del catolicismo en armas. Simón IV de Monfort, cruel y fanático aristócrata de la cruzada contra los también conocidos como albigenses del mediodía francés, dijo impasible, según recoge la leyenda: “matadlos a todos, dios reconocerá a los suyos”. Covid-19 parece también un personaje de ese pensamiento recalcitrante, ahora con significado contrario.

Las personas afectadas y fallecidas que pertenecen al común nunca tienen nombre ni apellido, de ahí que las pocas singularidades multipliquen geométricamente su presencia psicológica en el imaginario popular. Don Nadies más celebridades suman una totalidad desvirtuada: la sensación es que hay más figuras públicas que gente del montón.

Craso error de percepción: mueren los de siempre o bien tienen más papeletas para verse infectadas las personas ancianas hacinadas en residencias privadas y públicas sin recursos médicos aceptables, las madres solteras con niños y niñas a cargo, individuos que viven solos, familias numerosas confinadas en espacios minúsculos, trabajadores y trabajadoras de sectores esenciales no debidamente protegidos por sus empresas (sanitarios, teleoperadores, etc), indigentes y marginados…

Todas las personas mencionadas no cuentan con subalternos que les hagan las compras o les faciliten la supervivencia en condiciones extraordinarias de alarma, incluso cuentan con medios económicos escasos o ningún recurso para atender las necesidades mínimas de subsisitencia.

Seguiremos leyendo y escuchando por boca de voceros significados que el coronavirius es una “delicia exquisita” de ecuanimidad equitativa: mienten a sabiendas y hay que combatir sus falsedades con decisión. Donde “todos” es una excusa o argucia ad hoc hay culpables ocultos por acción u omisión.

El mercado es perfecto. Los neoliberales no cejarán en su empeño de cantar las alabanzas del mercado y la mano santa que atiende a ciegas nuestras necesidades elementales. Es verdad que ahora han de utilizar subterfugios y vías secundarias para introducir su ideología capitalista a ultranza, sin embargo paremos en mientes acerca de las sus críticas y diatribas sazonadas de libertad de expresión, en este momento con cierta sordina o solapadas, que continúan vertiendo los líderes de la derecha contra las medidas excepcionales tomadas por los gobiernos tanto en materia de sanidad pública y salud en general como en asuntos de cobertura social de urgencia.

Saben que no pueden elevar la voz demasiado no sea que su bajeza moral quede al descubierto: han desmantelado en la última década un sinfín de recursos públicos a favor de las multinacionales y el sector privado. No obstante, la coartada en boga se vale de otras afirmaciones arbitrarias acusando a los gobernantes salidos de las urnas, sobre todo si son de tinte o aspecto izquierdista, de autoritarios, de invasión desaforada de la esfera particular o privada.

Contradictorias hordas de odio de clase de arriba abajo que mientras claman con exabruptos de extremosa calaña ética, con el propósito de salvar de la quema sus beneficios empresariales, estatus social y prebendas financieras, alargan su mano bajo cuerda solicitando ayudas estatales y moratorias fiscales para empresas y castas multimillonarias: la doble moral salta a la vista pero resulta muy complicado combatir estos mensajes subrepticios y edulcorados elaborados a través de tejemanejes discursivos de alta complejidad retórica y sofisticación publicitaria muy elevada. Amén de que cuentan con casi la unanimidad de los principales medios de comunicación masivos.

El trabajo como gasto superfluo. Junto al mantra del Estado mínimo o raquítico (Hacienda para extraer la sangre del salariado, policía represiva en servicio permanente y ejército en la reserva a prueba de revueltas izquierdistas), el segundo precepto seudofilosófico por antonomasia del captalismo clásico es que el trabajo hay que encuadrarlo en el capítulo de gastos a aminorar ininterrumpidamente o, si ello fuera posible, eliminar de cuajo.

Tal es la perspectiva del capital, de la empresa, de los estamentos neoliberales, la globalización de las mercancías low cost, la restricción de movimientos migratorios, el extractivismo mineral de las periferias a base de dictaduras locales y la gestión severa de la mano de obra esclava o de subsistencia en países de pobreza endogámica. La precariedad vital de la clase trabajadora occidental forma también parte de ese panorama de desvalorización permanente del factor trabajo.

En pandemias como la actual estamos habitando una situación irreal o insospechada: el trabajo es lo importante, las personas, sus manos y pensamientos, su capacidad de respuesta y abnegación colectiva, su quehacer creativo de riqueza. Mucha gente se está descubriendo a sí misma, la relevancia absoluta de su aportación social: limpiadoras, cuidadoras a domicilio, cajeras de supermercado, agricultores, trabajadores del sector de producción alimentaria, camioneros que distribuyen en soledad bienes fundamentales, repartidores de comida, el personal sanitario… Agréguese tareas y empleos que pasan desapercibidos en la normalidad capitalista, a personas de carne y hueso despreciadas mientras consumimos futesas al por menor y deseos vicarios de quita y pon. Esperemos que no sea un mero espejismo que no deje huella en la conciencia de cada cual.

La ideología dominante juega a diario con la autoestima y el éxito individual. Empleos en la precariedad vital causan estragos en el equilibrio mental de mucha buena gente trabajadora: me merezco este empleo-basura, no valgo para otra cosa salvo para sobrevivir. Con el talento sucede algo similar: gente joven y no tanto se cuestionan sus habilidades profesionales si no alcanzan una meta baladí, el éxito relámpago recompensado por el sistema. Esa desafección de uno mismo le viene muy bien al régimen, así mantiene al trabajador en tensión neurótica, sumido en sus problemas íntimos, al pairo de la necesidad dentada e imperiosa.

Sí, las empresas, los accionistas y los directivos no crean ninguna riqueza ni valor añadido al productor acabado, simplemente son eslabones de cadenas jerárquicas distribuidoras del reparto injusto y desigual, del robo técnico y la enajenación legalizada de la plusvalía generada por cada individuo. La única riqueza tangible, real, sale de las manos y las cabezas, del esfuerzo y la creatividad, de cada trabajador y trabajadora. Si ese potencial psicológico regresara a su legítimo dueño el capitalismo tendría razones de peso para sentirse zozobrar. No obstante, la complejidad ideológica, esa maraña de automatismos culturales que nos dicta pulsiones y compulsiones, esa madeja casi inefable de gestos estereotipados, es muy difícil de destruir.

Unir voluntades por una causa común en mitad de la vacuidad social alentada por el capitalismo es voluntad heroica al borde de la locura: el desbroce, sin embargo, no debe detenerse a pesar de las alambradas mentales que cercan la reflexión plural y crítica con placebos de espurio sentido común: la sociedad del espectáculo de Debord, por ejemplo, dicho a lo pedante.

El poder de la Unión Europea. Durante las últimas décadas se nos ha metido en vena que la Unión Europea era un campeón mundial en todos los órdenes que podría ejercer contrapeso ante los liderazgos militares y económicos representados por EE.UU. y China.

La vieja Europa con sus antiguas filosofías y su ponderada maduración cultural parecía llamada a ser un foco y foro irradiador de moral universal del siglo XXI. Nada más lejos de la realidad: una dosis adecuada de becas Erasmus, mucha fanfarria de autobombo, el eje Berlín-París como presidencia dual de facto en funciones ejecutivas, mercancías corriendo a la desesperada para hacer acopio de lealtades comerciales, palabras simbólicas elevadas al altar de la retórica huera.

La Unión Europea fue un pigmeo en 2008: abrasó a Grecia con sus imposiciones letales, ha alentado la privatización furibunda de los sectores públicos nacionales, no alberga personalidad de enjundia, mediadora ni pacífica en los conflictos bélicos internacionales, es seguidista de las directrices de Washington, es una panda de burócratas hablando muchos idiomas sin decir nada sustancial… Ahora mismo, 2020, crisis del coronavirus: ninguna política común, cero ideas constructivas, liberar fondos sin perseguir fines materiales de ámbito social.

Pensar que la Unión Europea es una reunión de tecnócratas y mercaderes sin más meta que financiar sus delirios de grandeza es tanto como pensar en una verdad dolorosa. Políticamente liliputiense, no es más que una entelequia urdida para que Alemania y Francia, con el inestimable concurso de las elites domésticas, mantengan sus privilegios a buen recaudo. Sobran pruebas para mantener esta postura pesimista, que no tiene oportunidad de revertirse en positivo dentro de la políglota y virtual nube europea de complacencia mutua, ojos de piedra y oidos cerrados a lo que viven y padecen los ciudadanos de un reino inexistente a excepción de esas cumbres de oropel que se suceden con pasmosa regularidad y estética ineficacia.

En definitiva, sin el factor social la Unión Europea no es más que un mercado de discursos vanos y capitalismo en su decadencia neoliberal.

Las culpas del capitalismo salvaje. Otra escala de defensa, utilizada igualmente por la izquierda reformista más adosada al sistema neoliberal en vigor detumescente usa del criterio del grado: el culpable de las injusticias sociales y la gestión desigual de las crisis no es el capitalismo como tal sino el capitalismo salvaje, sutileza de vuelos cortos e intelectos alojados en la cúspide de su narcisismo solipsista.

Es una teoría vetusta y añeja que viene torturando conceptos desde la revolución industrial de Manchester. Capitalismo de rostro humano, capitalismo popular, economía social de mercado, estado de bienestar, han sido vehículos doctrinales de adaptación que han ido apareciendo como credos de novísmo cuño entre las izquierdas tendientes a colaborar o dialogar con el capital para atemperar sus consecuencias sociales más lesivas o negativas entre la clase trabajadora. Deliberar para comulgar con el contrario, transigir para que la derrota parezca una victoria pírrica.

Este afán de integración en el sistema creó otro instrumento intelectual decisivo para que las ramas socialdemócratas se pasaran espiritual y efectivamente al bando de las derechas parlamentarias: la emergencia mitad real y mitad figurada de las clases medias consumistas, propietarias de coche, nevera y lavadora, titulares de hipoteca de por vida e incluso, los capataces y cuadros medios de la estructura laboral dueños de una dacha en el litoral o el pueblo vernáculo, clases de procedencia variopinta que renegaban de sus antecesores y de sus luchas a cuerpo gentil contra el fascismo y la explotación laboral.

Hoy se dejan oir voces que ponen un dique, por si los acasos espontáneos o la dialéctica materialista de la historia se desmandan, a pensamientos radicales o subversivos que critiquen a fondo el capitalismo tal cual, en su conjunto, sin medias tintas. Su tesis dogmática es que hay capitalismo bueno y mala praxis capitalista: maniqueísmo enagañabobos.

Estos gradualistas de la moral coyuntural desechan categorías como la explotación laboral, la desigualdad como vector de inestabilidad permanente y la cooperación como mecanismo o dispositivo social de mayor rendimiento productivo sin caer en la competitividad egoísta como único modo de entender las relaciones biológicas, materiales y culturales entre personas, naturaleza y comunidades. Antes la competencia, simbólica y real, que convivir en el respeto mutuo y la resolución atemperada merced al diálogo y la política racional.

En realidad, piensan que el capitalismo salvaje solo es un régimen del deseo desaforado sin límites ni bridas y que las multinacionales agresivas no son más que adolescentes díscolos que reclaman un pescozón por su conductas diletantes y poco respetuosas con las normas éticas al uso.

Si algo nos dice la historia grande del devenir humano es que el capitalismo no hace favores a nadie, que es un monstruo que se regula por el caos y la destrucción, que se alimenta de escombros y sangre humana, que tiene ciclos de mayor o menor carga vírica nociva, valga la expresión tomada de la rabiosa actualidad, y que allí donde nada ni nadie le ofrece resistencia se fagocita a sí mismo para renacer de sus propias cenizas. ¿Hasta cuándo será posible ese despilfarro? ¿Tanta es la impotencia asumida por la izquierda y la razón que nada queda por hacer distinto a volver al punto de partida?

La libertad occidental y la dictadura china. Desde la implosión súbita de la URSS el capitalismo ha viajado a bordo de las banderas de conveniencia globlalización, neoliberalismo y posmodernidad hasta conquistar sin apenas resistencia aguas de todos los colores intelectuales y culturales. El contrapoder comunista, al menos en la iconografía de la opinión pública, se vino abajo con estrépito y todas las izquierdas se pusieron a remojo de sus propias contradicciones y a lamerse las paradojas irresolubles del panteón de ilustres exégetas del marxismo bíblico.

Bajo esta euforia se lanzaron eslóganes para alcanzar puerto seguro en el siglo XXI: sociedades sin paro, flexiseguridad laboral, sociedades abiertas del ocio y de la comunicación. ¿Tenemos redaños para recordar esos hitos de alegría desenfrenada?

Esos mojones se desvanecieron en pompas de jabón nada más pronunciar su declaración supuesta de intenciones. Lo que sí sucedió cruentamente, aunque ya teníamos noticias precursoras en Chile con Pinochet y la escuela depredadora de Milton Friedman, fueron las privatizaciones de los sectores públicos implementadas por Thatcher y Reagan: el pensamiento único neoliberal contaminó todo el espectro político, rindiendo pleitesía hasta sindicatos de clase y grupos ortodoxos y heterodoxos otrora revolucionarios o radicales de izquierdas.

Las promesas de libertad sin límites se regalaron a millones y las realidades vitales transformadas en relatos individuales de existencialismo friqui y cutre germinaron en la misma proporción que las promesas rotas, que las vidas imaginadas de independencia y acérrima libertad tiradas al cubo de la basura.

Sin embargo, hemos aprendido a añorar en Occidente los iconos que mitigan nuestros dolores más íntimos. Amamos a nuestro enemigo, somos víctimas ligadas como dependientes emocionales al sistema que causa nuestras heridas. Contenemos tantas necesidades a la intemperie (de empleo, de techo, de cariño, de proyecto coherente) que no tenemos más remedio que entregarnos al látigo que nos esclaviza: el contrato de mierda, la canción del verano, el botellón para olvidar penas, la baratija más estúpida, el sexo de ocasión, el viaje circular a ninguna parte.

A pesar de ese agujero negro que nos impide observar con nitidez los alrededores, el sistema conoce que nunca se sabe, que siempre es posible la disidencia, que la crítica puede brotar en el erial más cochambroso: de hecho, el mejor abono es el estiércol, estar en las últimas es una bomba que se carga de explosvo de modo aleatorio.

Hay que inventarse, por tanto, un adversario brutal: China, el peligro amarillo, que ha atajado la crisis del coronavirus en tiempo récord y con menos contagiados y muertos que la Unión Europea cuando este espacio comunitario sin fronteras cuenta con 500 millones de habitantes por 1.400 su oponente geopolítico. De momento, EE.UU. presenta números más tenues aunque todavía es incipiente el desarrollo de Covid-19 en su territorio federal. Además, China es una dictadura por definición axiomática.

Se dice con cierto desparpapajo altanero que China ha confinado a su población gracias al big data y la geolocalización: da risa tal simpleza, cuando no vergüenza ajena, esta ligera elucubración cuando en el “mundo libre” existen conglomerados universales como Google, Facebook y Amazon que saben de nosotros hasta el detalle más ínfimo sobre gustos y preferencias de cualquier índole, además de estar localizados también por móvil, ordenador y los algoritmos de Silicon Valley. No olvidemos los secretos difundidos por WikiLeaks y las torturas procesales y vaivenes legales por los que está pasando su creador Julian Assange y las revelaciones inauditas del antiguo espía tecnológico de la CIA, Edward Snowden. Estamos controlados, en China y en todo Occidente.

Lo incuestionable y relevante una vez cortada la hojarasca mediática es que China está pudiendo con Covid-19 con una energía política e inteligencia colectiva puesta al servicio de una causa común, sin empresas que hagan negocio lucrativo del dolor social. Por el momento, la Unión Europea va a la zaga en sus respuestas efectivas contra el coronavirus y ya hay empresas de mascarillas en EE.UU. que buscan beneficios desorbitados de la competencia entre estados-clientes: antes de la crisis una mascarilla estandar costaba 80 centavos, hoy el precio de ese bien convertido en mercancía es de 8 dólares, diez veces más y subiendo… Es el mercado ciego y bondadoso. Al parecer, “la ominosa dictadura china” ha resuelto ese problema de manera más convincente, igualitaria y justa. Sin exclusiones.

Todavía vivimos en el mito. Covid-19 ha rescatado la peste medieval: esas imágenes truculentas de ciudades llenas de cadáveres sin recoger, silencios estremecedores, hedores infernales y supervivientes con el rostro demacrado, sombras a la deriva, a la buena de dios, nunca mejor traída la expresión.

Creíamos que el hombre blanco moderno, as de todas las hazañas habidas y por haber, era indemne a eventualidades de estas caracterísiticas tan desastrosas y malolientes.

El hombre blanco conquistaba, inventaba, filosofaba: era su grandeza, también su carga. Ahora resulta que un leve roce puede hacer de él un apestado cualquiera. ¡Y el roce puede venir de otro blanco semejante superior y no de chusma extranjera o bárbara!

Aún habitamos el mito. La pregunta es, ¿alguna vez hemos vivido fuera de él? Mitos, mitos y más mitos: el hombre blanco, el supremacismo sedicente, Eldorado occidental, la globalización virtual, el mercado capitalista, el automóvil, el ordenador, el móvil, el estatus que se desmorona en un santiamén, la cibervida.

Resulta que la crisis nos dice al que quiera escuchar que no hay sociedad sin trabajadores, seguridad colectiva sin sanidad pública, proyecto humano sin igualdad y cooperación. Vivir sin contactos humanos no tiene sentido.

Desde luego que desprenderse de mitos que conforman nuestro ser como una segunda piel no es nada sencillo. El mito llena los vacíos de triquiñuelas semánticas y algodones sentimentales que no queremos ver en su descarnada profundidad o esencia radical: no estamos solos, no podemos vivir en permanente disputa, el estatus es un viento que se deshace cada día, consumir y tener es un placebo; en crear y compartir reside la vida auténtica, no sin conflicto, no sin discusión.

Deseo y necesidad deben dialogar en el interior de cada persona de forma racional, empática, cociendo paradojas hasta destilar contradicciones asumibles. Si somos empáticos con nosotros mismos, la empatía se propagará como un virus. Este virus no es maligno. ¿Nos atrevemos juntos a vivir la vida o volvemos cual rebaño vencido y vilipendiado a la casilla de inicio siendo todavía más pobres que antes de la eclosión del coronavirus de marras?

No respondamos a la ligera, pero tampoco nos demoremos en exceso: el futuro no está ahí, no es de recibo, lo hacemos viviéndolo cada instante. Y permanezcamos en alerta y vigilia constante: el mercado jamás dimite, siempre está al acecho, a la caza oportunista.

10 COMENTARIOS

  1. Es una descripción exhaustiva del peor mundo posible para cualquier no materialista, para todo idealista y para todo humanista…
    Algunos acostumbramos, se diría toda nuestra vida, a mirar al cielo con frecuencia. Unas veces para mejor soñar, otras para recrearnos de sus policromías, otras para atisbar nubes cada vez menos frecuentes en el centro de la península hasta el sur, como si se estuviese abriendo un inmenso pasillo al desierto que continúa y termina oficialmente más abajo… Y otras, para observar durante años lo que se ha dado en llamar los chaimtrails. Esos aviones qué, a menudo en enjambre, dejan interminables y persistentes estelas en el cielo y a cuya actividad nunca se les ha dado explicación convincente alguna (recordando la inmensa fenomenología de al menos cien años -hasta principios del siglo pasado—, y las curiosas respuestas de los científicos de entonces a fenómenos extrañísimos, relatada en su obra, “El libro de los condenados”, por el periodista Charles Fort), acerca de los que el imaginario popular, ése del que tantos y tantas participamos, ha terminado haciéndonos sospechar que nos estaban “fumigando”. Sin embargo ahora, en medio de este maremágnum, está histeria, está psicosis colectiva alimentadlas por la contribución inestimable de tantos en los medios que se niegan metódicamente a la existencia de conspiraciones contra los pueblos y contra la Humanidad, tan sabios ellos, me resulta extraño que siendo incierto pero sospechoso (salvo para los positivistas) el origen de este virus, ya casi acordado unánimemente, de diseño, a nadie se le oye ni se le ve relacionandom aunque sea como hipótesis o conjetura, este virus con los chaimtrails…

  2. Otra cosa…
    Datos de la Universidad de Hamburgo:
    El número de muertes en el mundo en los primeros dos meses de 2020 son:
    2,360: coronavirus
    69,602: resfriado común
    140,584: malaria
    153,696: suicidio
    193,479: accidentes de tráfico
    240,950: pérdida de VIH
    358,471: alcohol
    716,498: tabaco
    1,177,141: Cáncer

    Quienes estamos libres del influjo del poder médico, institucional y mediático nos hacemos las siguientes preguntas:
    1. ¿Es más peligroso este virus que las enfermedades y causas de muerte citadas?
    2. ¿No responderá todo esto a una campaña político-médico- mediática como médium de la guerra comercial entre China y USA
    3-¿No será para preparar la etapa de los mercados financieros de fusiones, adquisiciones y venta de bonos del Tesoro de los Estados Unidos para cubrir el déficit fiscal?
    4. ¿No será un pánico creado por el lobby farmacéutico para vender más productos de su industria, que causará mayores males (enfermedades nerviosas y depresivas, suicidios…) que los que causará inevitablemente este virus, en la mayoría de casos, a personas mayores muy enfermas?
    Estoy seguro de que el autor de este magnífico análisis tiene la respuesta, aunque por falta de pruebas, como nosotros, no la pueda detallar..,

    • Estimado Jaime, me interesan estos datos para tratarlos en otros foros; así te pido por favor el enlace link o referencia donde los puedo copia-pegar para reenviar..me da lo mismo que estén alemán, lo importante es que conste alguna referencia a la citada Universidad de Hamburgo.

      Agradecido por tu aportación.

      Iulen

  3. Buenos días Jaime, muchas gracias por tus aportaciones.
    Respondo a tu segundo comentario porque las estelas químicas del primero quedan lejos de mi forma de pensar.
    Los datos de la Universidad de Hamburgo que detallas son más que significativos acerca de la manipulación informativa que soportamos el común de los mortales de este mundo neoliberal y depredador. Abundo en la misma tesis en el texto publicado hace algunos días en Inciativa Debate, “Pánico, desigualdad o estilo de vida: elija su propia muerte”. La información es poder y capacidad de control social: no descubro nada, vamos por idéntico camino y adoptamos una perspectiva similar.
    Y, por supuesto, la industria farmacéutica tiene interés en “crear” enfermedades “incurables” para que el negocio vaya en aumento, sobre todo en el ámbito inespecífico de los males psíquicos y psicológicos. Lo crucial para la industria de los medicamentos es que el paciente/cliente sienta en todo momento que “algo va mal en su cuerpo y en su mente y que, por tanto, necesita un remedio para recuerar su estado de equilibrio”. Esta sensación difusa de malestar se inculca desde la más tierna infancia.
    Sobre la iatrogénesis de los profesionales de la medicina me remito a un excelente ensayo de Iván Illich, “Némesis médica”. Rotundamente sí: la recurrencia al intervencionismo físico o quirúrgico invasivo y al sobrediagnóstico provoca actos médicos inncesarios e incluso nocivos, con secuelas permanentes en demasiadas ocasiones. Pero a la clase media occidentalizada le han enseñado que puede remodelar su salud a discreción: cada día nace una nueva necesidad de “estar más feliz consigo mismo”. Es el cuento de nunca acabar, jamás somos portadores de una salud aceptable o perfecta.
    No obstante lo dicho, el diseño intencional de virus u otros factores desencadenantes de pandemias o catástrofes artificiales por motivos mercantiles, comerciales, ideológicos, económicos, políticos… no puedo pronunciarme de un modo taxativo. Considero que el quid del asunto estriba en “intencionalidad”. Si hubiera pruebas convincentes o indicios racionales… A veces acudimos a las teorías conspirativas para llegar antes a conclusiones definitivas o casi que estiren los argumentos o razones insuficientes. Dudar aguza la mente inquisitiva y es el principio de pensamientos independientes, críticos y no dogmáticos. Dudar de todo, dudar de uno mismo, dudar de la duda.
    Gracias de nuevo por la finura de tu estilo y por el tono empático, no exento de ironía cómplice, de tus palabras. Invitas a la reflexión pausada.

  4. Muchas gracias por tu atención, Armando…
    Es que pasa una cosa. La edad es indiferente a menos que sea un queso, dicen lis suizos. Pero ni siquiera eso es así. Es cierto que se puede ser un irreflexivo o un necio de joven y de viejo, toda la vida. Pero la distancia temporal sumada a la costumbre a veces asfixiante de reflexionar marca una gran distancia la mayoría de las veces con respecto a otras edad y otras generaciones. No se trata de tener o no razón. Es algo muy diferente que tiene que ver con la vigilia, con el permanecer siempre muy despierto, casi como un niño de los de ahora que todavía no le ha dado al porro o a la birra… En resumen, desconfío mucho, desde la mitad de mi vida, tanto del “experto” como de los que en sus lecciones o arengas se basan en uno o más de ellos, eligiendo además los que a ellos les parece… Y de mucho fiarse de los “expertos” viene el candor, que no es el del niño. De eso viene la merma o la atrofia en estas sociedades, del instinto natural y de la intuición: la suma de instinto y conocimiento pero no precisamente de la índole del conocimiento que tiene el experto. En ambas cualidades humanas, presentes naturalmente en todos pero debilitadas por mil factores, me baso yo. De ahí viene a su vez preguntas, hipótesis, conjeturas… acerca de lo que uno no entiende como la inmensa mayoría arrastrada por la fuerza de subliminal de los poderes. Por eso nunca caeré en la afirmación categórica de nada. Por eso dudo desconfío del poder. Por eso desconfío del experto, sea médico, economista, abogado o científico. Pero eso sí, dudo no con melancolía ni derrotismo, sino todo lo contrario: con entusiasmo. Pues nos pasamos en constantes sesiones de ilusionismo y nada es como parece. Es un eje de mi pensamiento sociológico, quizá asimismo filosófico, que la realidad, ”la verdad”, por definición, por mi definición, no es más que el resultado, siempre, del consenso de unas minorías… No hay más. Un afectuoso saludo, Armando

  5. Julen, siento decepcionarte.
    Eso lo he recogido tal cual, no sé de donde. Pero para mí es igual. Lo mismo que, de la supuesta teoría de Chomsky sobre el puto virus, atribuida a él por un periodista muy comprometido con los derechos humanos, en medio de ésta barahúnda, en este océano de informaciones mezcladas con contra informaciones (no hay más que rastrear Google cualquier asunto), con ocurrencias y con bulos, no reparé en quien la difundía hasta ver pocos minutos después que Redes Cristianas.net la había retirado. Pero me era y me sigue siendo indiferente. Estaba tan bien construida y siendo universalmente sabido que el imperio, ningún imperio, tiene piedad y actúa metódicamente contra el Humanismo, que la asumí como cierta, quizá por el repentino entusiasmo que me produjo dar con la o las claves de lo que está sucediendo porque no lo comprendo, por mucho que todas las naciones occidentales estén embarcadas en la misma nave… del neoliberalismo, eso sí con guirnaldas “socialistas”. Me era y me es indiferente, porque esa es una hipótesis plausible para mí. Y con el paso del tiempo creo que yo más o menos la hubiera concebido…
    En fin, que con los datos de Hamburgo pasa lo mismo. No vale la pena dejarse uno la vista rebuscar datos como los que se enumeran en ese post y contrastarlos luego ¿con qué?, pues lo cierto es que esta pandemia no parece distinguirse de otras gripes y neumonías por su gravedad sino por la facilidad de contagio. Pero en todo caso, la extrañeza surge al pensar que a ningún gobierno le han preocupado nunca los miles y miles de muertos en el mundo, en la India, en África, en Oriente Próximo.. pero tampoco los fallecidos por las causas que se citan en lo supuestamente de Hamburgo, ni por los 15.000 de gripe del año 2018 o de otros miles de otras temporadas.
    Sin embargo, súbitamente se paraliza Occidente, y España y sus televisiones privadas se pasan el día y a todas horas, por su “deber” de informar del periodismo, alarmando al personal y provocando la estampida, al primer estornudo, de miles de hipocondríacos y de mayores, causando a su vez el desastre que se está viviendo. ¿Tiene eso algún sentido. ¿Encaja en la lógica formal?
    Desde luego, “oficialmente”, no sabremos ni medianamente qué ha sucedido hasta qué la documentación de millones de folios se “desclasifique”. Y será, desde luego, cuando yo ya no esté aquí. Y aún así, perdóname el atrevimiento, seguiré dudando de si no será también lo desclasificado otra componenda, otro montaje del poder americano. Un cordial saludo, Julen.

    • http://www.cecies.org/imagenes/edicion_176.pdf

      No te preocupes Jaime, pues el tema ocupa cada vez menos espacio en mi día a día.

      Arriba te dejo el post o link o enlace (no se como se dice) que corresponde a un PDF del libro titulado: «El hombre mediocre» cuyo autor es José Ingenieros….muy recomendable.

      Leyendo la página 146 del capítulo IV: «Psicología de la vejez», estoy seguro que te reafirmarás como la antítesis de lo que describe…pues pienso que convendrás conmigo de que la edad del calendario lo es para el cuerpo con mas o menos lo que cada uno le haya añadido o restado. Que la edad de la mente se la pone uno mismo…..Y la edad del alma…Esta, no tiene edad porque no pertenece al tiempo sino al espacio, y su existencia es el soplo de vida en cada humano que nació de ella…Su continuidad en latido continuo y evolución infinita es la apuesta de vida de cada humano…que elija seguir siendo o….

      Sin más. Un fuerte abrazo y mucho ánimo para seguir siendo como somos..los que estamos.

      Iulen

  6. Gracias Julen. Paso a bajarlo y a leerlo inmediatamente. El propio título es tan sugerente que seguro, si no es muy largo, lo termino en la siesta de hoy. He leído también algunas cosas tuyas publicadas en Gipuzcoa. Estamos hermanados, desde luego en sensibilidad, un factor que tiene mucha importancia, pues a la hora de entenderse, la sensibilidad puentea mil veces más eficazmente la comunicación interpersonal propiamente dicha (y con mayor razón si es escrita) que si no es coincidente. Cuando la sensibilidad es dispar, es inútil razonar. No hay más que prestar atención al parlamento, a todos los parlamentos y sus permanentes sesiones de diálogos de sordos…
    (Tuve un piso en Ondarreta. Sentí mucho luego venderlo porque mi familia no iba por el dichoso miedo a lo que sabes)
    Un abrazo, Julen.

  7. saludos desde Málaga. Luciano medianero morales:

    Esto es parte de mi: Ensayo Perspectivas sociales para el siglo XXI, publicado en lukyrh.
    Sigue vigente estas ideas, eso creo.

    LA HISTORIA POLÍTICA E IDEOLÓGICA QUE ENCARNA ESTAS NOTAS, ES ALGO ASÍ COMO MÁS DE CUARENTA AÑOS DE PENSAMIENTO TEÓRICO. Se podrían plantear más cuestiones de menos importancia, vivencias, existencias, sobrevivencias,…A la vez es preciso teorizar la concatenación, para dar un mensaje y un análisis crítico-constructivo.

    Es toda la Humanidad la que está en peligro. Por ello es toda la Humanidad la que tiene que reaccionar. Estamos en los últimos años del caos. Vivimos en un mundo capitalista, donde los que tienen muchos millones, tienen esclavizada y explotada a la mayoría social. Los gobiernos son los que se encargan de tener a raya a las personas. Los gobiernos son los encargados de preparar los ejércitos y los cuerpos de seguridad que aniquilarán a los ciudadanos.

    Todos los que no se den cuenta de esto, tienen poco tiempo para reflexionar. Todos los que apoyan al Sistema y sólo les ponen algunas pegas, son unos ilusos, si no quieren darse cuenta, al menos que no colaboren con los gobiernos y no distorsionen los pensamientos de la Población.

    Ante la evidencia de lo que pretenden los capitalistas dirigidos por Bush, Blair, Putin y otros, la Sociedad Mundial debe de tomar conciencia colectiva y ponerse a la tarea de protegerse. Debe organizar fuerzas para oponerse a sus planes e intentar derrotarlos al final.

    Derrotarlos significa acabar con los males de la Humanidad. Significa construir una Nueva Sociedad: sin ejércitos, sin guerras, sin fronteras, sin estados represivos, sin miserias ni opresión de ningún tipo. Una Sociedad Libre de las trabas ideológicas que han existido en el pasado y que aún muchas perduran en el presente. Una Sociedad Libre de los dogmas promulgados por todas las corrientes de pensamientos y acciones, tanto de los liberales burgueses, como de los revolucionarios proletarios y populares: anarcos, marxistas, maoístas,…ya que tanto unos como otros están anclados en el pasado y no han revolucionado los conceptos y las ideas, – eso si, unos más que otros -; ( algunas ideas nuevas, representadas por los » solidarios «, concretados en el Movimiento Antiglobalización, tampoco son viables ni positivas, ya que no han roto el techo del democratísmo formal y su línea dominante está controlada por el Vaticano, otras iglesias, y como tal por fracciones imperialistas » dialogantes «, – la izquierda institucional – ). Los últimos actúan traumatizados, con pensamientos más que oxidados y ya hoy en día no dan soluciones correctas a los grandes y graves problemas que tiene planteada la Humanidad. Dar una línea fresca, revolucionaria y una crítica constructiva, es una de las tareas principales para la revolución mundial. Los primeros, los liberales burgueses modernos, están más que antigüados, son los grandes opresores y exterminadores de la Sociedad.

    La Sociedad, nosotros, todos nosotros, debemos organizar las fuerzas suficientes para dejar en la estacada a este sistema mundial capiimperialista. La O.T.A.N. y sus ejércitos aliados deben ser disueltos e inutilizados; en realidad casi reconvertidos, ya que podrían servir y ser útil socialmente, ( como aparatos sociales, para catástrofes,…) con control ciudadano internacional. Tenemos que levantar la cabeza y dejar de ser esclavos, tenemos que decir que ya basta con sus métodos y sus políticas policiales. Debemos decir y conseguir la erradicación de las miserias, enfermedades programadas y las represiones contra las mujeres, los niños, los mayores, y los oprimidos en general. La Sociedad debe decir basta ya a la destrucción de la naturaleza y al medio ambiente, a la contaminación, al derrochismo, al consumismo, a la opulencia, a los lujos, a la suntuosidad, de los poderosos, de los ricachones, de los políticos corruptos y de los ineptos.

    Organicen la resistencia, desborden a la Sociedad y Poder capitalista, ésta es la única solución para la Humanidad, para que en realidad pueda tener algún futuro. Hoy más que nunca se está cumpliendo las palabras de muchos revolucionarios, que planteaban de que si no se acababa con el capitalismo acabaríamos en la más de terrible de las barbaries; terminando con la frase: Comunismo o Barbarie. Sí, se está cumpliendo todo lo que dijeron; pero como estamos a más de un siglo de esas palabras, hoy digo yo: O Comunismo Integral Total, o destrucción total de la Humanidad. Por esto la cuestión no es solo tomar el poder, por tomarlo, es una necesidad crucial para el futuro de la Humanidad.

    Este libro va dedicado a la Población en general, a los políticos, a los que pasan de política y a los que están organizados en sindicatos, partidos políticos, colectivos sociales y otros movimientos populares y antiglobalizadores. Va dirigido a los militantes sociales que actúan con buena fe; también a los dirigentes sociales y políticos que actúan en la sombra, los cuales creo que manipulan el noble sentimiento de muchos jóvenes que dedican gran parte de su tiempo y de sus reflexiones para conseguir una sociedad más justa y más libre. Aunque las formas prácticas de luchas en común, -presupone y debe ejercerse, -es la unidad y crítica; incluso en momentos determinados, una lucha agria, fuerte crítica con carácter, y ciertos correctivos; la política de liberación social no es el Evangelio, ni algo celestial. Los idealismos no pintan nada en esta época histórica para el futuro de la Humanidad. Las valoraciones, las correcciones, las autocríticas, las responsabilidades y corresponsabilidades, están a la orden del día; el nuevo liberalismo social, de una gran parte de la sociedad que dice querer transformar el Mundo, es una parte del porque no funcionan las tácticas y no se consigue desarrollos y aumento de claridad práctica y discursiva.

    Es un libro dedicado a los oprimidos, a los explotados y luchadores de los pueblos periféricos, ya que son las reservas sociales del futuro, son los que realmente transformarán esta podrida e hipócrita sociedad occidental imperialista y Otanista. Es un libro de textos,artículos, folletos, que intenta ser un todo, pero no está bien hilvanado. El lector o lectora tendrá que hacerlo, este será su trabajo reflexivo y comprensivo.

    Este ensayo está » terminado » desde 2.002. Se intentó que lo publicara la Diputación de Málaga; en aquellas fechas gobernada por P.S.O.E., I.U., y P.A. Los responsables de reproducciones ( I.U.) dijeron que en aquellos momentos no tenía ningún interés social dicho ensayo. A la vez se mandó a la editorial Icaria de Cataluña, tampoco lo quisieron publicar, aunque declararon que el tema les parecía interesante, y que quizás sería posible editarlo en otros momentos. Pasó el tiempo, y en el mismo, algunas cosas se publicaron por iniciativa propia. En esta ocasión, lo divulgo en este blog de mi creación, en 2.013.

    CAPITULO PRIMERO

    » Todo con todo, las ideas y la vida »

    Como decíamos, es una teoría, intenta ser este ensayo una Teoría del comunismo Integral y total. Es para toda la humanidad. Sólo una Élite financiera y militarizada mundial e internacional es dueña del poder capitalista-imperialista globalizado. Sólo dos potencias Estados Unidos de Norte América (USA) y Reino Unido de Gran Bretaña (G.B.) dominan el Planeta. Sólo unos 30 millones de soldados y policías en todo el Mundo componen la Guardia Pretoriana del Todocapitalismo. Se podría decir a nivel de imperialismo, clase social y sectores que lo componen, que la mayor parte de los que mandan en el Capiimperialismo ( sistema de poder y entrelazamiento interestatal mundial ) son estadounidenses. Que el estado USA es el más potente y hegemónico, y que en USA hay capitales de todas las partes del Mundo, y que en todas las partes del Mundo hay capital norteamericano, estadounidense. USA es el que está imponiendo orden a su manera en el Planeta; como ayuda a otros burgueses, pues se lo cobran bien, arrasa con todo lo que hay sobre la mesa, se queda con las plusvalías, los recursos y no los colonizan con americanos yanquis, porque no les hace falta.

    Hay que dar un salto cualitativo en las bases y pilares de la Sociedad Capitalista. Nos basamos sobremanera en lo económico, de cómo está la economía y los agentes sociales de la producción en la producción; en la relación trabajador y empresario. Hay que fijarse más en cómo está lo político; las relaciones de las distintas clases sociales, como están actuando cada una, cuáles son las inquietudes y las posiciones espirituales de los diversos sectores populares, y de las clases sociales determinantes; de cómo actúan y se comportan ante el aparato estatal, ante los aparatos internacionales, los proyectos del imperialismo. En este sentido hay que dedicarse al desarrollo de la teoría política económica. Hay que centrarse en la caída y desprestigio de los valores occidentales, en la caída y desmotivación para seguir dominando por parte de las grandes potencias. En este sentido hay que estimular a las poblaciones obreras y populares a seguir preparando la Sociedad del Futuro. Hay que seguir presionando a los gobiernos imperialistas, pero construyendo bases populares, redes sociales anticapitalistas, redes políticas de revolucionarios pegados a las masas populares anticapitalistas. Las sociedades en Occidente están harta del estrés, de las prisas en los horarios, de las normas y obligaciones impuestas, de los embotellamientos circulatorios, de los miedos ante las crisis económicas y de las guerras, de las sirenas de las policías, de los despidos, de las depresiones, de los traumas para acceder a las universidades e institutos, y del caos caótico de los programas formativos y normas de funcionamientos en los centros educativos; incluso del divorcio entre teoría y práctica y clase trabajadora que crea las riquezas y estudiantes y profesores y funcionarios que se benefician del asunto, y esto crea un problema político en la Sociedad; de los problemas de no tener una vivienda y sin embargo hay miles y millones sin usar esperando las rentas y la especulación.

    La realidad vorágine del capital financiero internacional, tiene que emplear políticas económicas agresivas que le crea problemas con los sectores populares llamados clases medias, ya que con las crisis las concentraciones y centralizaciones del capital, del poder político y económico, las Élites se ven con la fuerza y necesidad de expoliar a esos sectores. Argentina y otros países tanto de Europa, Asia, África están viviendo esa problemática. ( Así se rebelan estos sectores de clase media junto a proletarios, campesinos, artesanos y autónomos, o sea, el gran pueblo, la humanidad se rebela contra las políticas de las Élites financieras globalizadoras, contra el poder de las potencias imperialistas, tanto europeas, como norteamericanas, como japonesas. y contra las Oligarquías locales y nacionales de los países periféricos, que son aliadas y están subordinadas a esa Élite internacional de las grandes Multicorporaciones ).

    El desarrollo histórico de la Teoría de la Revolución Socialista, sus tendencias y la Construcción del Comunismo, es el asunto principal que quiere abordar este Ensayo, y es la tarea con más déficit que existe. Es una gran tarea, que a la vez, es muy necesaria. Esto es un trabajo que debe ser lo más colectivo posible, llevado por revolucionarios y personas del pueblo, de los sectores obreros que siempre han tenido y tienen hoy en día algo que decir. Hay que hablar con el Pueblo, aprender del pueblo y avanzar colectivamente. La Teoría del comunismo integral y total, es una tarea, es un reto, que aquí se esboza, sabiendo de antemano de que no está bien expuesta, aunque sí creo que el espíritu y el objeto queda bien reflejado…

  8. No es raro que haya polémica con las pymes y los autónomos, sobre todo para los que tenemos algún autónomo en la familia, pero es un alivio que por lo menos el Consejo de ministros autorice moratorias de los seguros sociales, porque tiene coj….nes que de los 200000 millones para las Pymes y los autónomos de los cuales son 120000 de las arcas públicas y 80000 de financiación privada, a la hora de la verdad los 120000 millones solamente son avales para este sector que lo pida, pero todos ellos no podrán acogerse a estos avales porque según el Real Decreto no tienen que tener ninguna deuda con el Estado, pero todos ellos suelen tenerlas, por ejemplo, los seguros sociales, que bien que se encarga el gobierno cuando los cobra de aumentar un 20% la moratoria. Sin embargo a la hora de pedir las pymes y autónomos al banco los créditos al 0% para mantener la actividad económica no pueden acogerse porque no cumplen los requisitos del Real Decreto porque tienen moratorias, sin que se tenga en cuenta que este sector aunque no pagaron sus impuestos en la fecha lo pagan después con el 20℅ de la moratoria, por lo cual salen perjudicados doblemente porque no solamente tienen que pagar el Iva por los servicios realizados que no les han pagado sus clientes, por eso la moratoria, sino que tampoco ahora el gobierno tiene en cuenta esta reivindicación histórica del sector a la hora de acceder a los avales públicos para mantener su actividad empresarial, por lo cual a mi juicio las grandes empresas van a ser las beneficiadas de estos avales; en resumidas cuentas que es un alivio la moratoria de los seguros sociales pero no es la solución porque habrá que pagar después sin facturar porque no pueden trabajar.

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